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Hablar de sinónimos en función del contexto exige hilar muy fino; exige rebasar la sinonimia estricta. Significa superar lo que el diccionario de sinónimos marca como términos equivalentes y hasta… saltar de eje.

—¿Saltar de eje, como en el cine?

—Digamos que sí, que se le parece. Ese al que me referiré es casi tan grave como el del cine; aunque  hay un corto buenísimo que lo toma como coartada. Es como poner el eje en el cliché. Búscalo por ahí.

—¿Vas a hablar de un eje que se le parece?

—De uno de los ejes, sí, del que puede cargarse el propósito de fondo. No quería ser redundante.

El contexto es clave. El contexto determina. No todos los términos que el diccionario señala como sinónimos valen siempre ni son intercambiables. Ni mucho menos. Clic para tuitear

Vayamos destripando el asunto, que el amigo Jack sigue con nosotros.

La definición ortodoxa de sinónimo dice lo siguiente y copio del DRAE:

sinónimo, ma

Del lat. synony̆mus, y este del gr. συνώνυμος synṓnymos, de συν- syn- ‘con-‘ y ὄνομα ónoma ‘nombre’.

  1. Ling. Dicho de una palabra o de una expresión que, respecto de otra, tiene el mismo significado o muy parecido, como empezar y comenzar. U. t. c. s. m.

Qué son sinónimos en función del contexto

Una escalera y otra que podrían ser sinónimas; sin embargo, desembocan en lugares distintos. La combinación nace a partir de una imagen de Elena Saharova (la de la izquierda).

Posiblemente, de donde dice «muy parecido» en la definición de sinónimo se derive parte del conflicto. Uno lee «muy parecido» y se dice «tanto da». 

Y no da.

Eje sintagmático y eje paradigmático: una clasecilla de andar por casa

¡Stop! No te asustes. Es una clasecilla con pocas pretensiones; para que sepas un poco más cuando cierres la puerta.

Eje sintagmático

Se refiere a cómo se combinan los elementos en la frase. Si tienes un sujeto, un verbo y un predicado y se te ocurre cambiar de sujeto, puedes tener que cambiar de verbo; y muy posiblemente, lo que diga ese otro verbo (= predicado) también será distinto.

Por ejemplo:

Álvaro sueña con ovejas cada día.

Julieta masca chicle de menta durante los exámenes.

En ese eje hay una serie de reglas que posibilitan la comprensión de lo que se dice. Podremos tomarnos ciertas licencias, pero dentro de un margen; y según antepongamos unas partes u otras, incluso variará el significado o adquirirá matices:

Cada día, Álvaro sueña con ovejas.

Álvaro, cada día, sueña con ovejas.

Durante los exámenes, Julieta masca chicle de menta.

Julieta, durante los exámenes, masca chicle de menta.

Lo que no tendría pies ni cabeza sería esto:

*Ovejas con sueña día cada Álvaro.

*Chicle Julieta de menta exámenes durante los masca.

En el eje sintagmático, se combinan…

 a + b + c

Y todo ello, en conjunto, ha de tener sentido.

Eje paradigmático

Aquí lo que importa es qué términos utilizas (en lugar de otros que podrías emplear) para decir algo.

Estas tres primeras frases tienen distinta carga en función de los términos elegidos en cada caso. Eso sí, las tres aluden a un contexto con el que el sujeto (Álvaro, en un caso; Julieta, en otro) interviene de formas distintas:

Álvaro evita trabajar en oficinas llenas de gente trajeada.

El bueno de Álvaro rehúye fichar en departamentos atestados de gente envarada.

Álvaro aborrece currar en gabinetes saturados de tipos impresentables.

Julieta compra todo lo que necesita en la tienda del barrio.

Julieta adquiere todo lo que necesita utilizando su Master Card Oro.

La pobre Julieta pilla todo lo que puede por internet.

El eje sintagmático hace este otro tipo de combinaciones:

a + g (o bien, h, j, k…) + m (o bien n, l, v…)

Es decir, se centra en los elementos que pueden sustituirse. Todo ello arroja frases con significados particulares. No dices lo mismo con evita que con aborrece. Ni dices lo mismo con adquiere que con pilla.

Qué son sinónimos en función del contexto

Y vamos a lo que veníamos, a tratar de sinónimos en función del contexto. Porque no todos los sinónimos son sinónimos…, aunque lo sean.

Puede parecer obvio y no siempre lo tenemos en cuenta: el contexto obliga. Como has visto en los ejemplos anteriores, cada frase esconde una intención en la manga; o sea, comunica ciertos aspectos que las otras no.

En la práctica literaria, no deberías utilizar los mismos términos en una novela histórica que en una de fantasía épica o en una de ciencia ficción. Los que pueden ser términos apropiados en un caso pueden no serlo en otro.

Qué son sinónimos en función del contexto

Ahí están, la mar de aplicados, inspirándose en lo que dice el blog sobre sinónimos para la melodía que acompañará a Álvaro en sus subidas y demás ascensos.

De hecho, si lees a los clásicos, verás que a menudo emplean palabras que no utilizamos hoy. Valga eso para justificar ciertos vocablos cuando tu historia transcurre en un mundo medieval en que ni comían hamburguesas ni bebían birras. Puede que bebieran, si acaso, cerveza de cebada, chicha y vino; o hidromiel, una de las bebidas más antiguas del mundo y la favorita del dios Odín. Y puede que beban algún tipo de soda si la historia se ambienta antes del siglo XVIII en lugar de refrescos.

Sin duda, documentarse es clave.

El contexto y sus sinónimos pata negra

En corto: sinónimos pata negra (es una licencia que me tomo) son sinónimos que lo son de forma indudable. Te traigo a Álvaro de nuevo, ese viejo conocido del blog, para ponerte el ejemplo siguiente.

Si digo que subir es lo mismo que ascender, nadie tendrá dudas si lee:

Álvaro ascendió por la cara norte del Everest.

O bien:

Álvaro subió por la cara norte del Everest.

Ambas oraciones dicen lo mismo, al menos, en apariencia.

—¿En apariencia?

—Sí, en apariencia.

Dependerá del estilo general de la obra, de su textura. ¿Se emplea un estilo más sencillo, tal vez, con un punto coloquial? ¿O se emplea ese otro estilo que hace hincapié en la precisión y que, por lo mismo, utiliza términos más minuciosos?

Ascender es un verbo que, en un contexto de montaña, evoca la épica del esfuerzo, la cumbre que se corona tras no poco empeño.

Subir, en cambio, aunque signifique lo mismo, no contiene esa carga. Como si subir se hiciera con menos esfuerzo que ascender.

El colega de Álvaro subió rápidamente de cabrero a capataz.

Álvaro la había ayudado a ascender y ella ni se lo agradeció.

¿Son sinónimos? Lo son: ambos tiran para arriba. Pero fíjate: en la primera oración, hay una premura que falta en la segunda. Cuando Álvaro ayuda a ascender a Fulanita las cosas se desarrollan con otro tempo.

¿Sirven igual en todos los contextos subir que ascender? Ya ves que no.

Qué son falsos sinónimos en función del contexto

Si a Álvaro lo promueven en su condición de pastor y pasa a ser capataz de una dehesa, no diremos:

*A Álvaro lo subieron de puesto en la finca.

Si buscamos precisión, diremos, más bien:

A Álvaro lo ascendieron de puesto en la finca.

Y dirás…

El hombre subió las escaleras hasta el primer piso.

Pero en un contexto en que quien sube es un tipo convaleciente de un problema cardíaco, podrás decir:

El hombre ascendió, no sin esfuerzo, las escaleras hasta el primer piso.

Pero no dirás en ningún caso:

*Ascendió la electricidad.

*En el parlamento ascendieron el salario mínimo.

(La épica, en este caso, se resume a calculadas maniobras por parte de quienes cortan el bacalao).

Tampoco cuando se te tensa el gemelo, si no quieres pecar de pedante, se te ocurrirá decir:

*Se me ascendió la bola.

Esta confusión —esto de emplear un término cuando el contexto pide otro— parte de un afán loable: querer escribir bien y, de paso, conquistar un gran estilo literario.

Ha llegado al primer piso y se ha detenido a reflexionar sobre el contexto y los sinónimos. Imagen de Cottonbro.

Pero, a veces, lo que se toma por un gran estilo no es sino fanfarria, alharaca; ganas de envolver trivialidades en papel cuché.

Hay que poner mucho cuidado en que el escrito no parezca el árbol de Navidad de un club de alterne (no sé cómo son, pero lo pongo por buscar un ejemplo que evoque, ya sabes).

Qué son sinónimos en función del contexto

Puedes decir casa o vivienda y también aquí habrá matices. No dices:

*Es tarde; marcho para mi vivienda.

Por más que hayas repetido casa más arriba. A veces, un pájaro es un pájaro y no es un ave. Y dinero es dinero y no es pecunio ni capital ni hacienda. Ni pasta ni parné. Otras, una madre es una madre y no es una progenitora.

¿Quién habla? ¿Cómo habla? ¿Por qué determinado término conviene repetirlo en un contexto? Conviene cuando la palabra es clave para lo que se cuenta y cuando sustituirla por otra no le haría justicia. Hay repeticiones que convienen.

En ocasiones, un personaje puede estar obsesionado con algo (con la limpieza, por ejemplo, a causa de cierto síndrome compulsivo). Palabras como jabón y frotar serán claves en el idiolecto de ese personaje. No servirán ni champú ni limpiador y quizá tampoco sirva detergente. Importan también los recursos con los que cuenta ese personaje a la hora de hablar, sobre todo, si narra en primera persona. No habla igual un catedrático que un barman ni habla igual un médico que un paciente lego.

Frotar podrá cambiarse por restregar, pero no servirá fregar. Por ejemplo. A veces, cualquier intento en ese sentido frustrará la intención que subyace.

Circunstancialmente, casa podrá sustituirse por habitación si se trata de un único espacio, pero no siempre.

Puedo decir bagatela o fruslería y significarán lo mismo también… casi siempre.

El contexto determina la idoneidad de los sinónimos

La palabra contexto es clave. Cuando escribes —como cuando hablas— participas de un entorno comunicativo.

¿Qué significa entorno comunicativo? Significa que emisor (quien habla o escribe) y receptor (quien recibe el mensaje) cuentan con un código lingüístico común y con un canal por el que tratan de entenderse: a veces es un teléfono, otras son los medios informativos (televisión, prensa), otras es un libro.

Ese entorno o contexto coincide en darle cierto valor a cierta palabra, a cierta frase o a cierto fragmento.

Pero esto que parece sencillo no siempre lo es. Los contextos pueden ser (y, de hecho, lo son) muy variados.

Este pequeño texto, escrito desde el punto de vista de un niño de ocho años, puede servir para evidenciarlo:

Era un tipo enclenque, pálido como un día de invierno. Nadie habría dicho que ese fulano de enfrente traficaba con drogas. Todo tipo de drogas: estupefacientes, somníferos, y drogas más duras, como heroína, cocaína y speed. Menos aún lo habría dicho Alvarito. Alvarito, a su edad, no podía imaginar que ese colega tan majete anduviera en trapicheos de cosas tan feas. Alvarito, a su edad, no tenía demasiada idea de drogas ni de trabajos para los que no hiciera falta vestirse porque el negocio se tramitaba desde casa.

En ese fragmento, la palabra droga es fundamental. ¿Podría sustituirse en algún caso por estupefacientes? Mejor no. Si escribimos desde la perspectiva del niño, estupefacientes es un término que no maneja aún. Y también es fundamental Alvarito.

«¿Estupe… qué? ¡Eh!, y nosotros, de drogas, nada de nada. Aquí la bloguera está tirando de puros prejuicios.

Y se repite Alvarito, a su edad, necesariamente.

Propina 1

Al hilo de que las palabras cuentan y de cómo conviene escogerlas, visita este enlace de El tintero editorial.

Yolanda Barambio dice, entre otras muchas cosas que no deberías perderte:

[…] puede ser que ni siquiera sepa que puedo cambiar una estructura, y por qué, hasta que no la tenga delante y vea esa necesidad. Así funciona mi cerebro. Con alarmas que me indican cuándo y cómo tengo que actuar. Es algo inmediato, pero impredecible. Difícil de explicar. Tanto que muchas veces me paso un día intentando explicarme a mí, para luego explicárselo al autor, por qué eso (pon el nombre que quieras) no puede estar ahí o debe ir en otro sitio. Nunca me rindo, siempre lo explico, pero es complicado en algunas ocasiones.

Reconozco que me pasa igual.

Cuando tengo que explicar qué es un término central o tengo que explicar que cierta repetición es anafórica y otra no…, me siento igual. A veces, es más peliagudo hacerle entender a un cliente determinadas sutilezas del lenguaje que abordar una corrección.

Propina 2

Este artículo es una invitación a sumergirse en la historia, a conocer de pe a pa a los personajes y a rastrear qué huellas van dejando. Con solo ver qué palabras emplea determinado personaje, sabremos por dónde pasó.

Y si eres tú quien pergeñó el texto y dudas, pregunta a tu correctora cuando estás a tiempo de todo. Seguro que tiene razones y que, siempre siempre, tomará en cuenta tu punto de vista y lo que tú, como autora, como autor, le pides al texto.

 

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4 Comments

  • Un artículo muy bueno y acertado. Una vez estuve en el teatro viendo a Faemino y Cansado y se me quedó grabada una frase que dijeron: “parecido no es lo mismo”. Gracias

    • Marian Ruiz dice:

      Y qué bueno que la recuerdes, Juan Antonio.
      Gracias por traérmela.

      Un abrazo literario y literal (dos adjetivos que sumo porque tampoco son lo mismo).

  • Cora King dice:

    Muy bueno. Me pasa con esas sutilezas que entiendo que están mal (o bien) pero que no puedo explicar porque no soy correctora profesional. En otra vida quizás lo fui, porque si no, ¿cómo es que me «me suena mal (o bien)» y termina siendo así? 🤣 Gracias por ponerle marco y explicar lo que yo no sé cómo 🙏❤️
    Cori

    • Marian Ruiz dice:

      ¡Ah, Cora! Ese momento en que a una se le desvela algo… es maravilloso. Y que «te suene mal (o bien)» tiene que ver con que sabes más de lo que crees saber, aunque no sepas ponerle nombre. ¡Te felicito!

      ❤️

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