Skip to main content

Escribir textos poéticos

Si lo tuyo es escribir textos poéticos, prosa lírica o narrativa híbrida, no estará de más que tengas en cuenta algunas consideraciones.

Los textos de corte intimista o lírico-poético, por más personales que sean —y quizá por eso— adolecen de defectos particulares. Si no se gestionan de forma adecuada, es decir, con rigor técnico, tienden a debilitar la fuerza expresiva del texto.

Además del abuso de sentir, parecer y del como si, pueden acabar derrapando en abstracciones cuasi absolutas. Por cierto, no me refiero a poemas, que de eso ya traté aquí y aquí.

Me refiero a esos otros textos en los que uno vuelca su experiencia personal, subjetiva, sus emociones; textos en los que destaca la mirada íntima y reflexiva.

Dicho esto, vayamos por partes (hace tiempo que no me traigo al amigo Jack y ya toca):

Abstracción excesiva al escribir textos poéticos

En este tipo de textos, es frecuente que predominen conceptos emocionales o existenciales: vacío, dolor, alma, luz interior, todo, nada, silencio.

Una luz interior, mínima y terca, llenó el vacío de mi alma silente.

Esto que, objetivamente, no es bueno ni malo, en exceso acaba derivando en falta de anclaje sensorial-real. Se mencionan estados de índole abstracta que no terminan de encarnarse en acciones, imágenes o situaciones concretas.

Explicaciones en lugar de evocaciones

El yo lírico interpreta constantemente lo que ocurre: entendí que, comprendí que, me di cuenta de que, supe, pensé que, creí que. De este modo, se le priva al lector del trabajo de inferir y del placer de descubrir.

*Sentía una tristeza profunda. Era la dimensión de un vacío indescriptible.

Fíjate si en lugar de eso, no habría sido más eficaz esto otro:

Sonrió apenas; los ojos no acompañaron el gesto. Dejó la taza en la mesa y siguió mirando sin ver. El café se enfrió y una película blancuzca cubrió la superficie.

Lo que importa es no abusar de las abstracciones. Ayuda preguntarse qué se ve, se oye o se toca cuando ocurre esto. Ayuda aterrizar.

Hipérboles a mansalva

Son textos en los que todo acostumbra a ser intenso, definitivo o absoluto. Al no haber gradación ni contraste, la emoción se aplana y pierde credibilidad.

*El dolor ocupó la casa entera. No quedó una silla libre de su peso ni un pasillo por donde pasar sin rozarlo. Dormía en el sofá, respiraba en la cocina, y por las noches tenía que hablarle en voz baja para no despertar al alma dormida. Todo lo demás —la luz interior, el mundo, el día siguiente— quedó reducido a una nada aplastante.

Aquí, el dolor queda tratado como una entidad física que habita el espacio doméstico y lo llena. Y, para más abundamiento, cada frase refuerza esa ocupación total.

Fíjate, en cambio, en este otro párrafo:

La casa amaneció más estrecha. Una silla estaba fuera de lugar y el pasillo exigía girar el cuerpo para cruzarlo. En el sofá, la impronta del cuerpo que no se borró en todo el día y, en la cocina, el tufo a algo rehecho demasiadas veces. Por la noche bajé la voz, no por cuidado, sino porque el silencio era ya una losa. La lámpara no se encendió. Afuera seguía habiendo mundo, luz, pero dentro solo quedaba esa presión constante, como si el techo hubiera descendido unos centímetros más.

Qué diferencia a ambos textos

En el segundo caso, no se nombra el dolor. Lo suplen la estrechez, el peso, las marcas, el aire viciado. Tampoco hay alma, que ha quedado sustituida por conductas como bajar la voz y no encender la lámpara.

Por supuesto, ha desaparecido la nada, que pasa a reconvertirse en una reducción del espacio y en el descenso del techo. Aun así, el ritmo opresivo y el lirismo se mantienen, pero sin necesidad de recurrir a abstracciones.

Acostumbran también a abundar los términos superlativos, que —por si fuera poco— acaban inflamando aún más el relato. Adjetivos como triste, hondo, profundo, inmenso, silencioso califican en lugar de construir imágenes o de añadir cierta tensión.

Y se reiteran conceptos vagos (eso, algo, aquello) que, lejos de sugerir, diluyen el sentido.

Escribir textos poéticos y dejar de incurrir en tópicos

Un término muy recurrente es el mar. Alude a la infinitud, la libertad o lo sublime. Nada impide recurrir a él, como tampoco a otros términos como sombra, espejo, herida, noche o fuego interior.

Lo que cabe es dotarlos de nuevos significados, es decir, resemantizar el tópico, por aquello de aportar una mirada singular (perdón por el pareado).

Encontró el mar lleno de objetos perdidos: una zapatilla, dos boyas rotas, una cuerda enredada, plásticos anudados. No prometía viaje ni horizonte, solo la tarea repetida de devolver lo que nadie reclamaba.

En el ejemplo, el mar queda retratado como depósito de restos y de un trabajo que acaba siendo inútil; no como el símbolo de evasión o de libertad, tan desgastado.

Otro tópico es también la arena cuando alude a tiempo, fugacidad, pureza o tránsito:

La arena no guardaba huellas. Se metía en los zapatos, en los pliegues del pantalón, en la comida mal tapada. No hablaba del tiempo ni de médanos cambiantes, solo de la incomodidad persistente de ese grano fino que nunca terminaba de irse.

En ese caso, resignificar el tópico consistiría en deshacer la metáfora manida del cambio y tomar la arena como una insidiosa vecina.

Textos poéticos y autorreferenciados

Muchos autores asumen que la verosimilitud de este tipo de textos pasa por ponerse uno a sí mismo dramáticamente intenso. No digo que no haya que presentarse como protagonista, pero con cuidado de no replegarse sobre el yo de forma insistente.

Escribir textos lírico-poéticos

Los textos de corte intimista presentan sus propios desafíos. Vale la pena no confiarse.

Me dirijo a ti que se te va la mano a escribir reconcentrado en tu mundo interior: genera espacios de contacto con la experiencia quien te lea. La intimidad se volverá comunicativa y dejará de ser hermética. De otro modo, el texto puede tener calidad técnica, pero no necesariamente ser eficaz en cuanto a lo que buscas transmitir.

Hoy no me pasó nada extraordinario. Llegué tarde, dejé las llaves en cualquier sitio y calenté la comida. Dos veces fui al microondas. Quizá el cansancio era solo mío, pero luego vi cómo alguien, en la mesa de al lado, repasaba el móvil sin detenerse en nada (solo escroleando). La situación no hablaba solo de mí: era la constatación de que, a muchos, el día se nos queda a medias.

Qué ha ocurrido en este caso

Aunque es el yo quien inicia el texto, no monopoliza el sentido completo, sino que las acciones son cotidianas y transferibles: cualquiera puede llegar tarde o encontrarse recalentando la comida y cualquiera puede perder las llaves.

La situación no hablaba solo de mí es una oración que invita al lector a ocupar el centro del mensaje.

Dos riesgos más al escribir textos poéticos

Nombrar una emoción o recurrir a organizar las oraciones en secuencias determinadas no equivale a producir determinado efecto en el lector. La escritura lírica eficaz organiza el lenguaje, la imagen y el ritmo para que la emoción ocurra.

En ese sentido:

1) Pon atención a las frases de estructura similar, con los encabalgamientos previsibles o ciertas cadencias que se repiten y se repiten y se… Todo ello acaba arrojando un texto mecánico.

Ocurre incluso cuando el contenido pretende ser emocionalmente complejo; y, sin embargo, se cae en una monotonía tanto rítmica como sintáctica.

*Te pienso en la noche que cae

sobre la ciudad que duerme

mientras el viento arrastra los restos

de un día que muere

como mueren las cosas que nadie nombra.

Sustantivo abstracto + verbo + cierre solemne. Podemos seguir con esa fórmula hasta el infinito y más allá.

2) Vigila la falta de movimiento interno. No es que en un texto poético deba haber conflicto como tal, pero debería haber siquiera cierta tensión.

Con «tensión» me refiero a algún tipo de variación de mirada, una inflexión (una breve desviación, un giro), un cambio de registro, una grieta en el decir.

Advierto: Hay textos de este corte que son inmovilistas y es lo que pretenden (haikus, poesía del vacío, meditativa-contemplativa) y no hablo de ellos.

Voy al hecho de mantener ese tono por inercia, sin una decisión estética consciente.

Un ejemplo práctico

El como si es un gran aliado y, a menudo también, una especie de estrategia defensiva:

*El anciano del abrigo claro se quedó junto a la ventana. No levantó la mano, no buscó a nadie con la mirada. En su quietud había una decisión firme, como si dijera que el tiempo podía suspenderse y que la prisa carecía de sentido.

Puedes prescindir del «como si» y sustituirlo por una afirmación (sobre todo, si tiendes a que se te acumulen):

El anciano del abrigo claro se quedó junto a la ventana. No levantó la mano, no buscó a nadie con la mirada. En su quietud había una decisión firme, una forma de decir que el tiempo podía suspenderse y que la prisa carecía de sentido.

Otro caso:

*El ruido del mercado crecía en oleadas, pero el aire parecía aquietarse a su alrededor, como si todos los sonidos entendieran que allí regía una pausa distinta, ajena al bullicio y a sus urgencias.

Evitamos «parecía» y «como si»:

El ruido del mercado crecía en oleadas, pero el aire se aquietaba a su alrededor; todos los sonidos respetaban que allí regía una pausa distinta, ajena al bullicio y a sus urgencias.

Media docena de trucos a la hora de escribir textos de corte poético

  1. Trabaja el ritmo como arquitectura, no como adorno; varía la longitud de las frases y juega con la puntuación. Una posibilidad es combinar frases largas con cortes bruscos. Ayúdate de la lectura en voz alta para detectar cadencias y ritmos monótonos.
  2. Depura la adjetivación. Pregúntate con cada adjetivo qué hace que no haga por sí solo el sustantivo o un verbo preciso.
  3. Deja reposar el texto.
  4. Introduce algún tipo de desplazamiento, quiebre, contradicción o complicación, de manera que incluso un texto así vaya hacia algún lado.
  5. Reléelo como si fuera ajeno y evalúa su eficacia formal, al margen de cualquier vínculo emocional.
  6. Busca un modo de mirar el tópico desde otro lugar, con una mirada nueva (no gastada). No emplees sinónimos pretendiendo que así logras esquivarlo, porque solo lograrás efectos meramente ornamentales.

Propina 1

La corrección del lirismo exacerbado (y, por consiguiente, fallido) consiste en pasar del yo que declara a ese otro lenguaje que actúa.

Sujeta tanta implicación emocional y añade más precisión formal. El intimismo se fortalece cuando se escribe contra la facilidad de lo inmediato.

Propina 2

El peligro de las repeticiones y de los patrones que se reproducen es que el texto se automatice. Los automatismos rebajan la tensión —esa mínima tensión que debe emanar del texto— y vuelven previsible su mecánica interna.

Tanto es así que la emoción ya no se construye, sino que se reconoce de antemano. El efecto estético se devalúa.

Propina 3

Si hablamos de ritmo, cadencia, tensión interna y resonancia emocional dentro de un relato breve o un fragmento narrativo, he aquí algunos libros y ensayos que te servirán:

-El cuaderno dorado, Doris Lessing. La voz interior y los fragmentos reflexivos muestran cómo mantener tensión y movimiento sin recurrir a acción externa.

-La campana de cristal, Sylvia Plath: Intimismo, exploración del estado anímico y cadencia narrativa que evita el estancamiento emocional.

-Mrs Dalloway, Virginia Woolf. Flujo de conciencia, matices sutiles en la percepción, ritmo interno que genera dinamismo sin grandes eventos.

-La escritura o la vida, Jorge Semprún. Reflexiona sobre la voz, la memoria y la densidad emocional; útil para ver cómo la prosa puede ser lírica sin fórmulas repetitivas.

-Cómo se hace una novela, Mario Vargas Llosa. Capítulos sobre ritmo, tensión y construcción de atmósferas interiores aplicables a la prosa de tono lírico.

-El libro de los pasajes, Walter Benjamin. Fragmentos densos, con musicalidad interna y cadencia poética en prosa.

-La invención de Morel, Adolfo Bioy Casares. Intimista y lírico, mantiene tensión a través de atmósfera y percepción subjetiva más que por acción narrativa.

-Intimidades, Javier Marías. Reflexión y ritmo interno en frases largas, explorando el movimiento emocional del narrador.

Y si necesitas que te eche una mano con dudas y zozobras, aquí me tienes.

Me suscribo a la lista Escritura y corrección de textos

* campos requeridos
Consentimiento *

 

Leave a Reply

Responsable: María Ángeles Ruiz Garrido. / Finalidad: Publicar tu comentario. / Legitimación: Consentimiento del interesado. / Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. /Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos. Puedes consultar la información detallada sobre la Política de privacidad aquí.

Are you human? Please solve:Captcha


Close Menu

Haz magia.

Haz lo adecuado, lo ajustado al contexto.
Pon criterio, corrección y soltura:
serás un alquimista.

 

Tus palabras hablan de ti más de lo que imaginas;
haz que trabajen a tu favor.

Transmite claridad de ideas, solvencia, confianza…
¡Haz que tu negocio crezca gracias a ellas!

Tus palabras: tu carta de presentación.