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La disyuntiva entre el uso de cursiva o comillas se resuelve rápido: nunca han de ir las dos a la vez; es decir, juntas, no.

A veces, te las encuentras, ¿verdad?, hasta en textos periodísticos. Tampoco estos profesionales están libres de incurrir en desatinos (no hay más que leer la prensa a diario).

Y te preguntarás por qué pasa esto o por qué no deben ir juntas ambas formas de marcar una frase o un párrafo.

En corto: porque es como añadirle sal al agua de mar o azúcar a la miel.

El uso combinado de cursivas y comillas, como dice la Fundéu, «es redundante», «ambos recursos desempeñan la misma función».

Antes de seguir, una nota: escribo sobre este asunto a petición expresa de uno de vosotros, amables suscriptores, que tantas alegrías me dais. (Si no te has suscrito aún a mi blog y lo tuyo es escribir, haz el favor: https://marianruiz.com/).

Entremos en las especificaciones:

Para qué se emplea la cursiva

Cuando se quiere citar el título de una obra creativa: una película, un libro, un cuento, un ensayo (aunque se trate de un formato PDF), una escultura, una exposición, una obra de teatro o una pieza musical se utiliza la cursiva. Incluso los títulos de conferencias se destacan así.

Vayan unos cuantos ejemplos:

  • El padrino es una película muy famosa.
  • Gabriel García Márquez es el afamado escritor de obras como El coronel no tiene quien le escriba y Crónica de una muerte anunciada, y del reportaje Relato de un náufrago, narrado en forma novelada.
  • La película La sociedad de la nieve se estrenó en diciembre de 2023.
  • El concurso Saber y ganar empezó a emitirse en 1997.
  • La maldición de Hill House es una miniserie muy celebrada por el público.
  • Me encantan los documentales de La carrera de la vida.
  • La última obra de teatro que vi llevaba por título We Will Rock You, como la canción de Queen.
  • El hada de las montañas es un cuentacuentos que le encanta a mi sobrino.
  • Uno de mis cuadros favoritos es el Autorretrato, de Durero, aunque me he emocionado contemplando el expresionismo abstracto de Rothko.
  • No puedo expresar la emoción que sentí al contemplar en el Vaticano La Piedad, de Miguel Ángel.
  • Su favorita es la Sinfonía en La mayor, op. 92, de Beethoven.
  • ¿Sabes que vi en Manchester una representación de La casa de Bernarda Alba?

Más usos de la cursiva

La función de la cursiva es facilitar la lectura y evitar ambigüedades.

Compara:

*Le gustó La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y recordó el barrilito del abuelo en el garaje.

Cuesta entender dónde está el título de la obra a la que me refiero, ¿verdad? Mira esto otro:

Le gustó La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y recordó el barrilito del abuelo en el garaje.

Mejor este segundo caso, ¿no?

Para enfatizar, cursiva

Siempre que quieras acentuar o destacar algún término, sírvete de la cursiva:

En el argot cheli, a las pesetas las llamaban calandrias.

En el habla informal, se ha instalado llamar pasta al dinero.

Oirás y, más aún, leerás in media res, cuando la expresión correcta es in medias res.

A él le gusta mucho decir eso de adonde fueres haz lo que vieres.

Para destacar un término desviado de su significado habitual, cursiva

Puede ser una ironía, un término que se desea matizar u otro mal escrito.

La he visto muy guapa; en realidad, demasiado guapa.

La peña insiste en que cocreta aparece en el diccionario.

Pues sí, te ha quedado niquelao.

Es una recomendación, no una norma como tal.

¡Calla, que eres una dramas!

En términos que se usan para hablar de lenguaje, cursiva

La metalingüística es una de las funciones del lenguaje y sirve para explicar aspectos relativos al propio lenguaje. En esos casos en que nombramos elementos del código lingüístico, utilizamos la cursiva:

El lingüista R. Jakobson fue el creador de un estudio de referencia en el que se describen los elementos que intervienen en la comunicación: emisor, receptor, canal, código…

A menudo, se abusa del verbo realizar, como si no hubiera otros verbos más precisos para multitud de casos: hacer, llevar a cabo, ejecutar, plantear, efectuar, materializar, componer, confeccionar, desarrollar, construir…

En expresiones y términos extranjeros no adaptados, también cursiva

Hay extranjerismos que manejamos con notable familiaridad. Es el caso de whisky, pizza, software, blues, jazz, heavy, marketing, affaire, prêt-à-porter. Incluso ballet, baquette o feedback.

Si te fijas, hasta mantienen la pronunciación original (cosa que no pasa con fútbol —futbol, en muchos lugares de Hispanoamérica—, pádel o champán, ni con otros muchos adaptados ya al español y de las más diversas procedencias).

Quizá te preguntes por qué seguimos destacándolos en cursiva cuando son términos que en absoluto nos son extraños.

El Diccionario panhispánico de dudas es claro al respecto: «para señalar su carácter ajeno a la ortografía del español, hecho que explica que su pronunciación no se corresponde con su forma escrita.

La misma recomendación sirve para palabras de los idiomas cooficiales (euskera, gallego y catalán; incluso para los modismos regionales) cuando escribimos en español. Y viceversa: si escribes en cualesquiera de ellos e insertas términos en español, ponlos en cursiva.

No es cierto que el lehendakari haya inaugurado un nuevo museo en Bilbao.

Ella, al despedirse, le tomó del cuello y le dio un bico.

Se cruzaron y se saludaron con un sonoro petó.

Gazteleraz, izquierda hitza ezkerra esateko erabiltzen da. (En castellano se utiliza la palabra izquierda para decir ezkerra).

Si dudas entre cursiva o comillas, en estos casos, comillas

Como ya me referí en este artículo sobre las comillas de seguimiento a los tipos de comillas que existen —y cómo se utilizan—, no me repetiré.

¿En qué casos servirán entonces las comillas?

a) Siempre que se quiera destacar algo que dijo alguien de forma literal. Es decir, cuando dentro de un texto que escribas tú quieras mencionar lo que otra persona dijo, cíñelo entre comillas.

No me refiero a un parafraseo, sino a una frase dicha por alguien ajeno a ti.

Discutíamos acerca de la bondad de la práctica meditativa cuando a Jorge le dio por ponerse filosófico. Arturo se echó a reír.

—¿Qué aire te ha dado a ti? —le preguntó.

Pero Jorge, todo solemne, le respondió:

—¿Sabes qué dijo Aristóteles? «Cuanto más se desarrolla nuestra facultad de contemplar, más se desarrollan nuestras capacidades de felicidad». Lo en su Ética nicomáquea y, desde que viví aquello, estoy convencido de que es verdad.

Es el mismo caso si, dentro de un texto narrativo, habla un personaje (puede ser la voz narrativa) e introduce algo dicho, punto por punto, por otro.

Eran las once de la noche cuando Malena, en medio del parque, oyó que alguien le chistaba. Decía «sssh…; te equivocas». Se giró. No vio a nadie. A pocos metros de ella, un gato corría asustado y ni siquiera había un tronco raquítico tras el que pudiera esconderse alguien.

—No te creo. A esas horas, en medio de un descampado. Tú deliras…

—Te lo juro. No soy aprensiva. Y encontrarme con Julio me había puesto de muy buen humor. Pero la voz fue muy clara: «sssh; te equivocas», decía.

b) En títulos de partes que conforman una publicación que las engloba. A veces, tendrás que citar una saga como los Episodios nacionales, de Galdós que, como ves, va en cursiva.

En cambio, no deben ir así los títulos que incluye la saga, que irán entre comillas: «Bailén», «Trafalgar», «La batalla de los Arapiles»…

Sirve la misma indicación para otros casos en que necesites citar partes de una obra. Es el caso de que tuvieras que mencionar los títulos de los capítulos de un libro.

Algunos de los capítulos que contiene Las claves de la argumentación, de Anthony Weston, son «Argumentos por analogía», «Argumentos sobre causas», «Fuentes» y «Argumentos deductivos».

Y se aplica a títulos de artículos, reportajes y noticias que formen parte de una publicación periódica:

En la revista Babelia, de El País, encuentras distintas secciones como «El boletín de Babelia», «El correo del arte», «Opinión», «Críticas», «En pocas palabras», un resumen de «Últimas portadas» y, por último, una titulada «Lo más visto».

c) Si se cita una frase o una palabra específica dentro de una obra creativa.

En tal caso, no tengas duda: comillas.

Recordarás que, en la película El padrino, el personaje de Michael Corleone dice: «Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar».

También se cierra entre comillas cualquier otra cita literal en el hilo del discurso:

Como te dije ayer, ni siquiera se despidió. Lo último que dijo fue «insiste cuanto quieras, pero yo no lo veo igual».

En este artículo me referí de forma específica a las citas textuales.

d) Si en medio de la cita debe ir un inciso.

De ser así, no necesitas cerrar y volver a abrir comillas. Las abres al inicio, introduces entre rayas parentéticas lo que quieres intercalar y cierras comillas solo al final de la cita:

«Las especificaciones decían —así me lo contaron— que convenía ser prudente con las dosis y, antes, hacer pruebas de tolerancia —hasta el que defendía que era un producto inocuo estuvo de acuerdo—, puesto que cada organismo es un mundo».

e) Cuando se citan los pensamientos de varios autores y la suma ocupa varios párrafos.

Abre comillas solo al principio y emplea para el resto de las citas comillas de seguimiento.

En la obra Diez sabios aconsejan, de Óscar Bautista y Nuria Ferreira, se dice lo siguiente respecto al anhelo de poder:

«(…) cuando es inferior, la gente se enrola en una lucha a fin de poder llegar a ser igual, y cuando es igual, a fin de llegar a ser superior (Aristóteles, Política, 302 a, 42-44).

»Si se busca el poder a causa de la gloria, exclúyase el crimen en el que no hay un ápice de gloria (Cicerón, Sobre los saberes, Libro III, 87).

»¿Qué debería suponerse de un ministro que acepta servir a un príncipe —una nota al pie índica que debe extrapolarse ese término al del actual gobernante— indigno, renunciando para ellos a sus justos principios? (Confucio citado por Yáñez, 2002, 177)

»Hay muchos que se ven forzados a estar aferrados a la altura en que se hallan, por no poder bajar de ella si no es cayendo (Séneca, De la tranquilidad del ánimo, Cap. X, 112)».

f) Fórmula alternativa a la opción anterior.

Las citas se destacan en párrafo sangrado y en un cuerpo menor que el resto. Hoy día se prefiere hacerlo así; de este modo, no se necesitan comillas. Como ves, el párrafo citado queda sangrado y se reproduce en un cuerpo menor que el resto (1 pt menor):

En la obra Diez sabios aconsejan, de Óscar Bautista y Nuria Ferreira, se dice lo siguiente respecto al anhelo de poder:

(…) cuando es inferior, la gente se enrola en una lucha a fin de poder llegar a ser igual, y cuando es igual, a fin de llegar a ser superior (Aristóteles, Política, 302 a, 42-44).

Si se busca el poder a causa de la gloria, exclúyase el crimen en el que no hay un ápice de gloria (Cicerón, Sobre los saberes, Libro III, 87).

¿Qué debería suponerse de un ministro que acepta servir a un príncipe —una nota al pie índica que debe extrapolarse ese término al del actual gobernante— indigno, renunciando para ellos a sus justos principios? (Confucio citado por Yáñez, 2002, 177).

Hay muchos que se ven forzados a estar aferrados a la altura en que se hallan, por no poder bajar de ella si no es cayendo (Séneca, De la tranquilidad del ánimo, Cap. X, 112).

Propina 1

Decía que para destacar un término que se desvía de su sentido habitual se usa la cursiva, pero hay quien emplea comillas.

Pero ¿por qué no es tan recomendable esta opción?

Imagina que dices:

«Érase un hombre a una nariz pegado» es un soneto de Quevedo cuyo presumible destinatario fue Góngora. Sin duda, un poema satírico donde los haya y, de cualquier modo, dedicado a un narigudo al que se pretende ofender. El poema en cuestión habla de «naricísimo», de «nariz superlativa».

Ya te habrás dado cuenta: si pusieras entre comillas narigudo, estarías dando a entender que es una expresión del propio poema, cuando no es así. Del propio poema son, en cambio, esos otros términos entrecomillados: «naricísimo» y «nariz superlativa».

Propina 2

Si necesitas aludir a un término que va junto a otros destacados en cursiva (función metalingüística del lenguaje), lo recomendable son las comillas simples:

Las gárgolas de la catedral de la catedral de León son asombrosas. Por cierto, el término ‘gárgola’ procede de un antiguo término francés gargouille, que se deriva, a su vez, de gargouiller: producir un ruido semejante al de un líquido en un tubo.

En esos casos, la palabra o conjunto de palabras que van entre comillas simples tienen valor conceptual.

Sirvan también estos otros ejemplos:

«Un verbo no tiene género. ‘Cantamos’ es un verbo. ‘Cantamos’ no tiene género» es un silogismo lingüístico.

Se refirió al ‘tu’ como adjetivo posesivo, no al ‘tú’ como pronombre personal, que ese sí lleva tilde.

‘Cazar’, con zeta, tiene un significado muy distinto al de ‘casar’, con ese. 

Antes también he aludido a la función metalingüística y te decía que para nombrar términos relativos al lenguaje se prefiere la cursiva. También se utilizan las comillas simples cuando los textos van sobrecargados de cursivas y se desea hacer hincapié en cierto término concreto. Así lo especifica Martínez de Sousa en su Ortografía y ortotipografía del español actual.  

Propina 3

Un caso especial en el que puedes optar tanto cursiva como por comillas es el de los alias y apodos: como norma general, se escriben en redonda. Ahora bien, cuando va el apodo en lugar del nombre de pila o el apodo se sitúa entre el nombre y el apellido, puede resaltarse indistintamente con comillas o cursiva. 

Entre los ejemplos de la Fundéu, puedes ver estos que siguen: Ernesto “Che” Guevara, Ricardo “el Tigre” Gareca, Antonio Huracán Pérez, el Chapo Guzmán, “Kun” Agüero.

El Che Guevara era muchas cosas además de guerrillero. Era médico, escritor, periodista.

O bien, si el apodo se inserta entre nombre y apellido, así:

Ernesto «Che» Guevara fue un ideólogo de la Revolución cubana.

Ernesto Che Guevara era de origen argentino y se nacionalizó cubano.

Y si las preposiciones a o de preceden a un apodo que lleva artículo, este se contrae, de manera que queda así:

El caso del Alemán fue muy sonado y no solo porque no era alemán, sino porque nunca había salido de la aldea.

Después de aquello, al Alemán lo ingresaron en un centro penitenciario.

Y no: *El caso de «El Alemán» fue muy sonado…; Después de aquello, a «El Alemán» lo ingresaron…


Confío en que, a partir de ahora, tengas más claro cuándo echar mano de la cursiva y cuándo de las comillas; y si no, ya sabes dónde encontrarme…

 

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