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De la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual

By septiembre 26, 2018 4 Comments

El camino que lleva de la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual está pavimentado de yameentiendes.

Las palabras que conoces definen, delimitan1 y limitan2 lo que puedes leer; no solo lo que lees, que, a buen seguro, coincidirá con lo que puedes leer.

Pongo por caso: las palabras que se emplean en un cómic o en un cuento —sirva solo como ejemplo y con independencia de la calidad de los mismos— plantean un nivel de desafío mucho más modesto que el de una novela o un ensayo (bueno, también depende de la novela, claro). Incluso el de un artículo o una columna periodística.

Cómo se construye el vocabulario

Voy a decirte una verdad de Perogrullo: se construye, en primer lugar, hablando; en segundo lugar, leyendo; en tercero y, sobre todo, asimilando.

Ten presente que de la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual hay un camino corto: se llama pasividad, ‘total, si ya me entiendes’; o su variante: ‘si ya me entienden’. Clic para tuitear

Lo que forma parte de tu equipaje lingüístico es lo que has sido capaz de decantar de todos esos actos: de habla conversacional, de lectura y de asimilación, tanto de lo uno como de lo otro. En definitiva, de lo que has podido hacer tuyo.

De la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual

Ve anotándolas. Construye tres o cuatro frases con esas palabras tan nuevecitas. ¡No imaginas la fiesta que se arma en tu cerebro!

Y difícilmente harás tuya una causa con la que no tomas contacto o en la que no te involucras.

El modo más fácil, accesible y recomendable de que amplíes tu vocabulario es leer siendo consciente de que vas a hacer algo más que mero leer.

  • Un modo es compartir tu experiencia, contársela a alguien.
  • Otro es escribir, hacer resúmenes de lo leído, reproducirlo con tus propias palabras.

Dos tropiezos cada veinte

Contamos veinte palabras desde este inicio de frase: imagina que lees en alto y que cada veinte tienes dos tropiezos.

Veinte son las que computa el procesador hasta ese primer punto anterior. Si hasta ahí has tenido dos dificultades en leer de corrido —en alto— y si este artículo fuera de dos o tres páginas, te resultaría muy costoso continuar. Puede que lo hicieras por una motivación específica, pero me atrevo a decir no volverías por aquí.

Sé que no es tu caso, porque el hecho es que vuelves, persona que me lees. Tu riesgo de pasar de la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual, puesto que ya hemos hecho migas (y me seguirás leyendo, lo intuyo), es nulo.

De la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual

Con lo de los tropezones, aunque me dirija a ti, no me refiero a ti, sino a todas las que pasan de largo.

Respiremos aliviadas.

Érase una persona pegada a un diccionario

Debes integrar lo que lees. ¿De qué otro modo relatarás tu experiencia lectora? ¿De qué otro modo podrás hacerla tuya?

De la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual se pasa cuando el entorno ni exige ni provee. La atrofia del músculo está en marcha. Clic para tuitear

Puede que encuentres partes más costosas de entender: vuelve sobre ellas, consulta los términos que no conozcas. Busca palabras sinónimas. ¡Pregunta!

Tan claro como la luz que nos alumbra: no podrás asimilar lo que lees si no trasciendes, si no vas más allá de una lectura solo lineal. Es imprescindible que veas cómo se conectan unas palabras con otras, cómo dan forma a la idea, al concepto, a cierta información. De lo contrario, no estás leyendo. Un loro amaestrado podría hacerlo igual que tú.

De la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual

Imagina que lo tienes que contar para que te entienda todo dios.

Tienes que descubrir a dónde apuntan las palabras. El diccionario es tu aliado; por cierto, no es elástico.

Cómo se manifiesta la pobreza intelectual

No tener a mano las palabras adecuadas es un desastre de proporciones devastadoras. Se parece a vivir amordazado. Es estar transitando de la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual con pocas expectativas de redención.

Piensa: tienes que redactar una queja, hacer un comentario que diga algo más que obviedades, dirigirte por escrito a un bufete de abogados, a la administración. O te enfrentas a un relato, una novela: ¿cómo accedes a ese pulso que demandan las intuiciones profundas, los pormenores, los detalles?

De la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual

¿Sabes que pobreza intelectual presupone falta de imaginación? La imaginación también hay que entrenarla.

Es difícil que puedas explicarte o narrar sin los apoyos suficientes. Te digo lo que harás:

  • Repetirás palabras de forma aleatoria, sin una intención estética, enfática.
  • Utilizarás comodines que te alejan de la concisión, es decir, términos como asunto, cosa, algo, y verbos como hacer, realizar, tener, haber. Abusarás del sentir. Nos volvemos muy sentimentales ante las lagunas del vocabulario.
  • A tus expresiones les faltará claridad:

Lo vi cuando miraba el escaparate

(¿Quién miraba: él o yo?)

Tina y Josito llegaron antes que nadie a casa de sus padres

(¿De los padres de quién?)

Fernando comunicó todas las cosas importantes a sus vecinos

(¿Qué es eso de ‘las cosas importantes’? ‘Cosas’ son objetos; no son temas, asuntos o cuestiones a tratar)

  • Incurrirás en vulgarismos: amputarás letras (cansau, agobiau) o las añadirás donde no se necesitan (amoto, ajuntar).
  • Pondrás tildes inoportunas (fé, guión, ésta, aquél) y pasarás por alto las que debieran estar.

Podría seguir enumerando dislates, pero valgan estas pequeñas muestras para evidenciar de qué va esto de la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual.

Escapar de una jaula denominada de la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual

Se puede hacer:

  • Birlándole las llaves al carcelero.
  • Buscando entre barrotes esa distancia un poco más ancha.
  • Ensanchándola cada día a base de hacer músculo.
Belleza, inteligencia, sentido crítico... ¿Cómo desplegar aspectos así en medio de una sopa de pobreza intelectual? Acabamos siendo absorbidos por la normalidad. Clic para tuitear
De la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual

¿Ves cómo hay un hueco que es más ancho? Dale ahí.

Vale, sí, es una metáfora.

Ahora, sin metáforas:

  • Tiene que haber una inquietud, un deseo de salir lo bastante fuerte como para dejarse de inercias.
  • También determinación para oponerse a lo fácil3.
  • Lectura comprometida: leer cada día, empezando por temáticas afines y, poco a poco, virando hacia otras que supongan pequeños desafíos intelectuales.
  • Las alianzas con el diccionario y con quienes saben más que tú han de volverse imprescindibles.

Ese es el procedimiento para salir de la jaula de la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual. No te demores en callejones como el de abajo, que no permiten fugarse. Salvo que aprendas a trepar a lo Spiderman.

La enfermedad de este siglo se llama pobreza intelectual. Es el resultado de una parálisis social y personal (¿o es al revés?) y tiene un diagnóstico feo. Clic para tuitear
De la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual

Callejón sin salida. Ya me dirás cómo escapar de ahí sin el traje de marras.

¿Cómo, si no? Seamos realistas.

 

Propina 1

Se sale, se puede. Siempre estás a tiempo. Las lecturas y el diccionario tienen grandes cualidades pacientísticas4. Eso sí: cuanto más tardas, más pierdes tú.

Propina 2

Un recurso para ir coleccionando palabras: forra los libros que leas con papel donde puedas escribir. Ve anotando ahí cada término que no conozcas y la página donde aparece: no necesitarás acarrear diccionario si no estás en casa.

Otra opción es bajarte una aplicación para consultarlo en línea, pero recuerda que la cobertura fallará cuando más la necesites. Te remito a lo del forro en blanco.

De la ruta que va de la pobreza de vocabulario a la pobreza intelectual solo puedes salvarte tú.

Propina 3

Si lo tuyo es emular al presi de los EE.UU. de cuyo nombre no quiero acordarme, allá tú, pero te anticipo que necesitarás mucha pasta. A las melanias solo hay dos modos de seducirlas: o por el verbo o por la pasta.

No dirás que no vas advertida.

 


1 Delimitar es marcar los límites de algo. En este sentido, tú misma, persona que me lees, acotas hasta donde llegas por las elecciones que haces; es decir, marcas tus propios límites, a tu pesar lo haces.

2 Limitar es frenar. En este caso, cualquier cosa que tenga más de unas pocas páginas te frenará. ¿Para qué aventurarte con algo que no entiendes?

3 Lo fácil es todos esos lugares de donde vienes: el yameentiendes, el quemasdá, el siyalopillan.

4 Pacientística no la busques: no existe. Es uno de esos inventos a los que acostumbro. De haber sido rigurosa, tendría que haberla puesto en cursiva, pero voy a hacer un yameentiendes. 

4 Comments

  • Me ha encantado el artículo, Marian. También te digo que hay algunos cómics (europeos sobre todo) que tienen una gran riqueza de vocabulario. He entendido todas las palabras que has escrito, así que voy a tomarme una cerveza para celebrarlo 🙂

    • Marian Ruiz dice:

      Haces bien, David. El amor a uno mismo está antes y por delante del amor al prójimo, así que celebro tu nivel y tu cerveza, merecida sin duda. Un día que nos veamos me prestas uno de esos cómics a los que te refieres. Bien también por los cómics, en tal caso. ¡Marchando otra cerveza para ellos! 😀

  • Ana Bolox dice:

    Este tipo de artículos me dan una pena, Marian, porque reflejan una realidad cada vez más extendida. :'(

    PD: ¿Cómo andas?

    • Marian Ruiz dice:

      Mientras tú y yo sigamos desenfundando nuestras espadas literarias, el enemigo lo tendrá un poquito más difícil. 😉

      PD.: Blandita, justita. Al otoño le cuesta menos que a mí desprenderse.

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