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Para qué sirve el punto

By noviembre 11, 2020 4 Comments

Parece una pregunta boba: para qué sirve el punto. ¿Para qué va a servir, si no es para poner un aviso? Como los dos que cierran esta frase.

No imaginas lo que dominas cuando dominas la puntuación. Nada como conocer qué hace cada signo ortográfico para amarlo. En esta ocasión, le toca al punto. Clic para tuitear

Ya, si lo que se escribe está completo o no, iremos viéndolo, porque algo tan sencillo de decir, no lo es tanto de aplicar. A los signos ortográficos («cagaditas de mosca» de las que bien podría prescindirse, dice alguien), no se los considera como merecen ni se les da la importancia que tienen.

Qué es un punto

Será razonable empezar por el principio, no vaya a ser que incurramos nosotros mismos en la crítica que hacemos.

Para qué sirve el punto ortográfico

Tres páginas del ‘María Moliner’ dan detalle exhaustivo de para qué sirve el punto ortográfico.

Las definiciones y usos que trae el diccionario María Moliner no tienen desperdicio; ocupan, en esa letra apretada y menuda tan propia de los diccionarios, nada menos que tres páginas. Mira cómo empieza, con que adorables definiciones:

Dibujo o relieve redondeado, muy pequeño. El que se hace como señal en algún sitio. El que tienen encima las letras i y j. El que se emplea en la escritura como signo ortográfico para indicar una pausa, solo o formando parte de otros signos, como el punto y coma o los dos puntos. Cada uno de los que van dibujados en las fichas de dominó o en las caras de los dados.

Una definición así hace inevitable mirar el punto como si fuera la primera vez. E invita a abrirle un espacio propio e intransferible.

Hoy se trata del punto. Solo del punto. Del punto y coma hablamos aquí.

Y de la coma, de todas las posibles comas, aquí, aquí y aquí.

Hoy, el punto es el rey.

Qué hace el punto en un texto

¿Te imaginas recibir un texto con un punto solitario y sin nada escrito? Dependiendo de quién te lo enviase dirías «no viene nada», «se ha equivocado» o te llenarías de preguntas. Porque el punto hace algo; vaya si lo hace.

No sé si puedes leer esto como lo leo yo. Probemos:

Martina se paseaba en la terraza del hotel, nerviosa. Llevaba un buen rato esperando a alguien que se retrasaba.

Martina se paseaba en la terraza del hotel, nerviosa. [Aquí paro. He dicho algo completo en sí mismo; y, si leo en alto, la entonación decrece, baja]. [Y añado una razón] Llevaba un buen rato esperando a alguien que se retrasaba.

* Martina se paseaba en la terraza del hotel, nerviosa, llevaba un buen rato esperando a alguien que se retrasaba. [La coma me invita a subir la entonación, luego coma no; si leo en alto y subo la entonación después de nerviosa, se rompe la estructura lógica. Y tiene un nombre: se llama anacoluto].

El punto pide parar; que nos detengamos. Eso hace el punto en un texto.

Y ahora quizá te preguntas que por qué las dos frases seguidas, que por qué un punto y seguido. Por qué no punto y aparte.

Para qué sirve el punto

Relee el ejemplo. Verás que lo que se dice en ambas frases tiene mucho que ver: no se cambia de tema ni de idea. La segunda frase aclara qué hace Martina dándose paseos en la terraza del hotel; y nerviosa, para más señas.

Para qué sirve el punto y seguido

Hay quien lo llama punto seguido, pero se prefiere esta otra expresión: punto y seguido.

De manera que esa relación de proximidad entre ambas frases nos invita a que pongamos punto y seguido. O sea, que el texto ha parado, pero no ha terminado de decir lo que tenía que decir. Lo siguiente continua la idea, es decir, añade algo más de información sin separarse de ello. Podemos decirlo de otra manera: en narrativa, no se cambia a otra escena.

Para qué sirve el punto y aparte

Igual que pasa con su primo hermano, hay quien lo llama punto aparte. No es incorrecto, pero gana por goleada el punto y aparte.

Para qué sirve el punto en un texto

No son puntos ortográficos, pero hablan por sí solos en las fichas de dominó.

Continuamos con el ejemplo. Mira a ver si encuentras diferencias con el párrafo que sigue a las dos frases que forman el primero:

Martina se paseaba en la terraza del hotel, nerviosa. Llevaba un buen rato esperando a alguien que se retrasaba.

No había derecho. Siempre la hacía esperar. Se lo había dicho tantas veces. Se acabó. Esta era la última. Era terrible darse cuenta de todo lo que tuvieron y todo lo que habían ido perdiendo. Respeto. Qué menos.

En este segundo párrafo, la voz narradora se pega al pensamiento de Martina. O sea, adopta el punto de vista de su monólogo interno (a punto de estrangular al tardón o a la tardona; nunca lo sabremos). La situación no ha cambiado, pero sí el punto de vista. En otras ocasiones, quizá el cambio no es tan manifiesto; en tal caso, puede que te guíe no hacer párrafos digeribles para facilitar la lectura. Porque no siempre lo verás tan claro como en el ejemplo.

Para qué sirve el punto final

Este tiene menos pérdida: marca que termina el texto. En un final de capítulo pones punto final y lo pones al término del escrito. Y se llama así: punto final. No punto y final, con la y de enlace, como en el caso de sus compañeros.

Martina ha dicho todo lo que tenía que decirle a quien venía de camino y no acababa de llegar. Hay trece párrafos de pensamientos reiterativos, así que cuando asoma la tardona, ella ya no está. Ha dicho todo lo que tenía que decir (trece párrafos de trece líneas con repaso pormenorizado de cada desaire hasta la fecha).

La chica no está. En su lugar y bajo una copa de champán, hay una nota. La abre. Solo dice «punto final».   

Para qué no sirve el punto

Usos del punto ortográfico

Eso de ahí arriba no es un punto ortográfico, pero es lo bastante elocuente para señalar que hay parada obligatoria. Sáltatelo y verás la que se arma.

También entre los signos ortográficos que aparecen en un párrafo hay jerarquías. La coma separa elementos que son más interdependientes, como cuando no acabas de decir o de enumerar algo. No pongas un punto donde la coma hace su trabajo:

Que no sabe si va, si viene, si se entretiene, si está a punto de dejarlo, si todo lo contrario.

*Que no sabe si va. Si viene. Si se entretiene. Si está a punto de dejarlo. Si todo lo contrario.

No lo hagas, salvo que pretendas determinado efecto; pero te conviene estar seguro y tener gran dominio de la técnica. Una secuencia así, tan cortocircuitada por efecto de los puntos, agota a quien la lee. Tampoco hace falta ponerse dramáticos porque sí.

Y en este caso:

Martina se paseaba en la terraza del hotel, nerviosa.

¿Podríamos haber puesto punto entre hotel y nerviosa? Podríamos. El punto, en ese caso, añadiría gravedad al asunto. Tienes que ver si te interesa anticiparlo al lector o prefieres que se vaya encontrando con el crescendo a medida que lee. Un error muy habitual entre escritores noveles es anticipar lo que viene de camino. O exagerar. Y si exageras, el lector dirá aquello de «menos lobos, Caperu».

Dedicado a ti, escritor novel

Nunca nunca pongas punto después de una interrogación o una exclamación de cierre. Si te preguntas si un punto sirve para eso, la respuesta es no.

*¿Ha llegado a la cita?.

           *¡Dice que no es verdad que llegue tarde!.

Para qué más NO sirve el punto

El punto, si nos ceñimos a contextos literarios, tiene todas esas aplicaciones que hemos mencionado. No añadas punto en estos otros casos:

  1. Al escribir los números de un año:

    1818, 1980, 2020. Deben ir así, pegados.

  2. Cuando escribas cifras de cinco o más dígitos, la recomendación —no exenta de polémicaes utilizar espacios en lugar de puntos. Los puntos o las comas —si lo prefieres—, solo sirven para separar los decimales:

    1 536 957,63 € (o bien 1 536 957.63 €).

  3. Si dudas con el punto en combinación con los puntos suspensivos, repasa esta entrada.
  4. En un encabezamiento de una carta o de un correo electrónico, sea o no formal, así como tras la firma, nunca va punto. O sea, así no:

*Estimado colega.

Me pongo en contacto contigo…

Atte.

*Martina.

Y ahora, una distinción necesaria:

  1. Las siglas no llevan punto intermedio: FMI, ADN, ONG, RAE, AVE, FIFA, ONU (y no F.M.I, A.D.N., R.A.E., etc.). ¡Ah! Y dicho sea de paso: las siglas no tienen plural (nada de *ONGs).
  2. Las abreviaturas, sí llevan punto al final aunque siga la frase: pág., atte., a. n. e., a. C., etc.

Homero (siglo VIII a. n. e.) escribió la Ilíada y la Odisea.

No te saltes las págs. 23, 24  y 32, que van señaladas.

Empezó a sacar del bolso y no paraba: cartera, móvil, agenda, tabaco, pintalabios, un par de grilletes, chicles, etc., etc.1

Dónde se pone el punto cuando va paréntesis, raya o comillas de cierre

El punto no está reñido en absoluto con paréntesis, raya o comillas de cierre. Aunque en algunos textos lo veas así por dentro, es decir, el punto antes que el signo de cierre, se pone después. El punto va fuera del signo de cierre. 

*Dile que no vaya. (Ni siquiera dijo que quería ir.) No le gustará lo que se cuece allí.

Hubo un tiempo en que la norma concedía que podía ir o no así. Ya no. El punto ha de ir después del signo de cierre. No se hace distingos entre unos casos y otros y no vale la pena entretenerse en añadir explicaciones.

Así que el punto, siempre fuera del paréntesis, la raya o las comillas de cierre.

Dile que no vaya. (Ni siquiera dijo que quería ir). No le gustará lo que se cuece allí.

No era capaz de dormir de otra manera —ni contar ovejas ni visualizar playas desiertas: dos lexatines y una copa; solo eso le funcionaba—.  Al día siguiente, que no le pidieran cuentas.

Cada vez que discutían era veneno lo que salía por sus bocas. Ese día solo dijo: «Tal vez no fui lo querías ni resulté ser lo que necesitabas, pero una cosa es cierta: fui más de lo que merecías».

Propina

La historia del nacimiento de los signos ortográficos es tan apasionante como dilatada. Tendría que llegar la imprenta (1450) a poner un poco de juicio en los escritos.

Los griegos practicaban un modo de escritura denominado scriptio continua. Imagina qué lío escribirasitodoseguidosinespaciosnilineasdeseparacionnidepuntuaciondenada. Está claro que vivían a otra velocidad. Quién podía imaginar esto que tenemos hoy. A ver quién es el guapo o la guapa que osaría enfrentarse a un texto así.

¿O te provocaría meterte en tal jardín? Te oigo: «Quizá si la recompensa fuera buena…». 😉


1 El primer etc. lleva el punto que le corresponde  y va seguido de coma porque le sigue otro etc. que, a su vez, lleva su punto pegadito. Como es final de frase, no se ponen más puntos.

Y fíjate: después del punto de la abreviatura, y aunque la frase continúe y no se precise coma, no va mayúscula.

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4 Comments

  • Lia dice:

    El artículo es fantastico. Y punto.

  • Dafne dice:

    Excelente artículo Marian. Revalorizar las herramientas con las que transitamos el mundo siempre es un placer.

    Ahora me surge una duda… y en presencia de dos puntos, ¿sería D.S.: o D.S: ? ¿funciona como con la coma o con signos de interrogación/exclamación?

    • Marian Ruiz dice:

      Hola, Dafne:

      Cada elemento de la abreviatura conserva su propio punto y se añade coma, si procede, o dos puntos o los signos de interrogación y exclamación de cierre, si fuera el caso, pero siempre manteniendo el punto de la abreviatura. Como en estos casos:

      Países que forman EE. UU.: Nueva Jersey, Nueva York, Nuevo México…

      P. D.: No te olvides de lo prometido. ¿Traerá Jorge los arneses, los mosquetones, las cintas, etc.?

      Espero haberte disipado las dudas. 😉

      ¡Saludos!

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