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¿Que cuál es el mejor corrector de textos? Desengáñate: no sirve cualquiera que sepa leer, que escriba muy bien o que haya estudiado filología.

Tampoco sirve la amiga bienaventurada que, ¡oh!, habla de maravilla, ni sirven o ChatGPT o Gemini, por muy versados en modelos de lenguaje que estén.

Partamos de que vivimos rodeados de palabras; desde los mensajes en WhatsApp hasta los informes de trabajo, pasando por publicaciones en redes sociales y correos electrónicos, hasta proyectos académicos.

Y, por supuesto, todos queremos que lo que escribimos se entienda bien, suene correcto y, si es posible, deje una buena impresión.

Para lograrlo, quienes escriben optan por distintas vías y recursos; y aquí viene la advertencia: no sirve cualquier corrector.

Ojo con el corrector automático

Cuidado con ese infiltrado que viene por defecto en tu móvil o en Word. No te confíes. Es útil, nadie lo niega. Nos salva de erratas obvias y de teclas que nos bailan al escribir rápido; en contrapartida, no pocas veces nos meten en líos (sobre todo, el del móvil).

Esto es así porque son correctores muy básicos: corrigen ortografía, si acaso. Pero no pretendas que entiendan si has querido escribir caza o casa; tampoco corregirán un ha dicho *de que no vendrá ni un me di cuenta *que estaba lloviendo. No te hablo ya si cuelas un *en base a, un le dije que *venga o *la dio un regalo.

Tampoco entienden si estás usando un registro informal cuando se trata de un informe o si te estás repitiendo de forma innecesaria. Si te repites y no es intencionado —es decir, no pretendes reforzar cierto pasaje—, allá tú. Y no me refiero a que cierto término se reproduzca a renglón seguido. Basta con que sea lo bastante sonoro y se reproduzca en distintas páginas. 

Respecto a las rimas cuando escribes en la prosa: no se ocupan de ellas. La repetición de ciertas sílabas que duplican soniquetes indeseables y desembocan en ritmos machacones no les molesta. Ni siquiera saben que es eso.

Por descontado, que la sintaxis sea o no la apropiada o si lo son los tiempos verbales no es de su incumbencia.

Un botón de muestra

Puedes haber escrito un texto impecable desde el punto de vista ortográfico y, a pesar de todo, confuso, aburrido:

Nadie sabía si eran los líderes, los seguidores, los que miraban desde lejos, los que dormían, o incluso aquellos que solo existían como idea, y así, atrapados en esa red interminable de acciones, intenciones y sombras, los habitantes se encontraban suspendidos entre la certeza y la duda, como si cada decisión que tomaban estuviera a un tiempo dictada y prohibida.

Dime si no está más claro aquí:

Nadie sabía quién tomaba en realidad las decisiones: si los líderes, los seguidores, los observadores o incluso las ideas que solo existían en la mente de ciertas personas. Por eso, los habitantes se sentían atrapados y confundidos, sin poder actuar con certeza, como si cada decisión estuviera al mismo tiempo permitida y prohibida.

A veces, puedes acabar diciendo lo contrario de lo que querías.

La corrección trasciende la ortografía

Cuando hablamos de corrección de textos, no solo pensamos en tildes o en mayúsculas. Un buen corrector se preocupa por la claridad, la coherencia y la fluidez.

¿Tu texto se entiende a la primera? ¿Las ideas están bien organizadas? ¿El tono se ajusta a quien lo va a leer?

Son preguntas que un corrector automático no puede responder. Como ya he dicho antes, tampoco te alertará de si esa repetición es un recurso retórico útil o si, sencillamente, es un defecto.

Imagina que escribes un correo para proponer una colaboración profesional. Aunque no tenga ninguna falta de ortografía, si está redactado con frases enredadas o demasiado largas, el destinatario lo leerá con esfuerzo… Puede que ni siquiera lo termine. Difícilmente se animará a esa cooperación que le propones.

¿Cuál es el mejor corrector de textos?

Así de claro te lo digo: el mejor corrector de textos es el corrector humano.

Los correctores profesionales tenemos un valor que ninguna aplicación puede igualar. Detectamos errores y, sobre todo, entendemos la intención del autor, así que trabajamos para que el texto cumpla su objetivo.

Puede que en una narración te brote incluir un término feo o de textura escatológica, digamos —qué fina soy—. ¿Cómo te aseguras de si es o no pertinente?

He tenido clientes poco alfabetizados con historias potentes que contar. ¿Hasta qué punto es legítimo intervenir en esas voces? ¿Cuál es la línea roja que bajo ningún concepto se debe traspasar?

Un corrector profesional lo sabe.

Te dirá también si un párrafo suena demasiado técnico para un público general. También si una idea necesita ejemplos para ser más clara, o si conviene reorganizar el orden para que cierta frase cobre fuerza.

Ese tipo de matices, al menos por ahora, solo los capta una mirada humana entrenada.

Un corrector automático difícilmente podrá discriminar entre un ordenador en España y una computadora en Argentina. Tampoco es de su incumbencia si en México se habla de camión cuando en otros lugares se dice autobús, bus o guagua; o la manita nuestra y la manito argentina; o la sartén de aquí y el sartén de Centroamérica. Un corrector humano, en cambio, puede adaptarse a estas variantes y asegurarse de que el texto cumpla con el registro esperado.

No todos los textos son iguales

Otra cuestión clave: no todos los textos piden lo mismo. No es igual corregir un artículo académico que un post para redes sociales, una novela o un informe de empresa. Cada uno requiere un enfoque diferente.

En un trabajo universitario se busca precisión y rigor; en un texto publicitario se prioriza la creatividad y la persuasión; en una novela, la voz del autor y la coherencia interna.

Un corrector experto entiende esas diferencias y adapta su revisión a lo que necesita cada texto. En cambio, un corrector genérico —tu vecina, a la que le encanta leer o tu primo que estudia filología— puede dejarte con un resultado correcto pero poco eficaz.

Si todavía dudas acerca cuál es el mejor corrector de textos

Te invito a leer este párrafo:

La empresa ha conseguido los resultados que el año pasado, aunque no se esperaba por la situación que se estaba dando, que al final fue mejorando, fueron más positivos de lo que se había previsto al inicio, lo cual generó satisfacción, aunque también dudas en algunos sectores.

No tiene faltas de ortografía. Un corrector automático no lo marcaría como incorrecto. Pero al leerlo, la idea se enreda: demasiadas subordinadas, repeticiones y un ritmo que obliga a releer para entender de qué va la vaina.

Cuál es el mejor corrector de textos

A punto de hacerme un esguince mental estoy…

Ahora, fíjate en la versión corregida:

Aunque al inicio del año la situación no era favorable, la empresa logró unos resultados mejores de lo esperado. Esto generó satisfacción general, si bien despertó algunas dudas en ciertos sectores.

La idea es la misma, pero expresada con frases más claras, directas y coherentes. Ese es el valor de una corrección que no solo cuida la ortografía: hace que el mensaje llegue limpio, sin esfuerzo adicional para el lector.

¿Por qué? Porque si el lector es inteligente, y si se enfrenta a un texto embarullado, puedes darlo por perdido. Solo por eso. Un buen puñado de horas con el culo pegado a la silla y discurriendo qué y cómo darle forma al escrito, para eso.

El mejor corrector de textos no deja de aprender

El corrector profesional duda, se pregunta, indaga. Se asegura. No se limita a corregir errores ortográficos y a creer que ya lo sabe todo. Al contrario, busca adaptarse al estilo del autor y comprender en profundidad el contexto de cada proyecto que tiene delante.

Hay algo fascinante en este desempeño, porque cada texto que revisamos nos enseña algo nuevo. En cada uno detectamos patrones, discriminamos si esto o aquello procede o no; en cada uno, seleccionamos qué palabras funcionan mejor según de qué se trata, el público al que se dirige y el tono que se busca.

La lengua cambia y lo que funciona en un ensayo académico es más que probable que sea un esperpento en un relato o en un mensaje informal. No se me ocurriría en una novela de tono cercano y natural sustituir dinero por pecunio o emolumentos; ni se me ocurriría sugerir imponderable en lugar de improviso o miccionar en lugar de orinar o del socorrido mear. Tampoco sirve en cualquier contexto progenitora en vez de madre. Y una piedra es una piedra y no siempre es un guijarro ni un pedrusco.

Podría decir que el mejor corrector de textos es aquel a quien le avalan la experiencia y el anhelo irrenunciable de seguir aprendiendo. Porque escribir bien no es solo seguir una serie de reglas.

No, no sirve cualquier corrector de textos

Un texto no es solo un conjunto de palabras bien escritas. Es una herramienta de comunicación. Su calidad afecta directamente a cómo te perciben los demás.

¿Qué tipo de autor hay detrás de este o aquel texto? ¿Es pulcro, exigente, fino? Eso lo garantizan los repasos, las revisiones, los ajustes…, además de la mirada extrañada y el bisturí afilado del corrector profesional.

Por eso, confiar a lo loco puede ser un error. No todos los textos necesitan el mismo nivel de intervención, pero todos merecen la atención suficiente para que cumplan con su propósito.

No te confíes.

La próxima vez que termines de escribir algo importante, antes de dar por buena la corrección automática, pregúntate: ¿transmite lo que quiero?; ¿qué dicen mis críticos, esos lectores beta que hacen su trabajo como espero de ellos?; ¿estoy convencido de su calidad?

Si la respuesta no es clara, quizá sea momento de buscar a alguien que no se detenga solo en lo superficial.

Propina 1

Ojalá todo el mundo entendiera que los correctores automáticos son aliados, no sustitutos. Funcionan para un repaso rápido, para textos informales o para detectar despistes.

Ahora bien, cuando el texto tiene un objetivo importante —convencer, informar, vender o representar una imagen profesional—, nada mejor que confiarse a un humano experto.

Te alegrará la vida saber que sales al mercado sin que tengan que subírsete los colores. ¡Y lo que habrás aprendido!

Propina 2

Si me necesitas, sígueme el rastro. Dar conmigo es la mar de fácil.

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