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¿Tienen algo que decirse la correctora de textos y la IA (inteligencia artificial)?

Esa misma pregunta se la he lanzado al chat virtual megainteligente a ver con qué se despachaba. Ha respondido esto:

¡Hola! Sí, la inteligencia artificial (IA) puede ser de gran ayuda en la corrección de textos. Las IA pueden detectar errores gramaticales, ortográficos y de estilo en un texto de manera rápida y precisa1. Los sistemas de corrección ortográfica de las IA utilizan diccionarios y algoritmos de detección de patrones para sugerir modificaciones en tiempo real. Además, también pueden identificar errores gramaticales y de puntuación, como el uso incorrecto de verbos o complementos, la falta de concordancia entre palabras o la omisión de comas y puntos1.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que las IA todavía tienen limitaciones en la corrección de textos. Aunque los sistemas de corrección ortográfica y gramatical pueden ser muy precisos, todavía pueden cometer errores al interpretar el contexto o el significado de una palabra en un texto1. Por eso, es importante que las IA se utilicen como una herramienta de apoyo en lugar de como una solución definitiva1.

Nota: los superíndices remiten a las distintas páginas de donde ha obtenido la información.

Sospecho que no nos quedará otra que hacerle hueco en nuestra vida a la IA, vista la forma en que ha arrasado y la velocidad de cohete que lleva. Clic para tuitear

¿Tan inteligente es la IA?

Irene Vallejo, autora del tan celebrado El infinito en un junco, decía recientemente en una entrevista: «Quizás el término “inteligencia” es un poco excesivo para esta tecnología, igual que también es impreciso llamar memorias a las de nuestros ordenadores, porque son meros archivos de información, muchísimo más sofisticados que esa herramienta tan compleja que es nuestra memoria».

En este sentido, José Antonio Marina, al que admiro por su afán didáctico y su claridad expositiva, dice lo siguiente: «Tal vez deberíamos pensar que la gran creación expresiva consiste en la generación de un mundo intencional, rico y luminoso, del que pueda emerger una buena literatura».

¿Podemos, de veras, llamar inteligente a algo que fusila contenidos de textos que circulan por la red? ¿Genera eso un mundo intencional, rico y luminoso, del que pueda emerger buena literatura? Erramos si llamamos a eso creación literaria. Llamémosle, más bien, «cuñao rapidillo».

En todo caso, el asunto gordo es el siguiente: ¿cómo seguiremos dando a luz ese mundo personal, valioso y diferenciado, si recurrimos a lo que otros contaron ya sobre sí mismos?

Es como si estuviéramos a las puertas de cargarnos el deleite de lo que sale de nuestra pluma; no digamos ya, si pretendemos que eso ilumine un poquito más el mundo.

Cada vez que se trate de cuestiones relativas a la creatividad, deberíamos plantearnos ese tipo de preguntas.

Lo que sí tiene la IA es una velocidad que nos deja pasmados.

Qué pasa con los correctores y la IA

Tengo mis filias y mis fobias y confieso que he estado mirando de soslayo todo esto relacionado con la IA. Me parecía un camelo.

Después, he ido viendo imágenes creadas «a petición del consumidor», algunas realmente complejas y sofisticadas. Era obvio que con las imágenes parecía funcionar bien, pero tenía que probar con los textos.

Le pedí que me corrigiera este original (bastante lamentable, por cierto, ya lo aviso):

Su ex mujer aprovechó aquel tiempo para darle todas las caricias que no le dio hasta entonces y llenarlo de prebenciones. El primo no apartaba los ojos y sólo les miraba de hito en hito, y ella con sus ojos luminosos recordaba que en la noche la había visitado furtivo en su dormitorio. Fue una despedida responsable pero llena de juegos y erotismo, se dejaron llevar por la embriaguez del deseo. 

La IA arroja esta solución (las negritas son suyas):

Su exmujer aprovechó aquel tiempo para darle todas las caricias que no le dio hasta entonces y llenarlo de prebendas. El primo no apartaba los ojos y sólo les miraba de hito en hito, y ella con sus ojos luminosos recordaba que en la noche la había visitado furtivo en su dormitorio. Fue una despedida responsable pero llena de juegos y erotismo, se dejaron llevar por la embriaguez del deseo. 

Una castaña, sin duda.

Aunque no se me escapa que esto es solo el principio y que plataformas de IA hay muchas. Quizá las de pago atinen más y arrojen resultados un poco más decentes (como has podido ver, no es mucho pedir).

¿Qué podemos hacer los correctores con la IA?

Las preguntas que nos hacemos los del gremio versan alrededor de dos puntos contrapuestos: ¿tenemos que contar con ellas o las desdeñamos porque pueden quitarnos el puesto?

Ese es el temor: que puedan acabar sustituyéndonos. Y no solo a nosotros, correctores y traductores que vivimos de nuestra profesión, sino a los propios escritores. De hecho, parece que ya se están generando libros con IA; de lo contrario, Amazon no habría empezado a tomar medidas. Tampoco autores como George R. R. Martin, Dan Brown o Margaret Atwood habrían sacado los perros más que a pasear: plagio, vulneración de derechos de autor y abusos de todo tipo están servidos.

Las alarmas saltan porque se está traficando con mercancía empaquetada.

Pero la IA ha llegado como un huracán de fuerza colosal y parece ingenuo quedarse mirando para otro lado. Más inteligente parece hacer algo que ponga freno a la invasión y pensar, más bien, cómo podemos beneficiarnos de su uso.

La correctora de textos y la IA: el desafío

La corrección de páginas, pantallas y manuscritos de todo pelaje es una tarea compleja. Se requiere, además de conocimiento específico, atención al contexto y al modo de decir de cada autor en cuestión.

Hoy por hoy, la IA no es capaz de tener eso en cuenta. Haremos bien en desconfiar más que un poco de sus virtudes.

¿Es rápida? Sí.

¿Exhaustiva, infalible, irrefutable? No. En absoluto.

Tranquila, persona que me lees: tampoco me vendré arriba diciendo que los correctores profesionales somos infalibles, porque no es cierto. Lo que sí somos es humanos. La IA, aunque parezca muy amigable, solo tiene de humana que los contenidos que maneja provienen de fuentes humanas.

Fuentes humanas con sus sesgos, sus limitaciones en cuanto a la destreza que se requiere para ejercer el oficio; y sesgos y fallas clamorosas respecto a los recursos lingüísticos.

Qué habría hecho esta correctora con el texto de muestra, frente al resultado que arroja la IA

Vaya por delante que todo lo bueno no se aprende de repente ni se conquista en un día. Al menos, eso es lo normal y lo que creo que nos pasa a la mayoría. ¡Pero qué gran placer cuando es culmen del esfuerzo y la dedicación!

Hoy parece que quien no publica el manuscrito caliente o no conquista cierta notoriedad a la voz de ya es un fracasado. Pues mire usted, a mí me parece que yerra el tiro quien persiga esa zanahoria a toda costa, sin evaluar riesgos y peligros.

¿Ayuda la IA a los autores con las comparaciones, las metáforas, los dobles sentidos y otras figuras retóricas? De momento, no.

¿Nos ayudará a construir textos, de veras, literarios? Tal vez, pero aún es pronto para decirlo. ¿Lo veremos tú y yo?

¿Qué habría hecho esta correctora con el texto de muestra, frente al resultado que arroja la IA?

Por ejemplo, esto:

Su exmujer aprovechó aquel tiempo para darle todas las caricias que no le había dado hasta entonces y, además, para llenarlo de prevenciones. El primo no apartaba los ojos y solo los miraba de hito en hito, [aquí habría sugerido una comparación]. Ella, con sus ojos luminosos, recordaba que la noche pasada la había visitado furtivo [furtivo no es un adverbio de modo, sino un adjetivo] en su dormitorio. Fue una despedida responsable, pero llena de juegos y erotismo, en la que ambos se habían dejado llevar por la embriaguez del deseo.

La correctora de textos y la IA: ladeando temores

Soy imperfecta, ya lo sabes, pero no tengo inconveniente en admitir mis errores y en rectificar lo que haga falta.

¿Me gusta equivocarme? No. En absoluto. Pero me pasa: me equivoco.

También soy exigente y autocrítica. Me exijo a mí misma y exijo a los demás; soy exigente incluso con mis clientes.

Si un manuscrito pasa por mi mano, quiero que salga del trabajo conjunto la mejor versión posible. Esto obliga a dar vueltas, a insistir en los detalles, a forcejear.

¿Qué habría hecho con el texto anterior, si se tratara de un cliente mío? Le habría sugerido formas de decir más literarias.

Por ejemplo:

Los miraba de hito en hito, como si tuviera delante una aparición.

¿Quieres aprovechar el adjetivo furtivo? Teniendo en cuenta el contexto, mira a ver qué te parece esto, le habría dicho:

Ella, con ojos luminosos, recordaba que la noche pasada se había estremecido con el roce furtivo de su mano. Poco después, la había visitado en su dormitorio.

La correctora de textos y la Inteligencia Artificial

Un minuto le ha llevado a la IA pergeñar esta imagen. A rápida, no hay quien le gane…

No me cabe duda de que la IA evolucionará y arrojará mejores resultados, pero no temo que me quite el trabajo. Llámalo amor propio o llámalo orgullo; lo que sé es que mis clientes agradecen esta manera mía de hacer las cosas.

De todos modos, creo que los correctores tenemos un gran papel que jugar, puesto que ese cuñao listillo se nutre de lo que pilla por ahí.

Nuestro compromiso es, por tanto, arrojar buenos textos a la red, textos ricos, coherentes, bien corregidos. Textos con la mejor cara (y el mejor trasfondo) posible.

Pero aquí he de poner una ALERTA ROJA.

El papel de los correctores de textos: un plus frente a la IA

Es cierto que el compromiso es de calado, porque la IA se nutre de creaciones humanas y cuelga de su calidad. En tal caso…

  • ¿Dónde queda el reconocimiento de quien hizo el trabajo ímprobo?
  • ¿Dónde, la mirada aguda y perspicaz del corrector —y, por supuesto, del traductor—?
  • ¿Quién se lleva la gloria y la pasta?

Y si se trata de un libro: ¿dónde quedan los derechos de autor?

Dicho de otro modo: la IA se servirá de todos los textos que tenga a su alcance y la ganancia será… ¿para quien pueda pagarla?, ¿para quien mueve los hilos de la máquina?

  • ¿Cómo ayudará a cada autor a pulir su estilo?
  • ¿Qué valor tendrán los giros, las expresiones, la propia creatividad de cada uno?

Un corrector cuida al máximo eso que es el alma de quien escribe; lo respeta, sugiere, busca que ese cliente vaya ganando en calidad. Y lo hace porque entiende la razón de ser de su historia y el propósito que le guía.

El corrector está familiarizado con las sutilezas del idioma, las desviaciones que aporta el uso. Es capaz de validar términos que ni siquiera incluye el diccionario y dilucidar su idoneidad dentro de un determinado contexto.

¿Puede una IA pensar al margen de las convenciones, fuera de la caja, dicho en términos actuales?

¿Será capaz de señalarle al autor en qué tipo de errores incurre, qué muletillas o qué patrones tiene?

¿Podrá sugerirle metáforas imaginativas o comparaciones que jueguen con el trasfondo?, ¿le advertirá de que le sobran acotaciones (por ejemplo)?

Crítica de traductores y correctores a la IA

Rocío Serrano (@azoteortográfico), en la Feria Liber 23, mencionó un estudio (Universidad de Turku, Finlandia). Su autora había aplicado traducción automática sobre distintos textos. Las conclusiones, por lo que contó la compañera, fueron las siguientes:

  1. Cuando se trabaja con un solo autor, se tiende a heterogeneizar su estilo. Significa que, en lugar de mantener una coherencia, lo asimila a uno estándar.
  2. Cuando se trabaja con varios autores a la vez, se tiende a homogeneizar, a hacer que todos los textos confluyan en un mismo estilo (esto me suena a mí como lo del pensamiento único).

Ese parece el trato al que somete los textos la dichosa IA. De esa mano cibernética, todo el mundo acaba guardando filas y marcando un paso predeterminado. Todos como zombis, vistiendo un mismo traje uniformado.

Qué feo, ¿no?

Propina 1

Los correctores tenemos como apoyo herramientas del tipo Language Tool o Stilus. ¿Son válidas? Sin duda. ¿Son infalibles? En absoluto. (Al parecer, ambas utilizan la IA para sus correcciones).

En una frase como «¡Oh, no! ¡Por su puesto que puede venir!», es fácil que no detecten que debe decir «supuesto».

En estas oraciones, «Me horroriza enterarme que no lo sabe» o «Tengo la sensación que miente», se incurre en queísmo. Pueden no detectarlo.

Es más fácil que detecten el dequeísmo, pero solo bajo determinadas condiciones (oraciones sencillas); en «Me aseguró de que vendría», por ejemplo.

En cambio, en «Me aseguró ayer por la mañana, creo recordar, de que vendría» no ha habido suerte.

Propina 2

Y con la IA pasa igual, al menos, hoy por hoy. Para no temerla, mejor haremos en utilizarla como herramienta de consulta. A renglón seguido, asegurémonos, consultemos, verifiquemos, es decir, no estemos seguros de nada.

Hay una línea muy fina alrededor de lo que alimenta estos motores entre inspiración y plagio, como también decía Rocío Serrano.

Mantengámonos alerta. No seamos peones de la IA, sigamos mirándola de soslayo y exijamos medidas que la pongan a nuestro servicio.

6 Comments

  • Patricia Malca dice:

    «Mantengámonos alerta. No seamos peones de la IA, sigamos mirándola de soslayo y exijamos medidas que la pongan a nuestro servicio».

  • Elías Rodríguez dice:

    Excelente artículo. Es un auténtico placer leer a alguien que no solo conoce a la perfección su trabajo, sino que también desprende amor y respeto por él.

    • Marian Ruiz dice:

      Amo mi profesión porque amo las palabras y cuanto obtenemos a través de ellas (¿queda algo fuera? ¡Vivimos en el lenguaje!). Y, desde mi punto de vista, la primera condición del amor es el respeto, así que han de ir de la mano.
      Muchas gracias por tus palabras, Elías.
      Un saludo literario.

  • Excelente artículo.
    Como dice el refrán: «No es oro todo lo que reluce».
    Saludos.

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