Correctora de textos

Mostrar versus explicar en literatura (caso práctico)

By abril 21, 2021 8 Comments

Hoy traigo a examen el mantra mostrar versus explicar en literatura, un tajo por el que muchos autores noveles se despeñan. Explicar es decir de otro modo para volver accesible algo complicado o complejo (que tampoco es lo mismo). Mostrar es ayudar a adentrarse en la escena.

Si te fijas, son cosas bien distintas. Hay muchos artículos que hablan de esta singular diferencia. Mi intención es mostrarte cómo funciona con un caso práctico. 

'Mostrar' y 'contar' son la esencia del acto creativo y revelan el mundo. 'Explicar' hurta al lector toda esa magia y convierte la literatura en una aburrida clase. Clic para tuitear
Mostrar no es explicar en literatura

Mostrar es esto. Ahora, haz literatura y ve y dilo con palabras.

Chéjov decía: «No me digas que la luna está brillando; muéstrame el destello de luz sobre los vidrios rotos».

Aparte, contar, que no es ni lo uno ni lo otro, y de lo que también hablaremos.

Imitamos al maestro en el mostrar versus explicar en literatura: caso práctico

No me digas que hubo un incendio y que el interior estaba calcinado. Es lo menos que podría estar un interior que acaban de comérselo las llamas. Y no me digas que llega un mendigo, hambriento por demás, que no había querido acercarse; o porque le daba mucho miedo que el fuego lo atrapara a él y que hubiera ratas; o porque podía haber alguien muerto y eso era superior a su capacidad de soportar.

No me lo digas así, con explicación tras explicación y tras justificación.

Di, por ejemplo:

Texto 1*

Días atrás avistó las enormes volutas que ascendían como tirabuzones negros. Algo desde el interior de su cabeza le ordenaba acercarse, pero se negó a obedecer. El aire aún era caliente y seco. No se ofrecería él mismo como pasto de las llamas; a pesar de todo, seguía vivo.

Al día siguiente, ya no era su cabeza la que mandaba, sino su estómago. La víspera había acabado con la última tira de tocino.

Qué es explicar versus mostrar en literatura: caso práctico

Y por qué explicar no funciona.

Explicar es decir de otro modo para que algo se comprenda. Es hacer que se asimile mejor cierta información.

No digas que volaba porque tenía alas, que aparte de obvio le resta toda la belleza al vuelo. Di, más bien, que se elevaba sobre el lago formando una uve con sus alas y dejaba atrás una hilacha de agua.

Echemos mano del mendigo del ejemplo anterior. Imaginemos que la voz narradora dice:

Texto 2 (¡ojo, que es solo un ejemplo de cómo no!)

Al darse de bruces con la casa derruida, decidió entrar, aunque de sobra sabía que le esperaba un espectáculo dantesco y que hasta las ratas estarían buscando lo que él mismo necesitaba: comida. ¡Lo que habría dado por un buen trozo del queso! Ese era otro momento, porque durante mucho tiempo lo había aborrecido, sobre todo, desde que su madre le obligaba a comérselo cuando era niño.

Forzó la puerta de acceso, que estaba medio calcinada y medio abierta. Lo que vieron sus ojos era terrible y peor aún de lo que cabría haber imaginado. Las piernas le temblaron y los ojos trataron de ajustarse a la escasa luz del interior.

No parece contener errores gramaticales: las comas están en su sitio, los dos puntos, los signos de exclamación. No faltan ni sobran tildes ni hay dobles espacios. Tampoco hay términos repetidos y, en una lectura de viva voz, hasta podría decirse que suena armónico.

Sin embargo…, algo hay de más que chirría, y mucho.

Explicar es introducir ruidos en el texto literario

Trataré de describir lo que, a mi juicio, disuena en ese fragmento: lo que sobra. Porque, aparte, está lo que falta.

Cinco aspectos de explicar versus mostrar en literatura (caso práctico)

Desconocemos si la expresión darse de bruces es o no atinada en el contexto. No sabemos si se topa con la casa al doblar una esquina o al salir de una calle; o si, por el contrario, la divisa en lontananza, en cuyo caso, no sería atinada. Darse de bruces es encontrarse de forma inesperada.

  • «Decidió entrar»: no está mal, pero muy a menudo los personajes se pasan las páginas decidiendo hacer en lugar de haciendo. Quede dicho.
  • «Aunque de sobra sabía que le esperaba un espectáculo dantesco». Aquí hay varias desmesuras: saber de sobra lo que hay dentro de una casa quemada invita poco a entrar; además, ¿de veras alguien que la desconoce sabe con certeza qué habrá dentro? Por otra parte,  calcinado y dantesco no son sinónimos. Calcinado es abrasado o quemado (feo sí, pero no necesariamente pone los pelos de punta). Dantesco, en cambio, alude a la obra de Dante Alighieri y sí que remite a algo espeluznante.
  • Decir que un mendigo busca comida, como si fuese algo extraordinario, es otra obviedad. Y, sin embargo, no solo se afirma, sino que se anuncia con dos rumbosos puntos [: comida], dándole un tratamiento de novedad. Lo obvio recibe una solemnidad que no merece.
  • Porque y sobre todo introducen explicaciones impertinentes.
  • Cabría haber imaginado: ¿de veras se necesitan estos tres verbos seguidos?

Tres aspectos más acerca de explicar versus mostrar (caso práctico)

  • La primera pregunta que debería hacerse el autor es si está dibujando la escena. Una frase por completo desafortunada es esta que sigue:

¡Lo que habría dado por un buen trozo del queso que tanto aborrecía cuando era niño y que su madre le obligaba a comer!

Admitamos los saltos erráticos de la memoria. Admitamos que busque comida, aunque fuera un trozo de algo que siempre aborreció (hay otros modos de hacerle saber al lector que está hambriento o que aborrece algo).

Entre mostrar, contar y explicar en literatura hay grandes diferencias

Detenerse en detalles significativos es hacer zum en el instante; algo así como ralentizar la cámara que graba.

¿Para qué añadir toda esa explicación que nos saca de la casa y de la escena, dicho sea de paso?

  • Y para qué anticipar que habrá ratas buscando lo mismo. Ignoramos si el mendigo siente una especial repulsión por las ratas, en efecto; no sabemos si entre el queso y las ratas hay una conexión que lo devuelve a la infancia. Pero… la pregunta es qué se consigue enfatizando ese aspecto en una escena que sitúa al lector en un entorno bien distinto. 

Forzó la puerta de acceso, que estaba medio calcinada.

Aquí, el lector levanta la ceja y dice: «calcinada; lógico». La novedad habría sido que estuviera intacta.

Lo que vieron sus ojos era terrible y peor aún de lo que cabría haber imaginado.

  • Ah… ¿Y quién sabe ni lo que vio ni lo que cabría imaginar? Adivina, adivinanza, porque la voz narradora no lo especifica en ningún momento. ¿Qué significa terrible y qué significa peor aún en ese contexto?

Mostrar versus explicar en literatura es inducir la evocación

Y es lo que falta en este texto, que no evoca.

Se trata de que el lector vea, no de que entienda. Échate una cámara al hombro y cuéntale qué graba. Haz que se sienta dentro del ambiente que describes. Cierra los ojos antes de atacar el papel o la pantalla. ¿Cuál es el latido de ese momento?

Texto 3

Había ceniza por todos lados. La puerta, llena de tizne, se mantenía en pie, semiabierta. Una rata le tomó la delantera. Husmeó el interior. No olía a carne quemada y eso lo tranquilizó.

Un truco muy eficaz consiste en intercambiar los objetivos de la cámara: acercarse, alejarse, desenfocar. Hacer una toma general y apuntar a un detalle que permita al lector ver como si estuviera allí; vivificar ese detalle:

Sobre el costado izquierdo de la mesa había inclinada una enorme viga. El ángulo que se había formado con la superficie del grueso tablero salvaguardaba un trozo de queso y un mendrugo de pan. Lo rapiñó antes de que se le adelantara la rata.

El suelo era como un cementerio de libélulas y, a cada paso, crujían las alas y los caparazones muertos.

¿Has visto, a la vez que ha visto el mendigo, ese milagroso trozo de queso y el pan? ¿Has vivido la urgencia de rapiñarlo antes de que lo descubra la rata-competencia? ¿Y has oído el gruñido de las pisadas?

Qué es contar dentro del binomio mostrar versus explicar en literatura

Describir ambientes o relatar qué está pasando por la cabeza de un personaje no es explicar. Llámalo contar. O describir.

Se trata de revelar qué ocurre o qué hay; y se trata de hacerlo con la menor cantidad posible de palabras, pero sin dejarse ni una de las necesarias. Mira si, eliminando frases, párrafos o palabras, la historia se tambalea. Ese es el modo.

No va de comentar. Ni va de explicar.

Volviendo a la similitud de la cámara. El objetivo, a veces, se aleja e incluso puede difuminar la imagen. Si cuentas sin explicar, irás al grano y prescindirás de los porque, puesto que, teniendo en cuenta que.

Ante una descripción, pueden darse al menos estas situaciones: que necesites seguir al personaje en un punto de inflexión; que se trate de un núcleo, un punto culminante (clímax); o que solo necesites que el lector siga el hilo por alguna razón.

Por favor, vuelve sobre el texto 2 y compáralo con los textos 1 y 3.

¿Entiendes ahora por qué digo que los conectores sobran en literatura? No todos, de acuerdo, pero sí muchísimos de ellos.

Cuida de no perderte en el mostrar

El mostrar es eficaz porque sumerges al lector en la historia. Haces que la viva al mismo tiempo que los personajes.

Lo que no sirve es perderse en los detalles. Sirve poner el foco en aquellos que sean relevantes, no en perseguir cada minucia porque sí. Sirve el juego de ir y venir, de enfocar y desenfocar.

La elipsis es un interesante recurso narrativo que sirve para aumentar la tensión; para no contarlo todo y permitir que el lector elucubre, haga sus apuestas. Y para revelar una realidad con la menor cantidad posible de recursos. Es dejar caer que, de nuevo, sea el lector quien aventure.

En palabras de Adela Kohan:

Las primeras líneas deben dar la impresión de que se escamotean cuidadosamente ciertos datos de la situación del relato y se ponen en movimiento otros, como estableciendo de entrada la complicidad con el lector. El comienzo debe ser prometedor.

Las últimas líneas son las que recogen los hilos lanzados a lo largo del cuento y, más que encerrar una sorpresa para el lector, deben ser una clave de iluminación que le proporcione al relato una dimensión nueva y más profunda. El final debe ser revelador aunque no revele nada nuevo.

Propina 1

Me dirás que Proust iba y venía con multitud de detalles y pormenores que podría tentarte llamar explicaciones. Mostrar en literatura versus explicar

Ni mucho menos.

Lo que hace Proust es adentrarse en el latido antes de que el razonamiento cercene o se inmiscuya. Dibuja sensaciones. Lo que hace Proust es a la literatura lo que el impresionismo es a la pintura.

En noches así, a veces recurrí a un ardid que me valía el beso de Albertina. Sabiendo lo pronto que se dormía en cuanto se acostaba […], sabiendo lo profundo que era su sueño y lo tierno que era su despertar, yo inventaba un pretexto para ir a buscar algo y la hacía echarse en mi cama. Cuando volvía la encontraba dormida, y veía ante mí aquella otra mujer en la que se convertía cuando estaba por completo de frente. […] Podía cogerle la cabeza, levantarla, posarla contra mis labios, rodear mi cuello con sus brazos; ella seguía durmiendo como un reloj que no se para, como una planta trepadora, como un volubilis que sigue echando ramas con cualquier apoyo que se le dé.

En busca del tiempo perdido, 5. La prisionera. Marcel Proust.

Y así continúa, añadiendo pinceladas sin desmayo, un largo párrafo que es una delicia.

Propina 2

El arma de Chéjov es un principio dramático que todo autor debería respetar como sagrado:

Elimina todo lo que no tenga relevancia en la historia. Si dijiste en el primer capítulo que había un rifle colgado en la pared, en el segundo o tercero este debe ser descolgado inevitablemente. Si no va a ser disparado, no debería haber sido puesto ahí.

Antón Chéjov

Quizá inspirado en el gran maestro, otro gran maestro dijo algo parecido (o a él se le atribuye):

Si en una escena aparece un clavo en una pared y no cuelga nada de él, el espectador tendrá que saber tarde o temprano qué hacía ahí. De lo contrario, debería eliminarse esa escena.

Alfred Hitchcock

Propina 3

No digo nada nuevo si afirmo que hemos sido más ingenuos y que esto de «mostrar y no explicar» es un axioma reciente (tiene poco más de un siglo de antigüedad). Pero cambia nuestra manera de procesar los acontecimientos y la vida. Y cambian los cuentos, las metáforas y las maneras de hacer literatura.


* Los textos 1, 2 y 3 son creación propia y solo pretenden ilustrar las diferencias entre mostrar y explicar.

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