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La función de las descripciones en la narración literaria viene a ser algo así como mirar para contar.

En una novela —toma buena nota—, las descripciones cumplen funciones estructurales y emocionales. No son «relleno», sino uno de los mecanismos principales para convertir hechos en experiencia narrativa.

Dicho de otro modo: son una manera de adentrar al lector y que la lectura sea mucho más inmersiva.

Pero no confundas narrativa (escritura) con lenguaje cinematográfico (visual).

Pongamos contexto, ahora que quizá acabas de volver de vacaciones: si escribes, seguro que regresas con algo más que fotografías. Regresas —si has prestado atención— con gestos, voces, espacios, reacciones y contrastes; es decir, regresas con material narrativo.

Ahora bien, que hayas observado no basta. La literatura no reproduce la realidad como una cámara de vigilancia; al contrario, selecciona, ordena y dota de sentido. Ahí comienza la verdadera función de las descripciones en la narración literaria.

Para qué sirven las descripciones en la narración literaria

No te pongas a enumerar todo lo que podrías haber visto en una persona, en un lugar o los matices de un objeto. Elige para producir cierto efecto en el lector: bien revelar un carácter, suscitar tensión o sembrar un cambio que tendrá lugar más adelante.

Por eso mismo, en una habitación, no siempre importa el color de las paredes, la disposición exacta de los muebles o el número de ventanas. En cambio, una cama hecha con primor en una casa abandonada puede ser suficiente para suscitar inquietud.

Tampoco necesitas indicar si determinado personaje se peina así o asá o tiene la nariz chata o aguileña. Puede resultar más relevante que doble una servilleta con toda la parsimonia del mundo en el momento de recibir una mala noticia.

Imagina dos personajes que reciben la misma noticia: uno puede soltar una carcajada nerviosa y otro callar y ponerse a ordenar objetos en la mesa; o entrecruzar los dedos y miraren diagonal como queriendo atar cabos. Depende de la historia interna de cada uno.

Muchas veces no es tanto lo que dice el personaje, sino cómo reacciona:

—Estoy bien —dice Alfonso, aunque su tono solo revela una fingida convicción.

Evita mirarla y se muerde el interior de la mejilla.

O bien:

Y la ciñó entre sus brazos, más por apaciguar su propio temblor que por otra cosa. Pero ella también temblaba.

Una pregunta que puedes hacerte es la siguiente: «¿Qué necesito inducir en el lector en este preciso momento?». O bien, «¿qué quiero que perciba?».

Cómo describir personajes sin hacer una ficha policíaca

Las vacaciones ofrecen un muestrario de comportamientos poco común. En aeropuertos, playas, hoteles, pueblos, restaurantes o visitas guiadas tienes todo un catálogo de reacciones: cuando las personas esperan, se pierden, tienen calor, se sienten mal atendidas o tienen que compartir un espacio reducido con desconocidos.

Esas reacciones dicen mucho más que el color de los ojos.

La descripción de un personaje funciona cuando reúne apariencia, movimiento, voz, hábitos (y manías) y modos de relacionarse con el entorno.

De hecho, no es igual decir que alguien es autoritario que mostrar cómo corrige al guía delante del grupo. Incluso cómo se anticipa a responder preguntas que van dirigidas a otras personas. O cómo se mueve y ocupa el espacio que ocuparían dos.

Tampoco hace falta escribir que una mujer se siente insegura si se alisa la falda antes de entrar; o si se repinta los labios con un espejito de mano y ensaya una sonrisa en el cristal de un escaparate; o si deja pasar a todo el mundo. Ni hace falta escribir que está nerviosa o que tiene miedo si se le resbalan las llaves cuando trata de abrir la puerta.

Este tipo de descripciones evita que la voz narrativa tenga que explicar lo que el lector puede deducir.

Evita las descripciones tópicas o tediosas

Hay personajes florero —como hay adjetivos florero— y descripciones que también sobran: son como jarrones con flores de plástico.

Una descripción puede ser larga y estar justificada si va modificando la percepción del lector. En cambio, una frase breve o una acotación que solo añade algo obvio o explica lo evidente sobra.

Huye de imágenes que podrían pertenecer a cualquier otra novela. «Mirada intensa», «paisaje singular» o «pueblo pintoresco» son tan intercambiables como las pantuflas de un hotel.

Pregúntate qué tiene ese pueblo que no tenga otro o cómo se manifiesta esa intensidad. O qué podrías decir de ese paisaje para que el lector pueda verlo con una descripción.

Tampoco vuelques de golpe lo que puedes decir de un personaje. Distribuye la información.

Ya lo hemos dicho: no se trata de hacer fichas policiales, sino, muy al contrario, de que el lector se familiarice con ellos a través de cómo actúan: unas manos al pagar, una cicatriz cuando alguien se recoge el pelo o se quita una visera. ¿Arrastra los pies al recorrer un pasillo? ¿Golpea el suelo con los tacones como si lo taladrase?

Y más preguntas que puedes hacerte: ¿a qué huele ese hotel?, ¿qué le trae a la memoria a ese personaje? El sillón de dentista que hay al fondo del pasillo, con un foco cenital sobre él, ¿qué efecto le produce?

De este modo, el lector se hará una composición mucho más precisa tanto de los lugares como de sus ocupantes.

Las descripciones en la narración literaria: elegir una mirada

No aspires a agotar la realidad, sino a encauzarla. Tú decides qué iluminas, qué dejas fuera y desde qué lugar invitas al lector a mirar. Por esa razón, una buena descripción no tiene por qué ser bella ni pormenorizada, sino que parezca inevitable dentro de la escena.

En ocasiones, le permitirá al lector sentirse dentro de un lugar; en otras, comprender una emoción o reconocer un gesto y sospechar un conflicto.

Quizá las vacaciones han detenido durante unas semanas la escritura, pero la mirada ha seguido trabajando. A la vuelta, los distintos tipos humanos, los modos de reaccionar y las localizaciones pueden volverse prosa narrativa; eso sí, a condición de que pasen por el filtro necesario: no cuentes de pe a pa cuanto hayas tenido delante y extrae lo que hará que la historia empiece a moverse.

Ten presente que las descripciones construyen relaciones entre los personajes: cómo alguien mira, evita, toca o interpreta a otro define poder, deseo, resentimiento, confianza, duda, rivalidad. Reflejan un punto de vista.

Si tu protagonista entra en una casa y se queda inmóvil mirando una puerta, el lugar se presenta amenazante; si entra con paso resuelto, enciende la luz y se descalza, el lugar parece seguro.

Una simple reacción puede cambiar por completo el significado de un diálogo entre dos o tres personas. Aprovecha para colorear ese mundo narrativo con las descripciones.

Descripciones objetivas y subjetivas

Una descripción objetiva aspira a ofrecer datos precisos. Interesa para que el lector ubique la escena en un determinado lugar, conozca el funcionamiento de un objeto o capte cierta circunstancia relevante para la trama.

Las descripciones en la narración literaria

«¿Cuánto hace que alguien no se sienta ahí?».

En cambio, en una descripción subjetiva, el foco se centra en el personaje: qué valoración hace, qué percibe o qué siente al respecto o cómo interpreta lo que pasa. No dice para sí cómo es algo, sino cómo lo vive.

Ambos tipos de descripciones pueden convivir y a menudo lo hacen. Es más, la precisión aporta verosimilitud, fortalece la emoción, crea continuidad emocional, muestra consecuencias; en definitiva, hace que los eventos pesen.

Compara el efecto de estos dos modos de describir una habitación:

«El cuarto era triste. La luz de las rendijas apenas dejaba ver qué había allí».

Es una descripción general.

«Abrió la puerta. Una persiana atascada a media altura, un vaso con una marca de labios y una maleta sin deshacer: no había errado en su búsqueda».

Esta es una descripción que se aleja de la abstracción y sostiene una lectura subjetiva. ¿No resulta más sugerente y efectiva desde el punto de vista literario?

Una descripción en la narración literaria

Una descripción efectiva permite mostrar en lugar de explicar. Recuerda que esta es una de las bases del principio narrativo muestra, no cuentes. Aquí tienes un caso práctico.

No significa que contar esté prohibido, sino que es recomendable privilegiar la imagen literaria. Me ocupé en este otro artículo de matizarlo.

En lugar de:

«Estaba enamorado» o «se había enamorado sin remedio».

Podrías describirlo así:

«Se sentó en el mismo banco en el que ella había estado leyendo tres días antes».

En lugar de:

«El padre había muerto».

Aquí tienes una descripción enfocada en la reacción humana específica:

«El hijo seguía poniendo otro plato en la mesa sin darse cuenta de por qué lo hacía».

Eso, en lugar de un simple dato.

Las descripciones de cómo reaccionan los personajes sirven, por consiguiente, para transformar información en experiencia humana. Son el puente entre la trama y la emoción del lector.

Propina 1

Corre un mito por ahí: Las descripciones literarias detienen la acción.

Digamos que las descripciones literarias detienen la acción si se introducen sin propósito, solo por el mero hecho de rellenar.

Una buena descripción también sirve para que la historia avance. Puedes echarle un vistazo a este otro artículo centrado en cómo hacer una descripción poderosa.

Imagina dos personas en un andén vacío que esperan un tren (ese andén vacío sitúa la escena). Imagina que una de ellas mira el reloj a cada momento y la otra mantiene la vista fija en la salida: la inquietud queda manifiesta y se anticipa el conflicto. Esos personajes ni siquiera necesitan hablar.

Propina 2

Aun así, no traslades a la ficción personas reconocibles y menos de manera mecánica. Observar cómo actúan a tu alrededor te proporciona materia prima que tu imaginación y tu creatividad deben transformar.

Un gesto visto en una estación puede pertenecer en la novela a otro cuerpo, a otra edad, a otro conflicto y a otra biografía.

Una reacción de un familiar puedes atribuirla puntualmente a cierto personaje que comparta alguno de sus rasgos.

Cuéntame: ¿Has tenido dificultades en hacerlo, en cómo desdibujar ciertas reacciones de una persona cercana? Me encantará saberlo.

 

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