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Marca personal

Construir una marca personal supone implicarse en un desafío constante. Si bien cada persona tiene características que le son propias, hacer de ellas algo interesante implica trabajar ciertos aspectos.

¿Cuáles?

Aquellos que la vuelven potencialmente interesante. Pero no porque la persona que busca construir su marca personal deba serlo en sí misma, sino porque antes darán con ella quienes la necesitan.

¿Y qué significa que otras personas den con ella?

Significa que buscan alguien que dé respuesta a inquietudes que nadie en su entorno les ofrece.

¿A qué me dedico?

Soy correctora de textos, también gosthwriter o escritora fantasma, ayudo a que las palabras digan lo que las personas quieren decir. ¿Cuál es mi distintivo,  mi marca personal? Yo diría que es mi habilidad para intuir qué necesita quien se dirige a mí, desde la empatía y valores que se resumen en la confianza y el cuidado que cada uno merece.

¿Cómo puedo explicarlo?

He pasado por muchos desafíos y sé lo que cuesta poner en pie un proyecto basado en pilares que se sustenten; en eso que llamamos marca personal. Lo sé porque está implicado el propio desarrollo de cada uno: hay que atravesar dudas, miedos, oposiciones; una zona cuyo atributo es de confort y que de confortable tiene poco.

Y hay que atravesar la adversidad.

He fracasado en unas cuantas ocasiones. Me detuvieron en su momento; lastres que se fueron sumando y estuvieron a punto de mutilar mi vida para los restos. Pero no me quedé ahí. Quedarme habría supuesto malvivir echando balones fuera. Demasiado peso. Demasiado inútil.

Indagar en los porqués

Busqué mis porqués, mis paraqués, indagué en mi responsabilidad, sentí cada tirón que me devolvía al asiento. Dolía. Pero si mi pretensión era sacarme a flote y construir una marca personal no sería algo distinto de quien era yo porque nacía de mí. De darme respuestas.

Pasé por psicólogos y psicoanalistas que me llevaron a descubrir buena parte de mis trabas. Con el tiempo, añadí a mi currículum un máster de coaching para motivar a otros a cambiar.

Lo llaman ser proactivo, ser proactiva la persona. Sin duda, lo fui y aprendí a serlo cada vez más.

No todas las personas que recurren a mí buscan lo mismo. Hay quienes llegan pertrechados de barreras, con la desconfianza por delante. Lanzo semillas con la esperanza de germinen; a menudo lo hacen. Pero soy consciente de que no soy para el todo el mundo ni de que no todo el mundo es para mí. Lo acepto encantada. Si algo aprecio es poder dar respuesta cuando conectamos.

¿Para qué una marca personal?

Por si no hubiera quedado claro, lo diré de otro modo: adoro mi trabajo; adoro los textos limpios (¡son tan agradecidos!); y adoro a las personas y las relaciones que consigo establecer con ellas, pese a lo variopintas. Empiezan siendo desconocidas; pasan a ser amigas y, solo después, se convierten en clientas. Y han llegado para quedarse.

¡Qué grato es todo lo que podemos compartir! ¡Ver cómo se transforman sus obras es tan gratificante! ¡Qué gozada contribuir a que sean más felices!

Y esa felicidad es un bumerán que vuelve a mí. He descubierto así que cada día es un día que trae satisfacciones y que no hay uno mejor que otro: la clave es poder tender una mano, que quien te busca consiga edificar su propia marca personal y se convierta en su propio desafío a nivel íntimo.

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