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Claves para escribir los diálogos

By mayo 20, 2020 4 Comments

Quien escribe busca claves para escribir los diálogos de forma correcta, aunque no todos las encuentran. Hay muchísimo material publicado acerca de esto, y, sin embargo…, valdrá la pena contarlo una vez más: siguen llegando manuscritos que no parecen haberse encontrado con página alguna que desvele tal e inefable misterio.

Esto arroja una verdad tremenda: la tarea de la corrección de una novela se vuelve muy fatigosa. Y me dirás que es trabajo de la correctora enmendar lo enmendable; sin duda, lo es. Como también lo es que la correctora es una persona humana. Significa que a mayor cantidad de correcciones, más posibilidades también de que se le pasen detalles.

Para dar pie a un diálogo se utilizan rayas. Ni guiones ni guiones medios ni rayas cortas ni viñetas, ni ningunos otros signos más o menos llamativos. Clic para tuitear

Y de que se le salten los puntos.

Claves que considerar a la hora de escribir diálogos

Un diálogo exige, cuando menos, una interacción entre dos.

La correctora es un alma sensible: le cuesta entender que quien ama la materia prima con la que trabaja no ponga mayor esmero en ella.

Algunas distinciones necesarias: signos que no inician diálogos

Antes de empezar con el detalle de cada caso, expresemos la regla general: los diálogos van precedidos siempre de una raya.

Una raya no es esto: [-]; eso es un guion corto. Lo obtienes pulsando Crtl+Mayús+_ (guion bajo) en el teclado numérico. Sirve para unir palabras que de otro modo irían separadas:

hombres-buzo; eso es un no-me-da-la-gana; ítalo-alemán; investigación-acción.

Tampoco es esto: [–]; eso es un guion largo. Sale con esta combinación: Ctrl+- (guion del teclado numérico, situado a la derecha). Se utiliza para hacer listas:

En el botiquín:

– tiritas

– esparadrapo

– alcohol

– vendas

Y el guion largo tiene riesgo: tu procesador de textos no sabe que pretendes abrir un parlamento; es fácil que te lo separe de la palabra a la que acompaña. ¡Y pasa muy a menudo!

Escribir diálogos correctamente

Los diálogos son instrumentos de la ficción y sirven, entre otras cosas, para que el lector no termine echándose la siesta.

Mira:

  • ¡Qué manía con poner guiones en lugar de rayas! Y, claro, luego pasa lo que pasa…

¡Ojo! Recuerda que tanto el guion corto como el largo tienen otros usos.

Y este puntito…

  • Este puntito de la izquierda es una viñeta. No inicies un parlamento con esta marca. También es para otros usos.

La raya de diálogo introduce cada parlamento de un personaje

El narrador es también un personaje cuya misión es conducir la historia como una voz en off. Aunque en este caso lo llamaremos narrador para distinguirlo de los actores, a los que llamaremos personajes (propiamente dichos).

Cada vez que un personaje va a hablar, se sangra el texto, esto es, se empieza más adentro, un poco más a la derecha que el resto, y se coloca una raya de diálogo.

Una raya de diálogo es esto: [—]. Y el procesador no te la separa de la palabra a la que ha de ir pegada:

—Aquí tiene, señorita Alarcón.

Y si quieres que el narrador matice o indique algo, nueva raya pegada a la primera palabra de la acotación:

—Aquí, señorita Alarcón —dijo mientras consultaba la hora.

[1.ª raya: parlamento personaje. 2.ª raya: voz narradora y en minúscula. ¡Y pegada a las palabras que acompañan!].

Aparte: cada vez que interviene un nuevo personaje, baja un espacio (un renglón):

—Muy agradecida, señorita Lavinia —respondió sujetándose la credencial.

—No tiene por qué darlas —dijo con visible tirantez.

Claves para escribir los diálogos según el tipo de verbos

Aquí viene cierto lío o cierta confusión entre estas tres situaciones que siguen:

—Ya estamos cerca —dijo Rebeca.

[Mismo caso de antes: raya para el personaje y raya para el narrador pegadita a la minúscula que va delante].

En cambio, aquí hay una diferencia: después de mar hay un punto. Y después de la segunda raya, una mayúscula.

—No sé cerca de qué… No se ve el mar. —El hombre se quitó el sudor con la manga.

¿Por qué?

Porque los verbos en uno y otro caso son distintos.

Claves para escribir diálogos cuando el personaje habla y calla

A veces, el personaje habla, dice lo que tiene que decir, y calla. Y el narrador no se mete. Solo va una raya indicando que se trata de un diálogo en forma directa:

—Os veo mañana.

—Ya.

Esto mismo, dicho de forma indirecta, podría ser:

«Os veo mañana», les dijo; y Mireya contestó que ya, como si no se lo creyera.

Verbos de habla o dicendi vs. verbos de no dicción

Otras veces, el narrador no se conforma con narrar. A veces, habla un personaje y el narrador mete baza para aclarar algo.

A veces lo hace con verbos como dijo, añadió, replicó, repuso, contó, aclaró, amenazó, asintió…; verbos que indican el modo en que habla un personaje. Son verbos declarativos, de habla o dicendi.

Y van en minúscula y pegaditos a la raya que les precede:

 —No se ve el mar, no; lo que se ve es una cuesta del demonio… —añadió Felipe.

—¡Yo me rindo! ¡Estoy harto! —gritó Pedro soltando las bolsas y la hamaca.

Verbos no dicendi, de no dicción o no declarativos

Aquí también se entromete la voz narradora, pero para expresar acciones o situaciones. En los ejemplos que siguen no hay verbos que digan cómo hablan uno y otro personaje. Los verbos reproducen lo que pasa o en qué situación se encuentran los personajes:

—No sé cerca de qué… No se ve el mar. —El hombre se quitó el sudor con la manga.

—Esperad aquí y no os mováis. —La mujer echó a andar dejándolos plantados allí.

Lo que hay ahí son imágenes, escenas que dan cuenta de situaciones.

Cómo escribir diálogos y puntuarlos bien

Esto, por ejemplo, es una situación. Nadie habla. En medio de un diálogo entre dos o tres personas, la voz narradora puede meter cuña y decir que Ernestina permanece ajena al rifirrafe que se traen los demás. E iría entre rayas (no Ernestina, sino la cuña que mete el narrador).

Una vez que el personaje dice lo que tiene que decir, se pone punto-espacio. Y para dar pie a la voz narradora: raya-mayúscula.

En ambos casos, con verbos dicendi o no dicendi, si la acotación termina y se hace silencio, se termina con un punto ¡y sin raya!

Y se baja de línea. A cada intervención de un personaje le corresponde una línea nueva.

Claves para escribir diálogos cuando el personaje sigue hablando

Un personaje habla, el narrador se inmiscuye para matizar lo que sea y el personaje sigue hablando. De nuevo hay que ver cómo late ese verbo; si las pulsaciones dicen cómo habla tal actor (verbos dicendi) o si, por el contrario, se dibuja una situación (verbos no dicendi).

Con verbos dicendi

La situación es la siguiente: el personaje habla, la voz narradora interviene y el personaje continúa con lo que tiene que decir:

—Yo tampoco sigo… —añade Sonia tirando la sombrilla al suelo— o me fundiré en cuanto lleguemos a esa curva.

Ese apunte que hace la voz narradora —que no sabe callar—, va entre rayas.

Puede ocurrir que habla el personaje y pronuncia una frase completa; seguido, entra la voz narradora. En tal caso, el punto va después del blablablá del narrador.

—Lucía también se queda —añade Sonia tirando la sombrilla al suelo—. Yo solo digo que miréis la cara que lleva.

Ahí tienes dos frases completas y, entre medias, la intervención del blablablá.

Pero fíjate: el punto va después del blablabá, tras la raya (y pegado a ella) que cierra el inciso.

Con verbos no dicendi

Ahora tenemos una situación con un verbo que no es de habla.

—Sí, sí, claro. Podéis achicharraros todos aquí. Por mí no hay problema. Rebeca se palmoteó la cara para espantar dos o tres mosquitos que le rondaban a la altura de los ojos—.  Solo recordad que no fue idea mía y que el agua no vendrá a buscaros.

Como ves, el inciso de la voz en off —el blablablá— va entre rayas y se inicia con mayúscula. Y antes, al término de las frases que pronuncia el personaje, va punto.

La secuencia es: punto tras habla del personaje-espacio-raya-mayúscula para iniciar la acotación.

Más claves para escribir diálogos

De nuevo hay que discriminar el tipo de verbo: de habla o de situación.

1. Con verbos dicendi, las acotaciones empiezan en minúscula, incluso si hubiera signo de interrogación o de exclamación.

—¡No sé qué tengo que hacer! ¡Espabila! —exclamó ella sacudiéndolo con fuerza.

—¿Por qué no me dejas en paz? —repuso él.

Ojo, aunque Word te las subraye como incorrectas, esas acotaciones con verbos dicendi van en minúscula.

2. Con verbos no dicendi, la acotación se inicia en mayúscula de todos modos.

—¡Sacúdele de nuevo a ver si despierta! —Y lo sacudió de nuevo, pero solo consiguió que se largara dando un portazo—. No sabe lo que se pierde.

Puntuar correctamente los diálogos en la ficción

Puede que los diálogos no se den entre humanos, pero no los desdeñes: la ficción es democrática y no hace distingos de diálogos entre especies.

Nota: en el siguiente apartado, hay una excepción a esta regla. Es sencilla; no sufras.

Y se finaliza así:

  • Si el personaje no continúa hablando tras la acotación, se pone punto. ¡Sin raya!

—¡Sacúdele de nuevo a ver si despierta! —Y lo sacudió de nuevo, pero solo consiguió que se largara dando un portazo.

Y siempre:

  • La raya va pegada a la primera palabra o signo de exclamación o interrogación que abre el parlamento  [—¡Sacúdele]. Y, de igual modo, va pegada a la que abre la acotación [—Y lo sacudió de nuevo]. Como en el resto de ejemplos que he mencionado.

Dos casos especiales dentro de las claves para escribir diálogos

No es objeto de este artículo detallar aspectos más menudos dentro de las claves para escribir diálogos, pero sí algunos casos singulares:

a) Cuando la acotación con un verbo no dicendi ¡tiene el mismo tratamiento con verbo dicendi!

Mira:

—Prométeme que si te cuento lo de Lucía —se golpeó los labios con el dedo índice—, no dirás nada.

La frase completa es:

«Prométeme que si te cuento lo de Lucía, [coma] no dirás nada».

Podríamos decir que el narrador interrumpe poquito, haciendo el menor ruido posible para no truncar la intervención del personaje.

*Así, no. Es de lógica:

—Prométeme que si te cuento lo de Lucía. —Se golpeó los labios con el dedo índice—. No dirás nada.

*Ni así; también es de lógica: ¿qué hace esa coma en medio de nada?

—Prométeme que si te cuento lo de Lucía. —Se golpeó los labios con el dedo índice—, no dirás nada.

b) Se introduce un diálogo dentro de otro diálogo:

A veces, un personaje que está hablando cuenta cosas que se dijeron (o que alguien dijo) en otro momento. En esos casos, hay que echar mano de las comillas: «…».

Atajos de teclado:

  • para las de apertura [«]: Alt+174 en el teclado numérico (las tres filas de la derecha del teclado).
  • para las de cierre [»]: Alt+175, igual: pulsando los números en el teclado numérico.

Un caso más dentro de las claves para escribir diálogos

Puede que el parlamento se alargue… durante unas cuantas líneas. Tienes dos opciones:

a) Continuar como empezaste: con la raya de diálogo y dar cancha al personaje hasta que termine su intervención.

—Dejé de beber —dijo—. Mejor dicho: no lo dejé exactamente, pero eché el freno. De lo contrario, no habría sabido ni dónde tenía la mano derecha. El cabrón de tu marido quiso aprovecharse de mi debilidad y jugó con fuego.

Y blablá, blablá, blablá, blablá, blablá, blablá… durante dieciocho líneas.

Al final de las dieciocho, pon un punto.

b) Bajar de línea utilizando las comillas de cierre, que este caso se transforman en comillas de seguir: [»]. Esta medida es muy práctica cuando la perorata se alarga mucho.

—Dejé de beber —dijo—. Mejor dicho: no lo dejé exactamente, pero eché el freno. De lo contrario, no habría sabido ni dónde tenía la mano derecha. El cabrón de tu marido quiso aprovecharse de mi debilidad y jugó con fuego.

»Me invitó a no sé cuántas copas en el club. No vio que se iba formando un charco a mi izquierda con las que no bebía. Luego montamos en el coche y quiso que yo condujera. Di varios volantazos para hacerle creer lo que quería y nos dirigimos hasta la carretera del acantilado. Y blablá, blablá, blablá, blablá, blablá, blablá durante una página entera (o más o menos). Al término, pones un punto y ya (en inglés, se cierran comillas; en español, solo cuando se trata de una cita literal).

Escribir y puntuar diálogos de forma correcta.

Aquí tienes un resumen de los casos más frecuentes, con su sangría, diálogos dentro de diálogos, verbos dicendi y verbos no dicendi, parlamentos que siguen y que no, comillas de seguir cuando un personaje toma la palabra y parece que no va a soltarla…

Y si todavía no te ha quedado claro y lo tuyo es ir hasta el fondo, visita estas entradas de mi compañera L. M. Mateo. Te dejo el enlace a la primera y… ella te lleva a las dos que siguen.

Propina

Puntuar los diálogos de este modo y no de otro obedece a una convención. Las cosas de la lengua son así: se adoptan fórmulas encaminadas a hacerse entender.

Y las convenciones tienen sus manías: la norma indica que cada intervención de la voz narradora debe ir entre rayas. Sin embargo, esto no es así: en presencia de un verbo dicendi y si el personaje calla, se pone punto: 

—Estamos cada vez más cerca —dijo Rebeca.

Después de «Rebeca» se escribe raya solo si el personaje (Rebeca, en este caso) sigue hablando:

—Estamos cada vez más cerca —dijo Rebeca—. Solo hay que subir ese repechín, luego una recta, un par de curvas y… ¡la playa!

4 Comments

  • Hola, Marian:
    Gracias por un post tan claro e ilustrativo.
    Me surge una duda si me permites. Tomando el ejemplo del apartado de los casos especiales, si se escribe:
    —Prométeme que si te cuento lo de Lucía. —Se golpeó los labios con el dedo índice—. No dirás nada.
    A mi entender el personaje habla, se calla para realizar la acción y vuelve a hablar.
    Por otra parte,
    —Prométeme que si te cuento lo de Lucía —se golpeó los labios con el dedo índice—, no dirás nada.
    indica que se golpea los labios mientras dice lo primero y luego termina la frase.
    ¿Es correcta mi interpretación?
    Muchas gracias de antemano.
    Saludos y bendiciones 😊.

    • Marian Ruiz dice:

      Hola, M. Carmen:

      Tal como yo lo veo, en ese primer caso, el ‘si’ condicional exige la condición antes de poner punto alguno: «Prométeme que si te cuento lo de Lucía» es una oración subordinada, dependiente. Es decir, nunca partiríamos una condicional en dos cláusulas independientes porque por propia naturaleza, la del ‘si’ se apoya en esa otra parte. En el ejemplo, el personaje se golpea los labios al tiempo que habla, aunque el detalle queda omitido porque, a mi juicio, el lector puede sobreentenderlo. Podría entenderse como dices tú igualmente: el personaje hace una pausa entre ambas partes de la oración, pero seguiría sin el punto previo a la acotación.

      Si dices la frase exagerando la entonación, lo ves: ves que sube después de «Lucíaaa» y va bajando al enganchar con «no dirás nada». Porque es una y la misma oración.

      Espero haberme explicado. Muchas gracias a ti por tu interés.
      Un abrazo literario.

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