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¿Tanto denostarlas y resulta que los correctores profesionales acabaremos por hacer alianzas con la IA?

Con cautela: veamos si es posible, en qué sentido y hasta qué punto.

Repasemos, en primer lugar, qué factores están comprometidos en la corrección de textos.

No vale aliarse a lo loco. Vale aliarse con cabeza, con criterio, con conocimiento de la materia prima con la que se trabaja. Compartir en X

En segundo lugar, comprobemos si esta tarea de corregir puede verse aliviada en algún sentido. Para eso, es fundamental analizar las diferencias entre el corrector de carne y hueso y ese otro de bits y algoritmos.

Y extraigamos alguna conclusión de este recorrido.

Nota al margen: Nadie se me ofenda si no desdoblo; si no digo correctores y correctoras profesionales, si no digo autor, autora, autores, autoras. Léase, por favor, profesionales de la corrección, por más que mi pretensión de fluidez me invite a simplificar.

Para qué sirve un corrector de textos humano

El corrector de textos humano persigue dos aspectos fundamentales: adecentar el escrito de que se trate para que llegue al lector limpio de polvo y paja.

Si sigues este blog desde hace tiempo, te sonará esto. Has tenido que encontrarte con que hemos hablado de…

  • Corrección gramatical y ortotipográfica: es lo básico de lo básico y sirve para garantizar la claridad del contenido y que el texto luzca de forma profesional.
  • Comprensión del contexto y del mensaje: a diferencia de una IA, el corrector humano entiende a quién va dirigido el escrito y qué tono debe tener. Esto le permite hacer correcciones que no solo arreglan errores, sino que mantienen la intención y el estilo de quien lo escribió. O escoger términos que se ajusten mejor a su intención.
  • Mejora del estilo. Insistiré, una vez más, en qué es estilo. A saber: repeticiones no solo de palabras, sino de fórmulas reiterativas; muletillas, imprecisiones, inexactitudes, frases demasiado largas en las que el verbo principal ha tomado las de Villadiego. Y todo esto. El profesional humano ajusta estos aspectos para que el resultado sea más claro, conciso y fluido.
  • Adaptación al público objetivo. Si el texto está dirigido a un público especializado, el corrector sabrá mantener el registro adecuado (cada profesional tiene su propia especialización). Y, si es para una audiencia general, sugerirá modos de decir más simples y más claros.

Este trabajo no solo consiste en corregir errores técnicos, que por supuesto, sino en ajustar también esos otros aspectos más sutiles.

Más cosas que hace el corrector humano sin aliarse con la IA

No terminan ahí las tareas del profesional; mucho antes de hacer alianzas con la IA, también hace esto:

  • Detección de incoherencias: El profesional de la corrección es capaz de detectar inconsistencias tanto en la información como en la estructura. El humano —a diferencia de la IA y mucho antes de hacer alianzas con ella— asegura que el contenido siga un hilo lógico y libre de contradicciones.

*Aunque María quería ir al cine, porque sus amigos la invitaron, pero se quedó en casa.

Aunque María quería ir al cine porque sus amigos la invitaron, se quedó en casa.

*Miguel es más hábil en matemáticas que Pedro en la música y también que jugando al fútbol.

Miguel es más hábil en matemáticas que Pedro en la música o en el fútbol.

  • Mejora de la fluidez y la cohesión: El corrector humano sigue la estructura general y persigue la conexión entre ideas y la transición entre párrafos (eso que hace posible la música del texto).
  • Enriquecimiento del lenguaje: El especialista persigue también palabras repetitivas o poco precisas y sugiere términos más adecuados o expresivos.
  • Reporte personalizado: Pone en conocimiento del autor fórmulas que se repiten y patrones de errores recurrentes. Si quien escribe se toma en serio su papel, aprovechará en lo que vale la corrección para mejorar sus habilidades de escritura.

Todo es redundar en efectividad comunicativa.

¿En qué sentido puede ser interesante hacer alianzas con la IA?

Veamos si la IA puede ser una aliada. Vaya por delante que hay que ir con pies de plomo.

Porque corregir textos es una tarea ardua y susceptible de errores —¡y errar nos ratifica como inequívocamente humanos!—, no te digo ya si se trata de textos extensos o complejos. Nadie quiere cometer errores, ni quiere que se le escape una errata y, sin embargo, pasa.

En este contexto, una IA puede proporcionar apoyo en la revisión.

El valor de las IA en la corrección de textos: ¿cabe o no hacer alianzas con ellas?

Está claro que las IA son sistemas que imitan el razonamiento humano, que son, sobre todo, extrarrápidas. ¿Son infalibles los algoritmos que las sustentan? ¿Podemos encomendar una corrección de textos a una IA y salir indemnes?

En absoluto.

¿Tienen capacidad para detectar errores gramaticales, ortográficos y estilísticos?

La tienen… solo si quien pretende servirse de ellas tiene criterio. Si es así, las utilizará para dilucidar si tal sugerencia es o no pertinente.

Las IA basadas en corrección ortográfica funcionan analizando el texto. ¿Cómo lo hacen? Utilizan diccionarios y algoritmos avanzados susceptibles de identificar patrones de uso incorrecto y errores gramaticales o de puntuación (como la concordancia incorrecta entre verbos y sustantivos). Además, pueden detectar el mal uso de signos de puntuación; en el caso de nuestro idioma, la ausencia de los signos de apertura interrogativos y exclamativos.

Ahora bien, que puedan hacerlo no significa que no yerren. De nuevo, el criterio humano es el que discriminará.

¿Y sugieren mejoras de estilo? He leído que analizan el texto en su totalidad y hacen recomendaciones, pero herramientas como Language Tool o Stilus, y hasta el corrector de Word —de las que nos servimos los correctores— no son tan sofisticadas; o quizá mis textos lleguen tan limpitos que les da pudor descolgarse con recomendaciones.

Eso sí, ayudan: un punto ausente, una tilde que conviene dilucidar si procede o no, una coma, una repetición fuera de lugar.

Debe haber IA más complejas —y más costosas— que, al parecer, dan más de sí. Yo he hecho solo modestas incursiones, con el ojo puesto en lo que ya está aquí y bosqueja el futuro. Al menos por ahora, no temo que me suplante.

Y esto, por si te perdiste este artículo que puse en sus manos.

IA vs. el corrector profesional: ¿vale la pena hacer alianzas con ella?

A pesar de su precisión, las IA todavía presentan limitaciones importantes: su capacidad para interpretar el contexto o el significado de las palabras no está a la altura de un corrector profesional humano —¡ni mucho menos!—. Mi recomendación es que las veas como herramientas complementarias y no como soluciones definitivas.

Hacer alianzas con la IA

Tampoco se trata de ignorar lo que ya está aquí.

Que te quede claro: el corrector profesional tiene la habilidad de comprender el propósito y las intenciones del autor. Significa que perseguirá siempre el mejor tono y el estilo que mejor se ajuste a lo que quiere transmitir. Su experiencia le permite captar matices que una IA pasaría por alto: el contexto cultural, el registro del lenguaje o ese público al que se dirige.

Aún más: un corrector humano aporta un nivel de creatividad y flexibilidad que las IA no pueden replicar. El reporte que un corrector humano ofrece a su cliente —no lo llames feedback— es de un valor extraordinario.

Si ese cliente demuestra ser no solo inteligente sino abierto, tiene mucho que ganar: desarrollará habilidades de escritura gracias a los consejos sobre gramática, estilo, estructura y tono.

La importancia del enfoque colaborativo

Insisto: aunque las IA son útiles para revisar textos de manera automática, no reemplazan la mirada crítica de un corrector humano.

Si te decides a usarlas, tómalas como herramientas complementarias: te ayudarán a detectar errores básicos. Pero ten en cuenta esto: un corrector profesional aporta el valor añadido de la interpretación contextual, la creatividad y la adaptación específica al público objetivo.

¿Qué pasa cuando un texto encierra un doble sentido, una ironía, un desplazamiento en el significado de cierto término? Me parece que tal nivel de destreza, ni esta semana ni la que viene lo conseguirán (¿soy muy ingenua?, ¿me faltan datos, experiencia?). Eso sí: tiempo al tiempo, que, a la velocidad que cabalgan, Sancho1, podemos esperar cualquier cosa. Quién sabe si, cuando leas este artículo, lo hayan logrado ya.

Cabe esa alianza, pero siempre y cuando el corrector humano esté al mando. La suma de velocidad y precisión de las IA con la sensibilidad y creatividad humanas volverá menos arduo y más eficaz el trabajo.

Ojalá no dejemos nunca de añadir ese plus de humanidad y de soberanía que nos permita aprovechar cada innovación y no al contrario.

Propina 1

Visto lo visto, solo puedo concluir diciendo que las inteligencias artificiales son un interesante apoyo para la corrección de textos.

¿Por qué?, preguntas mientras clavas tu pupila

Ay, malandrín, malandrina, que has dado un salto hasta aquí y no has ido siguiendo el argumentario. Menos mal que no te lo tengo en cuenta…

A favor: las IA, como ya he dicho, tienen una gran capacidad de identificar errores técnicos por la vía ultrarrápida.

En contra: tienen limitaciones importantes en la interpretación del contexto y el análisis profundo (y no tan profundo a veces) de un escrito. Como solución única, no sirven.

Propina 2

Anótatelo bien: el corrector profesional humano sigue siendo esencial para garantizar una revisión exhaustiva que considere matices, estilo y el impacto deseado en el lector.

Solo me queda recomendarte que utilices las IA como herramientas complementarias. Y, ante todo y sobre todo, sé prudente: deja que el humano se encargue de revisar tu texto a fondo si no quieres patinar.

Ahora bien, y esto va para el profesional: no te resistas al avance de la apisonadora. Habrá un momento en que esta sinergia garantice no solo correcciones más rápidas, sino también resultados de mayor calidad. Y que garantice, por añadidura, textos más creativos y mejor adaptados a ese público que merece toda nuestra consideración y nuestro respeto.

Solo hace falta poner unas cuantas puertas para que la bicha no haga desmanes. 

Propina 3

Una compañera de la UniCo, en un chat que compartimos, decía que proyectar una buena herramienta de corrección tendría que correr a cargo de correctores o filólogos.

Tiene una lógica aplastante.

Ahora bien, a renglón seguido, planteaba: ¿crearían esos mismos especialistas una herramienta que convirtiera su puesto de trabajo en algo prescindible?

Como poco, para reflexionar.


1 Ladran, Sancho, luego cabalgamos es una frase que se atribuye a El Quijote. Vete tú a saber por qué se ha popularizado así y se le ha añadido ese ‘Sancho’, que ni siquiera está en el original y que en ningún caso es la obra de Cervantes. Por lo que leo, pertenece a un poema de J. W. Goethe titulado «Ladran», («Kläffer»). Y sin el Sancho, por supuesto, sin el Sancho.

 

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