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Parece que fuera una obligación tener propósitos para el año nuevo: escribir esa novela, revisar esa otra que lleva la torta en el cajón virtual, escribir nuevas ideas para nuevas novelas… Escribir escribir escribir. Y, por supuesto, leer leer leer.

Y hacer más deporte, gimnasia sueca, comer de forma saludable, no mirar con ojeriza a ese vecino malvado. Ser más generosos con quienes reclaman nuestra ayuda.

Ponerse metas: «De mañana no pasa…», «el día 1, no, pero en cuanto pase Reyes, me pongo».

¿Funciona proponerse objetivos para cada año nuevo? Y si es que no, ¿a cuento de qué soñar con que sí? Clic para tuitear

Vienen a ser los mismos propósitos del año pasado, así que no nos agobiemos, que igual no va de empezar de cero. Y, además, qué difícil es que no se encallen contra los hielos de febrero. (Discúlpame la rima).

Entre nosotros…

No será la primera vez que te equipas a conciencia: si no escribías, era porque el portátil era viejo; si no hacías deporte, porque con aquel atuendo hacías el ridículo; si volvías al picoteo, porque no hacía sol o porque la cuadratura de Marte en Piscis te hacía polvo.

Cada fin de año, con rigor castrense, has venido poniendo el oro en la copa de champán. Por supuesto, sin olvidar levantar el pie izquierdo con la última uva en la boca ni las bragas rojas.

Menos mal que quedaba la tregua hasta Reyes para ir madurando ese día en que todo sería, por fin, distinto. Y llegaba y te ponías. Y este año, como no podía ser menos, te has puesto.

¿Qué harás para que no se te atranquen los propósitos y embarranquen en el pálido febrero?

Igual es que la cosa no tiene solución, te dices.

A mí, en cambio, ese me parece un buen punto de partida. Justo ese: pensar que no tiene solución. Darlo por perdido.

Punto de partida: los propósitos para el año nuevo se atrancan

Lo sabes tú y lo sé yo. Es difícil instalar nuevos hábitos porque es difícil mantener la motivación. Parece que no sube del 20 % el número de personas que cumplen sus propósitos de año nuevo. Es más, un tercio tira la toalla antes de que termine enero y se olvida de todos los insidiosos debería.

¿Qué falla? ¿Por qué no te pones a escribir de una vez por todas esa novela que tienes metida entre ceja y ceja?

Te lo diré (y dime si me equivoco):

  • Lo primero que falla es la falta de realismo. Si no has escrito nunca, pretender tener fluidez, saber cómo encadenar las escenas, hacer buenas descripciones o construir diálogos eficaces… es una quimera.
  • Lo segundo que falla es querer pasar de cero a cien. Nunca has escrito una novela y esperas que te salga del tirón, y sin necesidad de corregirse, porque si algo tienes es que escribes bien.
  • Lo tercero, no valorar los pequeños pasos, esos que se dan sin luz ni taquígrafos y con los que no parece que hay avance.
  • Lo cuarto, la falta de perseverancia.

Es como lo de adelgazar. No perderás peso por hacer una dieta puntual; o, tan pronto como lo pierdas, lo volverás a ganar. Solo perderás peso y te mantendrás si cambias la forma de alimentarte, si te mueves más, si dejas de quejarte porque la báscula solo marcó cien gramos menos esta semana.

Si no has frito nunca un huevo, no esperes hacer las delicias de tus invitados con la primera comida que prepares.

Los propósitos para el año nuevo se atrancan por todo eso.

No todo está en tu mano. Empieza por admitirlo.

¿Todos los propósitos de año nuevo están destinados a fracasar?

No todos. Recuerda que de cien personas hay veinte que los cumplen. ¿Será gente con una fuerza de voluntad titánica?

Alguna habrá, sin duda.

Pero no es esa la pregunta que deberías hacerte, sino esta otra: «¿qué me gustaría dejar de hacer?».

Y esta otra: «¿qué depende de mí, exclusivamente de mí?». Los psicólogos usan esta expresión: principio de realidad. En función del contexto en el que te muevas, debes regular tus impulsos, deseos y necesidades.

Propósitos realistas para el año nuevo

Si ese querer es genuino (si no viene ordenado o impuesto desde fuera) y no quieres que tus propósitos se encallen, lo primero que te recomiendo hacer es mudanza. O inventario. Pero en la cabeza.

Mira a ver qué no funciona y saca la basura.

Si no sabes qué es lo que no te funciona en la cabeza, mira a ver si esto te sirve:

  • No funciona no esforzarse ni funciona posponer ese primer paso.
  • Tampoco funciona escudarse en las viejas objeciones.
  • Los viejos hábitos son otro obstáculo, ergo, más basurilla.
  • Pensar que hay cosas que tienen solución cuando no la tienen.

Hay cosas que no tienen solución. Por ejemplo, si hablamos de escribir, no está en tu mano que te publiquen. Tampoco, que autopubliques y Amazon se rinda a tus encantos.

Lo que está en tu mano es escribir, leer mucho, muchísimo. Fijarte. Corregirte. Dar tu manuscrito a corregir. Una advertencia: no confíes en lo que pueda hacer por tu texto la inteligencia artificial.

Propósitos para el Año Nuevo

«Yo soy yo y mis circunstancias y, si cambio yo, cambio mis circunstancias, pero no sé si eso me conviene…».

No depende de ti que ciertos conflictos se resuelvan, ni aunque seas parte interesada. No hablo de guerras, ni de economía, ni de ese vecino que te mira con ojeriza. Puede que tu amiga o tu pareja o tu madre no quieran apoyar tu decisión. Hablo de eso.

Hasta puede que el día que te has propuesto empezar, se pongan de obras arriba o enfrente. O que alguien que depende de ti se ponga malo.

Empieza por detallar qué no estás dispuesta a hacer o a perder, persona que me lees, de ninguna de las maneras. Qué estás dispuesta a perder, a soltar, a abandonar para lograr tu propósito.

Tu propósito es ir a más y a mejor

Tu propósito es ir a más y a mejor, pero resulta que hay cosas que no puedes y otras que no te corresponden. Es así, admítelo. Por más que tu corazón se añusgue, como dicen en Salamanca.

Ir a más y a mejor implica asumir lo que te pasa y lo que te pasa es que…

  • no escribes como los dioses;
  • tu pareja no entiende esa manía que te ha entrado y no está dispuesta a poner de su parte;
  • te cuesta ordenar ideas;
  • te falta confianza y seguridad.

Muy bien.

Lo malo es que todo eso te va a seguir pasando. Hazte cargo de que te pasa todo eso. Ir a más y a mejor significa dar pequeños pasos a partir de admitir que la realidad es así de cruda.

Deja de resistirte a eso que te pasa. Alguien que quiero mucho dice a menudo: «Lo que resistes persiste».

La pregunta, señoría, es qué tienes que hacer con lo que te pasa y, sobre todo, contigo, porque es ahí donde puedes operar. No te digo ya si quieres construir tu propia marca personal.

Date tiempo

Dicen que se tarda algo más de dos meses en instalar un nuevo hábito (los más optimistas dicen que basta con veintiocho días, pero no te fíes). En todo caso, ¿qué son dos o tres meses en el océano de tu vida?

Relativiza.

Son dos o dos y medio los meses que te llevará modificar hábitos. Ten en cuenta que el primero que se resiste a que le enmiendes la plana es el mayordomo, el ama de llaves de tu casa. ¿Levantas la ceja? Prueba a pasar el día de hoy sin encender el móvil. O sin ver tele. O sin ver YouTube. Y, luego, me cuentas.

Hacen falta agallas para cambiar, como dice Mario Alonso Puig.

Agallas para ir poco a poco, para no ver la realidad en términos de blanco-negro. Agallas para no pretender comerse hoy los platos de la semana que viene.

No hay propósitos para el año nuevo que valgan si antes…

Si no sacas la basurilla que pulula por las veredas de tu cabeza, olvídalo. Tienes que hacer algo con lo que te está impidiendo avanzar. Es decir, contigo.

Me consta que no quieres enfrentarte a tu pareja, ni asumir que lo que hoy escribas quizá mañana tengas que borrarlo. Tampoco quieres llenar tu tiempo con más tareas porque… ¿renunciar a las salidas, las series, las redes sociales?

Esas son las primeras medidas que deberías tomar: renunciar a ciertas estructuras mentales. Estructuras mentales son patrones fijos (costumbres, rutinas, creencias) que te mantienen en el lugar de siempre. No puedes emprender reformas en la casa sin sacar antes los muebles.

Todo empieza por cambiar esos anclajes íntimos que nos mantienen presos. Presos de lo que conocemos, del trabajo como lo conocemos, de las relaciones (incluso las tóxicas) como las conocemos.

Así no hay modo de construir una marca personal ni de llevar a cabo propósito alguno que culmine con éxito.

Plantéate, honestamente, qué puedes y qué quieres soltar. Hazlo a conciencia; deja de hacer todo aquello que no hayas decidido hacer voluntariamente. Luego, invéntate un modo distinto de estar en el mundo.

Entonces sí, da alas a tus propósitos y haz que merezca la pena haber estrenado el año.

Propina 1

En el siglo V a. C., Confucio dijo lo siguiente: «Nunca dejan huella de su vida las personas que, al comenzar la práctica de alguna virtud, no se mantienen en ella».

Lo malo es que ni siquiera nos llevaremos el orgullo de haber hecho eso que queríamos y que seguiremos viviendo a la deriva.

Mira, si no, lo que decía Marguerite Yourcenar: «Siempre hace falta un golpe de locura para desafiar un destino».

Propina 2

Un secreto: no te plantees la cosa en términos de empezar ni de parar. Da un paso. Solo un paso en ese sentido. Enséñale a tu mayordomo, digo…, a tu cerebro, quién manda en casa.

Ladea la mirada del futuro. El futuro no existe. Mira tu hoy. Celebra cada paso que des por minúsculo que sea.

Solo hazlo.

¡Y cuéntamelo para celebrarlo contigo!

 

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