Recursos de escritura

Para qué leer poesía

By diciembre 11, 2019 No Comments

Si te preguntas para qué leer poesía, quédate. Voy a contarte que leer poesía es adentrarse en cuevas, territorios crípticos, oscuros, prohibidos; que la poesía se ofrece como un cofre de secretos, ladeando el discurso ordinario. Se cuenta en imágenes y el lenguaje se pliega. La palabra espera que sea precisamente el lenguaje quien desentierre el mundo mientras alguien canta en el lugar en que se forma el silencio. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa. Son palabras que tomo prestadas de Alejandra Pizarnik.

Tomo retazos de este poema inmenso de Vicente Huidobro, en Altazor, su obra cumbre:

A ti que se te hace difícil escribir poesía

Unos pocos versos del Canto I, de Vicente Huidobro, de su obra Altazor.

Verbos y sustantivos se ennovian y matrimonian cuando, en términos de lenguaje ordinario, ni siquiera se saludarían. Y todo porque escribir poesía es producir fogonazos de sentido, hacer revelaciones, ¡hale hop!, como si se chascaran los dedos. Cuando lees poesía, aprendes mil sutilezas.  

En esos pocos versos, mira cómo se te han plantado delante varias cosas: la punta del año que agoniza; la distancia, como ingrediente necesario de la soledad; el propio poeta, radicalmente apartado, y no porque la palabra solo se repita de forma insistente: la construcción descendente y por la que intuyes una deriva fatal es tan reveladora como definitiva.

Escribir poesía es como sostenerse entre peldaños irregulares para contar secretos y es producir imágenes que impactan o en el corazón o en la cabeza o en ambos sitios. Clic para tuitear

Si cambiamos de lenguaje, advertimos que no tienen punta los años, salvo en el imaginario del poeta. Y si hay distancia entre las almas en esos versos, la hay por necesidad: el poeta captura en ese simbolismo la magnitud de su perturbación. A partir de ahí, entre las almas y el propio cuerpo del poeta queda inaugurado un abismo insondable. Es como decir, la Tierra (yo) aquí y Alfa Centauri (el resto del mundo) allí.

Cuál es el objetivo a la hora de escribir poesía

Los poemas buscan crear imágenes a base de exprimir el lenguaje, de forzarlo hasta dar con la palabra exacta. Es la palabra como médula de lo que siente el poeta y quiere transferir; primero a sí mismo, tal vez como un modo de concretar lo difuso; segundo, a un lector sensibilizado con su desdicha (acaso, porque participa de una desdicha similar o la ha percibido y le queda registro de ella).

Porque la palabra, en poesía, es más que mera palabra: se abre en significados para decir más de lo que dice en contextos habituales. El objetivo es comunicar lo privado, lo particular, la mirada que aprehende y hace suyo el mundo. Su mundo. Y el propósito es comunicarlo en un destello, en un chispazo. Y si vengo a contarte para qué leer poesía, aquí lo tienes: para que compruebes cómo se amplifica lo que te rodea y cobra nuevas proporciones.

Cada palabra es más que ella misma. Huidobro dice…

El universo se rompe en olas a mis pies

Los planetas giran en torno a mi cabeza

y me despeinan al pasar el viento que

( desplazan 1

Sin dar una respuesta que llene los abismos

Ni sentir este anhelo fabuloso que busca en la

( fauna del cielo

Hay un sujeto en tensión que es el sujeto-poeta y contra él chocan las zozobras de su propia vida.

Escribir poesía para decir lo indecible

Contra el poeta chocan las olas convertidas en vaivenes de su devenir diario.

El lenguaje da cuenta de ese desasosiego vinculándolo a él con un escenario que no llena abismos. Nada de lo que pasa y le despeina, por importante o definitivo que parezca, le trae respuestas.

En estos versos que siguen, día remite a vida y a su finitud mientras que la naturaleza —ese pez que escucha— permanece impasible al acontecer humano:

El día se suicida arrojándose al mar

Un barco de luces se aleja tristemente

Y al fondo de las olas un pez escucha el paso de

( los hombres

Que vendría a decir: el día termina con el sol ocultándose en la línea del horizonte. Y más…

Leer poesía es interrogar e interrogarse

En esos versos de Vicente Huidobro sobresale una revelación estética y, más que estética, espiritual. Es una poesía que enfrenta al poeta consigo mismo. El poeta se encuentra al borde un precipicio, como un ser confinado en su soledad. En el acto de escribir poesía, interroga y, sobre todo, se interroga.

Y en ese acto busca que entre la palabra y la cosa percibida no solo haya una relación de armonía, sino de identidad. Este poema del Canto I —como el resto de la obra— contiene una deriva de versos (casi) infinitos y se mueve alrededor de esa dinámica.

Termina diciendo…

Silencio

Se oye el pulso del mundo como nunca

( pálido

La tierra acaba de alumbrar un árbol

Es el silencio quien viene en auxilio del poeta. El silencio le permite darse cuenta de que, si la injerencia humana decrece, la esperanza se renueva; si la injusticia o los desaguisados humanos decrecen, cabe concebir posibilidades. El árbol aparece como el emisario de un mensaje que podría ser «es tarde, pero aún se puede». Para mí el silencio sintetiza la necesidad de parar esa mente a la que Teresa de Jesús llamó «la loca de la casa».

Qué es escribir poesía

En el silencio del poema, la tierra acaba de alumbrar un árbol.

Como te he comentado más arriba, las palabras en la poesía dicen más de lo que dicen y lanzan interrogantes. Y a cada uno nos interrogan de un modo particular. Borges diría que el mero hecho de que exista la palabra silencio es en sí mismo una creación estética. Creo que es en vano tratar de buscar un único sentido razonable a este u otro poema; de hecho, ni siquiera depende de lo que diga el poeta respecto de sus versos.

Lo que dice la poesía respecto del lenguaje

He ahí la madre del cordero: el discurso de la poesía es un discurso radical que rebasa las propias palabras. Es como si el poeta llevara al lenguaje al borde de un abismo para forzarlo a confesar que es un artefacto imperfecto; un mecanismo desfasado que se resiste a decir y que, en última instancia, fracasa en el hecho de decir. Si la palabra agua no moja ni siquiera en el lenguaje ordinario, tampoco lo hace en el poético. Pero lo intenta con desesperación.

Si dijéramos…

Hay que quedarse callado para acceder a nuevos significados

o bien

Solo en el silencio se nos revelan posibilidades insospechadas

… ninguna tiene la misma intensidad ni la misma fuerza. Son dos frases que, tal como se dicen, se olvidan. Pero si desde el silencio, se oye el pulso del mundo como nunca, pálido, y en ese preciso instante la tierra acaba de alumbrar un árbol, vemos a la tierra dar a luz. Es una imagen potente. La tierra alumbra un árbol y el poeta, un poema. El Canto I, de Huidobro, nace como si pretendiera hundir sus raíces en el subsuelo más profundo.

Y llegados a este punto, yo misma voy a tener que echar mano de metáforas para decir lo que quiero decir: lo que la poesía cuenta del lenguaje es que el poeta se empeña en picar piedra y sacar esquirlas de la mole granítica de lo indecible; eso, a pesar de que nunca termina de extraer lo que quiere al completo. Es el drama humano y sucede en el poeta de manera mucho más consciente.

A ti, que se te hace difícil la poesía

Que sepas que escribir poesía es diseñar estrategias para decir lo que no se dice en ningún otro lugar. Cuando te acerques a ella, ábrete: te dirá lo que ningún otro contexto. Si algún lenguaje da cuenta de lo misterioso, es el poético. Hay algo fuera de las palabras que, por más que ellas lo intenten, no logran capturar: el lenguaje parece un contenedor de agujeros por donde escapa lo que pretendía contener. Y si hay un ser consciente de esta imposibilidad, ese es el poeta.

La dificultad de escribir poesía

Escribir poesía es sostenerse entre peldaños irregulares para contar secretos.

Los psicoanalistas hablan de dos pulsiones enfrentadas: la pulsión de vida y la pulsión de muerte; dos fuerzas antagónicas que forcejean para seguir sosteniendo la esperanza de que fuera posible salir de ese estado. Pero ¿quién quiere mirar ahí, dejar a la luna en paz en una noche de insomnio? ¿Cómo no decir lo que ya han dicho otros por activa y por pasiva cuando se enamoraron e intentarlo de algún otro modo? ¿Quién se atreve a celebrar la vida, si acaso, y a no decir obviedades?

Pero si te enfrentas a textos poéticos y no te gustan, déjalos. Leer por obligación es la mejor forma de aborrecer lo que se lee. En palabras de Borges: «Tanto valdría hablar de felicidad obligatoria». No, ¿verdad?

Ahora bien, si quieres aprender vocabulario y extraer pulpa del lenguaje, lee poesía.

Propina 1

Platón la odiaba; o quizá no odiaba tanto la poesía como a los poetas que, según él, se creían investidos de dones especiales. Platón privilegiaba el conocimiento.

Felipe Benítez Reyes dice: «Mi relación con la poesía es la misma que con las personas, las ciudades o los vinos. Algunos me desagradan y otros no, y otros muchos me resultan indiferentes». Poco más se puede añadir. ¿Obligaciones con la poesía? Ni es Hacienda ni somos todos quienes decidimos asomarnos ahí. La poesía siempre será marginal. Ojalá pudiera dejar de ser propiedad del poeta y pasar a ser patrimonio de quien la necesita.

¡Ah!, por cierto: si escribes poesía y pretendes decir lo que ya dijo Neruda, pídele permiso.

Propina 2

Cómo terminar este artículo sin hacer alusión a Joan Margarit, flamante Premio Cervantes de este 2019. Te animo a que veas el vídeo de su legado en la Caja de las Letras: si algo tiene de especial, es el vínculo extraordinario que el poeta hace con la lengua; mejor dicho: con la suya, con su lengua materna. De sus palabras se desprende que la poesía es casi un acto de defensa propia.

Nota

Rimar o no rimar, repetir o no, construir un diseño así o un diseño asá. Prometo volver sobre el tema.


1 En el Canto I, Vicente Huidobro utiliza paréntesis de apertura y añade un espacio entre ese signo y la palabra que ciñe. Y no solo: ese verso, además, lleva doble sangrado, algo que el editor de WordPress no contempla entre sus posibilidades. El editor de WordPress parece estar muy lejos de entender las obsesiones del poeta.


 

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