Correctora de textos

Un verano atípico

By agosto 26, 2020 4 Comments

Este 2020 llegó rarito y ha alumbrado un verano atípico y una ciudad desnuda de turistas; el bullicio habitual de estas fechas está en vade retro. Y hay muchos casos con balances desoladores.

Un verano atípico

El verano 2020 se irá, pero deja ya una huella imborrable.

Me inquieta lo que nos inquieta a todos. Solo hay una parte de todo esto que encuentro atractiva: el bullicio de menos, la tranquilidad de los lugares que frecuento. Me gustan el silencio y la calma chicha que envuelve los días (todavía un mes de verano por aquí, aunque que de atípico queda para rato, tanto aquí como a ese otro lado). Ojalá sirviera para que cambiáramos el vuelo, el rumbo, la dirección.

Un verano, este de 2020, en el que lo único que nos aleja del abismo son los proyectos que seguimos alumbrando; los sueños. Clic para tuitear

Tengo poca fe, aunque me sabe mal decirlo, en que esto vaya a dar un giro significativo en breve. Veo en mí misma lo que me cuesta cambiar cualquier pequeño hábito; lo difícil que es sostener todo aquello que supone algo de esfuerzo. La fuerza de voluntad se me derrite antes que el helado, y eso que tengo cierta práctica.

Un propósito que nace de ahí

Regreso de estos días de vacaciones con un propósito: mantenerme firme en las decisiones que tomo, cueste lo que cueste.

Te contaré algo: hay por ahí una que se me parece. La muy ladina piensa como yo, se mueve como yo y, muy a menudo, dice cosas que me resultan convincentes. Pero no me fío. Tiene un discurso acomodaticio y si hoy tiene que decir B donde ayer decía A, ni se despeina. Se mueve por estados de ánimo. No dejaré que me arrastre adonde sería fácil dejarme llevar.

Ser coherente no es tan sencillo ni tan fácil y creo que va de adoptar compromisos con uno mismo. Y de mantenerlos sin depender de estados de ánimo, volátiles como el humo. 51 errores al escribir para un verano atípico

Porque es otro el relato que quiero hacer de mí misma. Estaré alerta. Lo último es acabar como quienes se dejaron arrastrar por el «y qué vas a hacer». Los antiguos grecolatinos anotaban lo que habían pensado, soñado, hecho o dicho en cada jornada. Quizá de esa costumbre le nació a Séneca decir: «Hoy he vivido». Pues muy bien: yo quiero poder decir lo mismo que Séneca.

De hecho, todo este tiempo me he dedicado a seguir con mis encargos de corrección, a hacer ejercicio y avanzar en la escritura de mi deseografía, de la que hablaré en un próximo artículo; a dar forma a los 51 errores al escribir y cómo corregirlos; se llevarán de regalo la guía quienes se suscriban a la lista de escritura y corrección de textos.

Lecturas atrasadas

Uno de los regalos de este verano atípico ha sido la zambullida en aguas literarias, que llevaba un tiempo resentida; no como para bucear kilómetros hacia abajo, pero sí para quitarme el gusanillo.

Primera lectura de verano atípico

Estaba decidida a no terminar el verano —en esto lo atípico ayuda— enemistándome conmigo misma. En un pispás puedes pasar de llevarte bien a no aguantarte. De esto sabe Antonio Domingo Muñoz, que ha tenido todo ese arte para describir al don nadie.

Lectura de don nadie en este verano atípicoHa sido la primera: don nadie, de Antonio Domingo Muñoz (@antoniodemunoz), que más que novela es metanovela. Hay que tener mucho recurso literario para retratar al don nadie (así, en minúsculas) como lo hace Antonio. Don nadie es cualquiera, traído y llevado por inercias apisonadoras que, a fuerza de tenernos bajo su bota, nos resultan familiares. Porque don nadie es cualquiera de nosotros. Antonio derrocha palabras que atinan en la descripción del tipo enajenado; el mindundi que aspira a ser alguien. En esa aspiración, se deja abusar sin verlas venir, encantado de la vida. Luego, un zarandeo, un imprevisto, y…

Paul Auster, Enrique Vila Matas e incluso Hemingway entre bambalinas. Y mucha intertextualidad.

Me quedo con una idea: atrevámonos a ser protagonistas y asumamos el coste. Seamos Alonsos Quijanos antes de que esto se vaya al carajo.

Leyendo supo que tendría fe en la vida. Creer era apostar a ciegas. Y se la jugó.

Ojalá seamos capaces de jugárnosla. No está fácil.

Segunda lectura de verano atípico

Imagina una niña que se encuentra con fuentes públicas que indican «Blancos» o «De color». Ella quería saber si el agua blanca sabía distinta y si la de color salía de colorines. «Tardé un tiempo en averiguar que eran del mismo color y sabían igual. La diferencia era quién podía beber de la una y de la otra».

Mi historia, de Rosa Parks. Más que una historia es un historión de indignidades y abusos contra ella y otros como ella. Blancos contra negros. Segregación. Apartheid. Un libro testimonial. Segunda lectura para un verano atípico

Suerte que tuvo una familia y alguna profesora que le inculcaron el sentimiento de que con dignidad y respeto no tenía que apuntar más bajo que nadie solo por ser negra. «Nos enseñaron a ser ambiciosas y a creer que podíamos hacer lo que nos propusiéramos».

Era el 1 de diciembre de 1955 y Rosa Parks se negó a ceder su sitio a un tipo blanco.

No estaba cansada físicamente o, al menos, no más cansada de lo que solía estar al salir del trabajo. No era mayor, aunque hay quien cree que entonces era mayor. Tenía cuarenta y dos años. No, de lo único que estaba cansada era de rendirme.

Se armó la gorda. Un año después, se abolió la segregación en los buses, pero Parks perdió su trabajo.

Tercera: una relectura, un permiso de verano atípico

Si ya me falta tiempo de leer tanto como tengo amontonado, qué puedo decir de releer. ¡Lujo asiático! Y permiso concedido, que llevo un año de mucho pedalear.

Así que he releído Bella y oscura, de Rosa Montero. Quería ver si se me pegaba algo de esa descripción del descenso; porque hay un descenso o una caída. No lo recordaba bien. Va desde los brazos amorosos de los sueños al zarpazo descarnado de la realidad. ¿Era algo amable o era algo brusco?

Qué primeras páginas tentadoras. Qué manera de transitar desde la inocencia a la pérdida del candor y de cobijarse en la malicia. Tercera lectura de un verano atípico

Hasta que llegó, en efecto, el día fatal; porque si hay algo seguro en este inseguro mundo es que el tiempo siempre se cumple y el final siempre nos atrapa.

La idea: no esperar a que me atrape el miedo; el miedo siempre está ahí en la forma de esa que se me parece. No dejar que me enmudezca. Las cosas van sucediendo a menudo sin que nos demos cuenta, sin contar con nosotros. ¡Ah, no! Yo quiero asistir a los pormenores.

También fui niña y también tuve intuiciones poderosas: una de ellas fue la de que moriría viejita —muy viejita— y orgullosa de mi vida. ¿Cómo lo haré si las cosas van pasando sin mí?

Cuatro: una piel atípica dentro de un verano atípico

Este verano atípico y este año quebrado me han añadido ganas a mis ganas de indagar (un clásico en mí). Tenemos un mundo en destrucción, una piel social que pide con furia mudarse. Quizá es eso lo que me ha llevado a la lectura de La piel, de Sergio del Molino.

Es un libro descarnado, crudo; inteligente, como todo lo que toca Del Molino. Habla de psoriasis. De la suya. Esta tentación de establecer paralelismos entre la enfermedad física y la (enfermedad) social me resulta inevitable. A Sergio le repatea:

El metrotexato municipal elimina las manchas visibles, como esas pobres putas, pero deja un montón de toxinas en las casas sin aire acondicionado de cuyos balcones salen gritos, flamenquito y olor a fritanga.

Qué feo está eso, me dije, usar la enfermedad como metáfora para explicar la ruina de esos barrios y las miserias de la política municipal. Cuarta lectura de un verano atípico

Añade: «ni siquiera es una metáfora, sino un uso normal del lenguaje». Y es cierto: suele tratarse la enfermedad o el virus o el agente contagioso como el enemigo que batir. De ahí a culpar al enfermo, si no lucha lo bastante, un paso.

Leed el libro. Es una llamada a dejar de estigmatizar la enfermedad, eso de raro que casi todos hemos sentido alguna vez respecto de nosotros mismos.

Un verano atípico en que el blog vuelve a zarpar

Aunque el blog se fuera de vacaciones adonde no se precisan mordazas, ha sido un verano atípico incluso en el plano personal. Él se fue y yo me quedé haciendo labores de mantenimiento y puesta a punto. Sin excusas baratas. Y currando, haciendo correcciones del tema de moda (coronavirus), ensayo, novela, unas memorias, unas cartas.

¿Y en qué ha consistido esa puesta a punto en lo que se refiere al blog? En crear…

  • Un infoproducto (lead magnet) para todo quisque que se suscriba. Ya lo he dicho: se titula 51 errores imperdonables a la hora de escribir y cómo corregirlos. Porque aquí, señoras y señores, se habla de escribir… y de hacerlo cada vez mejor.
  • La página promocional (landing page) de la Deseografía®. Te invito a visitarla. ¿Y si, de pronto, descubres que es para ti? ¿Y si te das cuenta de que el mundo ha cambiado, decides hacer un hatillo con el pasado y reinventarte?

Si estás aquí es porque amas todo lo relacionado con la escritura y te interesa escribir cada vez mejor. Y te encanta leer. 

También es posible que te veas en la mitad de la vida y hayas sacado algunas conclusiones (provisionales siempre) sobre el hecho de vivir.

Si, a pesar de todo, mantienes tu imaginación en buena forma, date una vuelta por la deseografía

 

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4 Comments

  • Lia dice:

    ¡¡¡Bienvenida!!! Es un gusto leerte, Marian, aciertas en todo lo que dices. Los libros recomendados parecen muy interesantes y los 《51 errores》son una ayuda extraordinaria, das en el clavo. Deseografía parece un camino hacía dentro de uno mismo, hacía la libertad.

  • Piper Valca dice:

    Hola, chula. Qué grata sorpresa la que me he encontrado. Cómo has evolucionado a pasos de gigante. Me encanta leerte y seguirte. La deseografía me pareció genial y ya me apunté o algo así. Te felicito, querida. Es un placer volver a hablar contigo.

    • Marian Ruiz dice:

      Ya vi que te apuntaste, sí; quién sabe, ¿verdad?
      Muchas gracias, Piper, por tu afecto y por la valoración que haces de mi trayectoria. Tú sabes que nada de esto es fácil, pero que con determinación y perseverancia… 😉
      Te doy la bienvenida de nuevo a bordo.
      Un abrazo enorme.

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