Recursos de escritura

La estructura de un texto

By marzo 22, 2018 No Comments

La estructura de un texto debe contener una serie de premisas. Esto que parece obvio no siempre lo es: un texto tiene mucho de albañilería, de pico y pala, de construcción. Para empezar, debe dejar fuera lo que le impide cumplir su función.

Por descontado, otra obviedad: su función no es otra que comunicar.

La estructura de un texto

Un texto es una estructura que conduce.

Vamos por partes, Jack, que es como podemos seguir de cerca las pistas: qué significa estructura, qué es eso de que el texto cumpla su función, qué son las premisas y qué es lo que no debes que hacer… porque lo empañas.

  1. Una estructura es a un texto lo que un esqueleto es a un cuerpo: un sostén que le impide caer. Una arquitectura.
  2. Que cumpla la función para la que está concebido es que consiga el propósito de decir lo que tiene que decir.

Un escrito con una finalidad va al grano; es como un empleado diligente: lleva a cabo su cometido sin titubeos.

En la empresa se va a la carrera, y quienes nos dedicamos a escribir artículos con diferentes destinos, también. Incluso si tuviéramos todo el tiempo del mundo, lo que escribiésemos debería ser claro como una nube de verano. Ni más ni menos.

Si resulta que un día tú o yo tenemos tiempo, es probable que quien nos reciba en su buzón, real o virtual, no lo tenga. O que se le acumulen las lecturas. Flaco favor si lo enredamos con frases confusas y desorganizadas y repeticiones para tratar de enmendar lo que nace deficiente.

Premisas

Hay una serie de premisas a cumplir para que la estructura del texto no patine por la base:

  1. La información debe ser clara y estar ordenada.
    La estructura de un texto

    Si no pones atención se te puede descuajaringar un poco.

  2. Ese orden debe responder a una lógica.
  3. Debe haber una ligazón entre la idea que se esboza al principio y su desarrollo a lo largo de la exposición.
  4. Pueden añadirse ejemplos e hipótesis que ayuden a crear debate con el destinatario; o con una especie de alter ego del propio autor.
  5. Tendrá una conclusión que se derivará de todo lo expuesto y que dará sentido a lo que se ha venido anunciando.
  6. Debe ser adecuado a lo que dos (o más) se traen entre manos.

La estructura de un texto y lo que no debes hacer

Si no quieres que peligre la legibilidad de tu escrito, atiende a lo que no debes hacer:

  1. Entre sujeto y predicado evita adverbios y acotaciones, es decir, todo tipo de explicaciones que deben ir al final.

Así, no: «Manolo respondió contra viento y marea que lo haría él».

Así, sí: «Manolo respondió que lo haría él contra viento y marea».

  1. Reunir en una frase dos verbos que indican acciones dispares: una cosa es ir; otra muy distinta, responder, como en este ejemplo:

Así, no: «Manolo asistía y respondía en las reuniones de la asamblea a todo lo que le preguntaban».

Así, sí: «Manolo asistía a las reuniones de la asamblea y respondía a todo lo que le preguntaban».

  1. Repetirte, como cuando te pasas de la cuenta zampando y a tu estómago se le acumula el trabajo:

Así, no: «Manolo respondía con respuestas largas a las preguntas que le preguntaban».

Parece un trabalenguas.

Así, sí: «Manolo daba respuestas largas a las preguntas que le hacían».

La estructura de un texto

Un texto sin concierto, una estructura que falla. ¿Hay algo peor?

Lo que sí debes hacer

Esto podríamos llamarlo propina porque no es indispensable para que tu estructura se sostenga:

Una frase pegadiza, motivadora, o que añada un guiño, hace que la estructura de un texto se vuelva mágica: además de una sonrisa te ganarás la simpatía de quien te lee. Clic para tuitear

Imagina algo del tipo…

«Como dice mi jefe, vamos a resolver los problemas que se nos plantean y que los que no se nos plantean se resuelvan solos».

«Amigo mío, si cada vez que nos caemos, nos tendemos la mano, las desgracias no van a tener huecos por dónde colarse».

«No tenemos nada que perder y todo que ganar».

«¿Qué te parece si empezamos haciendo de este lunes un viernes?».

Tiene que ser simpática y oportuna. Debes sentirla y afinar tu intuición. No quieras ser demasiado ocurrente ni pretendas colocarla como lubricante de alguna tirantez. Resuelve primero la tirantez.

¿Sabes qué es un acto fallido? En corto: es querer ocultar algo que se escapa por donde menos lo esperas. Lo que guardas sin resolver puede escabullirse sin tu permiso y hacerte decir lo que no quieres decir. Si no lo calibras, puede brotarte una ironía en lugar de una frase ingeniosa.

Mejor repara las tiranteces antes de pedirle a una gracia que lo haga por ti. Afina tu olfato. La originalidad, a veces, se paga cara.

Con estos datos en cuenta, la estructura de tu texto será redonda. Si dudas, pásalo por la piedra de este analizador de legibilidad o consúltame: mis servicios están a tu disposición.

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