Palabras

El escritor fantasma

By febrero 20, 2019 4 Comments

El escritor fantasma o negro literario: ese sujeto singular que engloba a la pluralidad de escritores que se ganan la vida entre bambalinas; escritores de raza que, como las meigas, no existen, pero que haberlos haylos. Picadores de letras, artesanos de la palabra, vendidos a autores célebres y no tan célebres que pueden darse el lujo de pagar.

El escritor fantasma o negro literario designa al escritor que desempeña su labor sin más taquígrafos que él mismo ni más luz que la de su escritorio. Clic para tuitear

Reciben también otro nombre poco prestigioso: mercenarios. Veremos por qué.

Talentos desiguales

Si existe esta figura del escritor fantasma es porque un tipo de talento no necesariamente conlleva otro. Hay quien es capaz de pergeñar historias jugosas y, sin embargo, puede no saber cómo hacer literatura con ellas. Puede que cierta gracia sea venderse con ídem (o menos ídem) y contarlo; claro, hacerlo por escrito y que tenga la misma enjundia es harina de otro costal.

El escritor fantasma o negro literario

Ni más luz que la de la lámpara de su escritorio.

Está el caso del escritor encumbrado que canjeó la máquina de escribir por las tertulias y los eventos sociales. Puede que además de escaso de tiempo, lo esté de inspiración o de ingenio. No tiene uno todos los años de la vida iguales.

Y más cosas: escribir es un oficio exigente. Tampoco quien tiene algo que contar está obligado a saber cómo estructurarlo o cómo imprimirle el ritmo adecuado; ni lo está a saber cómo combinar audacia con mesura o cómo cautivar.

El escritor fantasma o negro literario: un oficio en la sombra

A veces solo edita o embellece, es decir, contribuye con sus conocimientos a redondear lo que el autor ha esbozado. Pero el escritor fantasma sigue siéndolo aunque su intervención sea menor.

¿Por qué sigue siendo fantasma? Su labor no queda reflejada, no se reconoce que ha estado ahí ni que le corresponde buena parte del mérito. El crédito se lo lleva íntegro quien firma. Ese es el acuerdo. Ni seudónimos ni regalías que se pudieran detraer de las ventas.

Los contratos entre el escritor fantasma y la parte contratante suelen tener una cláusula de confidencialidad en virtud de la cual:

  1. La parte contratada se compromete a no divulgar pormenores relativos al encargo.
  2. La identidad de la figura para la que trabaja queda salvaguardada.
  3. Se pactan unos plazos de entrega y un precio.

No obstante, sea verdad, posverdad o maledicencia: se dice de Vargas Llosa que ofreció en otro tiempo este tipo de servicios y que es él quien tira ahora de ellos. También se dice del rey Stephen King y del mismísimo Shakespeare. Puedes acceder a más información en este artículo de la Wikipedia.

Un invento que viene de lejos

Escritor fantasma o negro literario, que casi se lo denomina más así, al menos, por estos lares. En el mundo anlgosajón, en cambio, prevalece el primero: ghostwriter.

Se cuenta que Alejandro Dumas padre está en el origen de la expresión por tener una factoría de negros a su cargo. Hasta 76, dicen, organizando tramas, recabando datos… Una plantilla que más de una editorial quisiera poder sostener hoy. Y, según la leyenda, un negrero mayúsculo. Aunque algo haría bien el hombre: los negros que se emancipaban para vivir sus propias aventuras literarias, no parecían alcanzar el éxito logrado bajo su techo. Tal fue el caso de Auguste Maquet. Aunque también hay críticos que dicen que quien acuñó el término (Eugène de Mirecourt; corría 1845) tuvo como propósito urdir una campaña de desprestigio contra Dumas padre.

El escritor fantasma o negro literario

Imagínate algo así multiplicado por 76 y con candiles, que a los flexos aún les quedaba un buen rato para hacer acto de presencia.

No solo figuras famosas o públicas, sino músicos, compositores, políticos e incluso papas han utilizado la pluma invisible de algún escritor fantasma.

Pero ¿por qué alguien contrata los servicios de otra persona para que escriba por él y lo oculta?

El escritor fantasma y la ética

Como te decía al inicio, también recibe el poco honorable apelativo de mercenario. La RAE presenta dos acepciones que me interesan en este sentido:

  1. adj. Dicho de un soldado o de una tropa: Que por estipendio sirve en la guerra a un poder extranjero. Apl. a soldado, u. t. c. s.
  2. m. y f. Persona que desempeña por otra un empleo o servicio por el salario que le da.

Eres un mercenario si trabajas para el enemigo o si lo haces en lugar de otra persona… suplantándola. El punto es yo te pago a ti para que tú hagas algo en mi nombre, aunque el mérito será íntegro para míEn ambos casos se refiere a algo poco ejemplar 1. La figura del escritor fantasma crea en el lector la ilusión de que quien firma es el que escribió. Es obvio que se le engaña al lector.

El escritor fantasma o negro literario

En medio de soporíferas sesiones de trabajo, tomando notas para sus memorias, haciendo por rentabilizar cada minuto. ¿O qué creíais, malvados?

¿Imaginas a políticos de la talla de José María Aznar o Felipe González dedicados al noble trabajo de escribir? ¿Los imaginas ocupados en organizar, componer, escribir, reescribir, corregir, recorregir, editar… en medio de esas agendas que gastan?

Tampoco los concibes revelando que no han sido ellos, que detrás ha estado la figura diligente de un escritor fantasma.

¿E imaginas a un escritor fantasma descubriendo el pastel, contraviniendo su acuerdo, cargándose el propio sustento?

El ego del autor

La lana se carda entre dos egos: uno más exhibicionista o poderoso y otro menos dado a dejarse arrullar por alabanzas. Entre el de quien se lleva los elogios y el de quien se brinda a que esto sea así. Entre quien firma y su escritor fantasma, que bien puede hacerlo porque no le interesa la fama; vaya usted a saber por qué. Dos egos, en cualquier caso, que se combinan porque se necesitan: uno poderoso y otro menesteroso.

Dice Víctor J. Sanz: El ego del escritor es una de las pocas cosas que se ven desde el espacio a ojo desnudo. El escritor es una forma de vida compuesta por un gran ombligo y un par de ojos para no dejar de mirarlo nunca jamás.

El escritor fantasma o negro literario

Fíjate, con lo lejos que queda el espacio, y el nivel de detalle… de don Ego Poderoso.

Pero el ego de quien se llama autor sin serlo es, si cabe, más visible aún desde el espacio. El escritor tiene al menos una disculpa: el esfuerzo de articular una gran orquesta y de construir un escenario en el que exhibirla; un esfuerzo que no es comparable al de quien solo puso la cartera. Y sin embargo, ahí está el de la cartera, oteando el mundo desde una atalaya fabricada a su medida. El escritor del ego menesteroso no supo poner coto ahí.

(Hago un paréntesis para decir que son egos de un paradigma antiguo, de un tiempo anterior. Si no los alimentamos, tardarán menos en extinguirse).

Una reivindicación personal

Seguramente sabes que tengo una trayectoria que durante algún tiempo ha consistido en otro noble arte: el de combinar dos ocupaciones, la decoración de interiores y la escritura. Esto viene a que aún no son muchos los libros que he ayudado a que vean la luz y a que también escribo por encargo. No tengo inconveniente en decirlo.

Y no lo tengo por varias razones:

  1. Porque vuelvo a lo del talento y a mi convicción de que no todos valemos para todo, ni puñetera falta que hace.
  2. Mis clientes no solo valoran mi trabajo, sino que lo reconocen en sus publicaciones sin ningún tipo de inconveniente.
  3. Saben que este oficio nada tiene de vergonzoso; que hay hueco para todos los que intervenimos.
  4. Y saben también que este de escribir es un trabajo coral y que es de gente decente reconocer a cada quien por lo que hace; y no solo lo es de gente decente, sino de gente que se conduce con ética.
  5. Que esta labor de contribución en nada desmerece la suya: uno es quien inspira; otro, quien escribe.

Quiero romper aquí una lanza en su favor: gracias a ellos, soy menos fantasma. Somos, sin duda, gente de un paradigma nuevo.

El escritor fantasma o negro literario

Hace ya unos cuantos años…

El escritor fantasma o negro literario

De este hace menos.

He ahí dos niveles de intervención distintos en dos épocas un tanto alejadas en el tiempo; pero mira tú que ya entonces…

Propina 1

De Alejandro Dumas padre se cuenta que, en cierta ocasión, le preguntó a su hijo: «¿Has leído mi nueva novela?». A lo que Alejandro Dumas hijo debió responder: «No, ¿y tú?».

Propina 2

Si conoces…

  • El caso de alguien que haya requerido los servicios de un escritor fantasma.
  • Que al escritor fantasma no le fuera descorrida la sábana en su momento.
  • Y sabes que no se le descorrió por razones de un ego superlativo que ostentaba cartera y solo cartera.

Si no fue por nada de esto y hubo otros motivos, me encantará saberlo. Siempre estoy abierta a que las cosas puedan ser de maneras distintas a como yo las veo; siempre a que tu experiencia sea otra.

Propina 3

Hacer una corrección ortotipográfica y de estilo es otra cosa. Aunque cuesta, pero poco a poco va teniendo la visibilidad deseable, sobre todo, gracias a organizaciones como UniCo.


 

1De igual modo engañan el estudiante y el candidato que pagan que alguien cualificado les escriba su tesis o candidatura. Incluso aunque esto tuviera un recorrido corto y se descubriera al impostor más pronto que tarde, constituye engaño.

Denunciemos ese tipo de prácticas y, desde luego, no seamos cómplices: nos hacen daño a todos.

4 Comments

  • Frida dice:

    No conozco, al menos que yo sepa, a ningún escritor fantasma, pero siempre he tenido la convicción de que se trata de personas que quieren vivir de la escritura y acceden a este tipo de trabajos para conseguir dinero y poder financiarse sus propios proyectos.

    De todas formas, parece un trabajo muy ingrato e injusto. Me alegro que haya quien reconozca la labor de estas personas y le haga un huequito en los créditos, porque de verdad el tiempo y dedicación que le ponéis bien lo merece.

    • Marian Ruiz dice:

      No creo que todo escritor fantasma aspire a vivir de sus propios proyectos. Hablo por mí: con independencia de lo que escribo y que publicaré como propio, me gusta ayudar a embellecer lo que alguien ha escrito con mejor o peor acierto. Darle vuelo, redondear argumentos, enriquecerlo con figuras; a veces, escribirlo todo de arriba abajo. El mero hecho de hacerlo me encanta. Eso sí: lo reivindico; reivindico salir en los créditos.
      Habrá quien ni siquiera se lo plantee. Si no le supone conflicto, mejor para él o para ella, pero encuentro que el trato es turbio, como digo en el artículo, y que hay algo de vergonzoso en la práctica.
      Un abrazo.

  • John dice:

    Al menos se de un infame negrero -pero tengo la intuición que hay muchos más en igual situación pero más discretos-, que necesitaba la tesis para poder ser enchufado en la universidad y pagó a un negro para que se la escribiese, luego presumía de ello, como una burla a los que la escribimos por nosotros mismos.

    Ken Follet tiene fama de negrero, aunque no se si es un bulo.

    • Marian Ruiz dice:

      Más delito tiene quien se brinda a aceptar un tipo de encargo así que quien lo propone. Quien lo propone es un sinvergüenza que se conduce sin ética, pero la sinvergüencería (o sinvergonzonería) queda interrumpida si no encuentra amparador. De no rechazar algo así, bien merecido tiene que el desalmado venga de vuelta con el choteo. Si eso no es una invitación clara a sacar conclusiones, apaga y vámonos. (Eso, sin entrar en el favor que ciertos elementos hacen a la universidad).

      De lo de Ken Follet, ni idea.

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