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Esta vez me ocupo de las palabras más usadas al escribir ficción y, por supuesto, de qué emplear en su lugar. Lo cierto es que esos términos a los que recurres sin darte cuenta deberían hacerte reflexionar; y deberían hacerlo, sobre todo, cada vez que pretendas volcarlos en tu relato. Antes, por supuesto, tendrías que ser consciente de ellos.

No son términos proscritos; nada hay que proscribir en narrativa. Solo asegúrate de su idoneidad, mira si son estrictamente necesarios, ponte un semáforo[ver detalle]  que te advierta del peligro.

¿Por qué?

Porque podrían estar manchando tu estilo.

Fraccionemos el elefante para no morir de indigestión.

Sustantivos

-Cosa. La cositis es una inflamación harto frecuente en los textos primerizos. Una cosa es un recipiente vacío, inoperante.

*Recogió sus cosas de la mesa y salió dando un portazo.

¿Eran papeles, expedientes, restos de comida, llaves, móvil, la pluma que le regaló la amante por su último cumpleaños?

-Miedo

*El miedo lo invadió.

¿No es más gráfico «el corazón le dio un bote»? ¿O «se quedó pegado al suelo antes de echar a correr»?

-Problema

La mítica frase «Houston, tenemos un problema» agotó de un plumazo las posibilidades que ofrecía esa palabra.

Un problema suele ser, de modo más específico, dilema, conflicto, traba, encrucijada, enigma, rompecabezas, disyuntiva, amenaza, desafío.

-Asunto/Cuestión

*No terminaban de resolver aquel asunto, por más que llevaban meses intentándolo.

«No terminaban de resolver sus diferencias a pesar de las múltiples tentativas».

-Sensación

Las sensaciones son recursos que dejaron de serlo hace tiempo: *Tuvo la sensación de que se cernía una amenaza sobre ellos.

«El instinto lo detuvo: algo acechaba entre las sombras».

«Un peligro latente vibraba en el aire. Se santiguó».

-Especie (de)

La joya de la corona: «Era una especie de objeto ovalado con un círculo en medio».

¿Era un camafeo? ¿Quizá un medallón?, ¿un talismán?, ¿un relicario?, ¿una moneda de una civilización perdida?, ¿un astil (un mango) de cuero de una lanza?, ¿una lente?

Puede que el personaje lo ignore, que se lo haya encontrado de forma inadvertida. En tal caso, ¿qué preguntas se hará? Funcionarían como pistas para el lector o, tal vez, para introducir un macguffin (macgufin, maguffin, MacGuffin o McGuffin, como prefieras). Haz que tenga una función.

Pronombres más usados al escribir ficción

-Su

El su nos trae a maltraer a quienes nos las vemos a diario con correcciones.

*Su acompañante le cogió su mano y, con su habitual flema, le pidió que le diera su móvil.

Un inglés hablaría así; un español, no.

«El acompañante le cogió de la mano y, con su habitual flema, le pidió el móvil».

-El mismo/la misma: la insoportable mismitis

Digámoslo finamente: qué uso tan poco recomendable.

En román paladino: ¡huye de él!

*El edificio sufrió graves daños y evacuaron a los vecinos que residían en el mismo de inmediato.

*El tren quedó detenido por una avería y los pasajeros que viajaban en el mismo tuvieron que esperar varias horas.

*Los dulces llenaban el aire de aromas antiguos, y quienes los probaban reconocían tanto la pureza de las materias primas como la elaboración artesana de las mismas.

«El edificio sufrió graves daños y evacuaron a los vecinos [que estaban dentro] de inmediato».

«El tren quedó detenido por una avería y los pasajeros tuvieron que esperar varias horas».

«Los dulces llenaban el aire de aromas antiguos, y quienes los probaban reconocían tanto la pureza de las materias primas como la elaboración artesanal».

Una fórmula es sustituir en el mismo / en la misma por adverbios como allí o por otros pronombres; otra es repetir el sustantivo si fuera necesario y, muchas veces, simplificar: el contexto hace el resto.

Adjetivos

-Elegante

-Increíble

-Maravilloso

-Horrible

-Fantástico

-Muy

-Mucho

Y si puedes evitar guapo/a, feo/a, mucho mejor.

Pregúntate, por ejemplo: ¿cómo crees que se representará el lector a una mujer elegante? ¿Será una mujer muy enjoyada, maquillada como el Joker, tacones de aguja y vestido de seda brillante? ¿Y con una risa que llena cada rincón, aunque no le pille cerca?

¿O será, más bien, otra con una melena de geometría perfecta, zapato bajo, maquillaje apenas perceptible y traje de buen corte? ¿Qué tal añadirle un puntito de frialdad sofisticada?

Y, por favor, dime en qué consiste una experiencia increíble, maravillosa o fantástica. Reconocerás conmigo que es eminentemente subjetiva y que, como no des detalles, el lector se quedará con un buen palmo de narices.

El muy y el mucho, como el casi y el algo: asegúrate de que añadan sustancia a tal o cual escena. Pregúntate: si los elimino, ¿qué se pierde?

Un adjetivo es útil si cumple al menos uno de estos objetivos:

  • añade información nueva
  • crea imagen sensorial
  • aporta tono o atmósfera
  • caracteriza la voz narrativa o la del personaje

Si no hace nada de eso, suele ser ruido textual.

Adverbios: más palabras usadas al escribir ficción

– Casi

– Algo

– Mientras

– Cuando

*Algo de lo que ocurrió casi escapa a toda explicación lógica.

Veamos en detalle qué nos encontramos aquí:

Palabras más usadas al escribir ficción

Algo funciona como sujeto indefinido, de modo que genera ambigüedad y disminuye la densidad informativa. No nos dice qué ocurrió exactamente.

Casi introduce un matiz de incertidumbre o de aproximación, pero no agrega contenido concreto; es más un adverbio tibio que narrativa sólida.

Y, por último: escapa a toda explicación lógica es un giro dramático, sin duda, pero genérico; no hay un solo detalle específico que sitúe al lector o revele consecuencias.

*La casa estaba algo sucia.

¿En serio hace falta? ¿Qué peso narrativo tiene? Si hubiera estado sucia, sin descuentos, tendría un pase, pero así…

Falsos conectores abusados en narrativa

Es un síntoma muy común en los textos primerizos: el miedo al silencio entre acciones. Si no se conecta cada frase con un entonces o no se subraya una sorpresa con un de repente / de pronto, sobrevendrá el cataclismo: el lector se perderá o la escena perderá impacto.

En realidad, ocurre lo contrario. Estas palabras actúan como ruido de fondo y solo debilitan el ritmo.

– De repente / de pronto

*Estaba caminando por el bosque y, de repente, una rama crujió detrás de él.

«Caminaba por el bosque. Una rama crujió a su espalda».

Deja que la acción hable sin muletas. El punto y seguido es tu mejor aliado para crear impacto.

– Entonces / luego

*Se hizo el silencio y, de pronto, el cristal se hizo mil pedazos a sus espaldas. Luego, silencio de nuevo.

«Se hizo el silencio. El cristal estalló a sus espaldas. Acallado el estrépito, la sala volvió a enmudecer».

Si te fijas, hemos sustituido el luego por una imagen más visual y más apreciada en narrativa.

– Adverbios terminados en –mente

Me ocupé en este artículo de los famosos adverbios terminados en –mente, así que a él [no al mismo] te remito.

También me referí aquí a los conectores, de cuándo sí y cuándo… no.

Verbos débiles

Reciben esta denominación los verbos de percepción. Son palabras que interponen una barrera entre el lector y la acción. En lugar de vivir la escena, el lector «ve» al personaje viviendo la escena.

– Ver, notar, sentir, oír, darse cuenta, parecer.

Valora esto:

*Él vio que la puerta estaba abierta»,

en lugar de esto otro:

«La puerta estaba abierta».

Pregúntate si es necesario ese verbo.

¿Y si en lugar de «Notó/sintió un escalofrío que le hizo estremecerse», dices «Un escalofrío lo estremeció»?

Es un vicio muy común en la escritura: el narrador actúa como un intermediario innecesario, explicando lo que el personaje percibe en vez de mostrar el impacto directo que un evento le provoca.

Si eliminas ese filtro la frase gana en fuerza narrativa:

También me ocupé de este tipo de verbos aquí. Ve a él si te interesa profundizar:

Propina 1

Se dio cuenta de que es una fórmula repetida hasta la hartura. Dime si no:

*Al entrar en la habitación, se dio cuenta de que alguien había estado revisando sus cajones porque la ropa no estaba en el mismo orden.

Versión directa (mucho más potente):

Entró en la habitación y se detuvo en seco: la cómoda escupía jirones de seda y los cajones, ordenados cada día hasta el delirio, revelaban un caos alarmante.

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El semáforo ↑ Volver

Escribir es, en gran medida, un ejercicio de poda. Todos tenemos muletillas que se filtran en el borrador sin que nos demos cuenta. Estas palabras no son malas por sí mismas, pero cuando se abusa de ellas, vuelven la lectura monótona y le quitan fuerza a la prosa.

Cada vez que detectes que repites cierto término, búscalo en el panel de navegación de tu procesador de textos. Si es Word, aquí lo tienes:

Fíjate si es interesante que no solo te ofrece la estadística (las veces que la encuentra en el texto), sino en qué páginas puedes rastrear dichos resultados y, si fuera el caso, modificarlos:

Si, a pesar de todo, necesitas esa mirada extrañada profesional que rastree ciertos términos sonoros que no dirías que repites, aquí me tienes.

 

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