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¿Qué es eso de la verosimilitud en la novela? Sabemos que muchas de las historias que leemos son un puro invento; que, si las escribimos, se trata de que el lector se abstraiga y nos conceda crédito como para imbuirse de lo que le contamos.

Aun así, ¿debe tener fundamento de verdad la obra literaria? En realidad, ¿qué significa verosimilitud?

Estarás conmigo en que el objetivo es comunicar un mensaje; eso sí: ese mensaje no tiene por qué ser verdadero. Los acontecimientos que se narran no han tenido que transcurrir ni en el tiempo ni en la forma en que se relatan.

¿De qué depende que algo sea verosímil?, ¿de quién?

Verosimilitud es apariencia de verdad. No se trata de imitar la realidad de manera fiel. Una historia puede ser verosímil sin ser realista y hay hechos reales que resultan del todo inverosímiles. Clic para tuitear

Por partes, ya sabes, que hace mucho que no menciono al amigo Jack.

Un concepto llamado verosimilitud

Cuando hablamos de verosimilitud estamos refiriéndonos a percibir que una historia o una situación es real o verdadera. Es así con independencia de que sea una invención, una ficción completa o de que comparta aspectos reales.

Lo verosímil es una sensación. Denominamos así a algo que nos resulta creíble, bien se trate de novela, de cuento o de relato.

Dicho de otro modo: sea o no real la historia, debe contener esa cualidad realista, convincente.

¿Cómo se logra la verosimilitud en la novela?

Esto de percibir que algo es verosímil no se da porque los hechos se planteen de forma inamovible. En la novela, la verosimilitud no es algo estático, sino algo que se construye a partir del llamado sujeto de la enunciación.

El sujeto de la enunciación se preocupa, fundamentalmente, por atribuirle al texto valores reales, a fin de que el lector lo acepte como tal. Debe hacerlo de tal modo que comunique una serie de hechos que, sin necesidad de ser verdaderos, le hagan creer que lo son.

En definitiva, se trata de que el lector se trague la mentira. Para ser menos bruta, lo diré de este otro modo: que una historia sea verosímil hace que el lector se interese por hechos que no han pasado. Que no tienen por qué haber pasado.

Para ello, ese sujeto debe dotar a lo que cuenta de la apariencia de verdadero. Es la posición que adopta quien habla, que no es el autor, sino quien se hace cargo del texto. Se hace cargo del texto cada personaje que toma el relevo.

Por ejemplo, en Don Quijote, los dos narradores, Cide Hamente Benengeli y la voz anónima por la que va discurriendo el lector son dos tipos de sujetos de la enunciación distintos.

Ese sujeto es esencial para comprender cómo se le dota de sentido al lenguaje literario. Es la posición desde la que alguien dice algo, sea el narrador o cualquier otro personaje.

La verosimilitud no sirve igual a todos los géneros

Cada género tiene unas reglas de verosimilitud que le son propias.

Por ejemplo, no se espera lo mismo de una novela policíaca que de una de ciencia ficción o feelgood. Tampoco se espera lo mismo de una que se enfoque en lo contemporáneo o de una deseográfica.

En el caso de la novela policíaca o de ciencia ficción: el universo que compone cada tipo de historias se muestra como necesario e inevitable.

En el caso de la novela contemporánea o de la deseográfica: se enmascara lo real para hacer creer al lector que lo es (y que contiene sus propias leyes internas).

Ya te veo con la pregunta en los labios:

«—Entonces, ¿si lo que se narra es real, también en ese caso debe atenderse a las leyes de lo verosímil?».

Pues sí. También. La verosimilitud es un recurso literario que nos permite adentrarnos en mundos imaginarios sin perder la conexión con lo real.

En rigor, tu memoria ni siquiera recuerda hechos reales, sino retazos pasados por el tamiz de tu experiencia particular. Pregunta a tus hermanos, por ejemplo, y verás que no recuerdan las mismas cosas que tú ni que transcurrieran tal como tú las recuerdas.

Ten en cuenta, además, esto: desde el momento en que conviertes algo que recuerdas en un hecho literario, tú mismo y los personajes que incluyes os volvéis entes ficcionales.

Aspectos para lograr la verosimilitud en la novela

Podemos decir que, en general, una buena novela es aquella que cautiva al lector, aunque esto habría que matizarlo mucho. Por un lado, hay novelas excelentes que no logran acceder a ese público que se sentiría cautivado por ellas; por otro, hay novelas que, de forma inexplicable logran esa hazaña, aun cuando su calidad sea más que dudosa.

La verosimilitud en la novela

Nos la creemos. El suspense psicológico está garantizado.

Pero pasaré de lado por ese jardín, que me aparta mucho de lo que vengo a contar.

Acordemos que, aunque los gustos varían, hay una serie de factores que contribuyen a que una novela sea de calidad y sea, además, verosímil.

11 factores relevantes

A saber:

  1. Personajes memorables con motivaciones, conflictos internos y cambios a lo largo de la historia. Solo así, el lector sentirá empatía o interés por ellos. Personajes de verdad, no títeres.
  2. Trama intrigante, con giros inesperados, conflictos bien desarrollados y sorpresas.
  3. Estilo y voz que el autor presta a sus personajes. El lenguaje debe ser atractivo, evocador, en consonancia con la historia y con el tiempo en que se narra.
  4. Ambientación y escenarios, con descripciones evocadoras de los lugares y atmósferas que envuelven y proporcionan contexto a la historia.

Anécdota: recuerdo haber leído hace tiempo una novela que no la tenía, una novela sin atmósfera. Me espantó aquella cosa, plana como el encefalograma de un muerto. Nunca hubiera imaginado hasta qué punto la atmósfera es un elemento imprescindible para el placer de adentrarse en lo que cuenta.

  1. Diálogos naturales, realistas, que hagan avanzar la trama y las subtramas. Conste que realista no significa con cada pelo y cada señal y cada interrupción y cada silencio y cada suspiro como pueblan los de verdad. No aburras al lector con obviedades.
  2. Emociones y eco: el lector debe sentir que la lectura le deja huella.
  3. Estructura sólida, que se deriva de una organización lógica y de capítulos bien construidos.
  4. Buen ritmo: es la melodía que vertebra la novela y que se logra con la alternancia en la longitud de las frases y en función de lo que acontece.
  5. Temas universales que susciten alegría, tristeza, frustración, miedo, amor, solidaridad, satisfacción íntima, alivio, forcejeos…
  6. Puntos de vista originales, frescos, inusuales. Para eso, conviene haber construido una mirada propia, un determinado prisma desde el que observar la realidad.
  7. Mensaje: de la novela debe desprenderse una reflexión sobre la vida, la condición humana o la sociedad.

5 aspectos ligados a la verosimilitud

¿Y cómo dirías que se induce esa sensación de que una invención —no otra cosa es una novela— resulte creíble?

Te lo diré: está intrínsecamente ligada a los personajes que componen la historia. Respecto de los personajes cabe decir que deben diseñarse con arreglo a estos criterios:

  1. Coherencia interna. Dentro del mundo en el que se insertan, sus acciones, motivaciones, formas de ser y decisiones deben estar en línea con la evolución que sufrirán.
  2. Psicología creíble y realista: el lector debe poder comprender el porqué de sus acciones y reacciones. Todo lo que haga debe tener un fundamento que entienda.
  3. Contexto: también aquí se juega la verosimilitud. Las normas sociales, culturales y temporales del mundo en el que viven los personajes condicionarán sus acciones. Un personaje medieval no medirá el tiempo igual que uno contemporáneo, por ejemplo, ni vestirá las mismas prendas ni denominará de igual modo a todas.
  4. Evolución: el desarrollo que experimenten debe ser gradual y sus cambios deben estar motivados por las experiencias que vivan. Un personaje tímido que, de pronto, se vuelva audaz no será verosímil.
  5. Relaciones interpersonales: tanto diálogos como conflictos y alianzas deben reflejar las dinámicas humanas reales. Lo único que debe quedar fuera es todo lo que sea obvio o que el lector pueda extraer por su propia capacidad de deducir.

Tomando esto en cuenta, la obra tiene muchas posibilidades de superar el algodón de la verosimilitud. Además, adquirirá profundidad y se convertirá en una experiencia enriquecedora para quien se adentre en ella.

Pero ¿puede ser buena una novela si falla en la verosimilitud?

En corto: sí. La calidad literaria no se limita a la verosimilitud.

Aunque pueda parecer lo contrario, la verosimilitud no es imprescindible para que una novela sea buena. Es importante, pero existen otras dimensiones que influyen en la calidad de una obra.

¿De qué depende, entonces?

Depende de la habilidad del autor para transmitir ideas, emociones y reflexiones de manera significativa, con independencia de lo real o irreal que parezca la historia.

Por ejemplo, Gabriel García Márquez o Franz Kafka crearon mundos surrealistas y fantásticos que desafiaron las normas de lo que llamamos real, verosímil. Sin embargo, son obras que invitan a cuestionar lo establecido y a explorar lo inexplicable (la alienación, la incomunicación…) y que desafían la realidad convencional.

El estilo y la voz del autor pueden compensar también la falta de verosimilitud. No hay más que leer a Borges en El Aleph para comprobarlo. De hecho, los mundos fantásticos, los del realismo mágico o los de la ciencia ficción se basan en premisas inverosímiles. En estos casos, la verosimilitud se redefine dentro de las reglas del juego.

Hay obras de corte intimista que expresan sentimientos y experiencias humanas, aunque contengan elementos no realistas. Por ejemplo, Marafariña, de Juan José Millás, o Juegos de la edad tardía, de Luis Landero.

5 aspectos que se cargan la verosimilitud en la novela

Pero si tu pretensión es convencer al lector de que esos personajes son auténticos, tanto como lo que les pasa…, puedes pasarte de frenada.

¿Por qué?

  1. Previsibilidad, monotonía.

Porque si una obra sigue de forma escrupulosa las normas de la realidad y patrones predecibles, es fácil que se vuelva predecible, aburrida, simplona.

  1. Falta de elementos simbólicos.

La literatura refleja la realidad, aunque acomodada a otros parámetros. Lo que hace, además, es trascender esa realidad para transmitir significados más profundos. Si todo es demasiado realista, se pierde magia y no evoca emociones que vayan más allá de lo obvio.

  1. Ausencia de lo inesperado.

Si faltan giros, coincidencias y momentos sorpresivos, la trama se vuelve previsible. Lo que se hace en la novela es acortar los tiempos reales en que ese tipo de eventos suceden en la vida ordinaria.

  1. Estructura rígida.

A veces, la belleza de lo literario radica en su capacidad para desafiar las reglas y explorar lo inusual. Conviene poner atención y que tanto personajes como eventos no estén demasiado atados a las leyes de la realidad.

  1. Inexistencia de intriga, de misterio.

Los detalles son importantes en toda obra literaria, pero un exceso puede privarla de su enigma. Conviene dosificar aquello que se omite para que el lector reflexione y se mantenga activo en la interpretación de lo que lee.

Propina 1

Grábate bien todo eso que no juega en una historia que pretenda ser creíble.

Si se descuidan estos aspectos, la verosimilitud puede acabar saltando por la ventana. Es clave equilibrarla con sorpresas, evocaciones, detalles balanceados. Las figuras literarias ofrecen una ayuda inestimable en este sentido: metáfora, comparación, repetición, anáfora, ciertos juegos de palabras…

Propina 2

En definitiva: verosimilitud es apariencia de verdad de algo que no lo es (o que no lo es en rigor).

Es lo que se dice de una historia, por más ficcional y más increíble que sea, cuando el grado de congruencia entre los distintos elementos que la componen es sólido, congruente.

Si no te ha quedado claro cuáles son esos 11 factores relevantes que he mencionado, haz clic aquí.

 

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