Este asunto de la IA y el trabajo del corrector de textos no ha hecho más que empezar. Aun así, los clientes más incautos se han echado ya en brazos de ChatGPT, ignorantes de lo que les espera.
¿Tendremos que preocuparnos los correctores porque la IA nos pueda quitar el trabajo? ¿Podría yo, modesta correctora, insuflar no solo esperanza en la comunidad nuestra, sino resquebrajar la idea —tentadora pero falaz— de que la inteligencia artificial podrá reemplazarnos sin costo alguno?
Creo que es una preocupación válida, pero me niego a verlo como amenaza; me inclino más por enfocarlo como oportunidad. La IA ha avanzado en la corrección gramatical y ortográfica, pero todavía le falta. Y dudo mucho que consiga igualar la intuición, el contexto y el criterio nuestro en cuestiones de estilo, tono y significado.
Confiar ciegamente en la IA para corregir textos es avanzar rápido…, pero sin garantía de calidad. Sin reflexión ni criterio humano, el lenguaje pierde matices y precisión. Los correctores profesionales aseguramos que cada palabra diga… Compartir en XPero, una vez más, vayamos por partes.
Razones para la esperanza respecto de la IA y el corrector de textos profesional
Es rápida como un rayo, eso sí, y no diré que no sirva como muleta. Ahora bien, corregir, lo que se dice corregir…, no es capaz de hacer; no como lo hace un humano.
La IA no entiende el contexto como lo entiende un humano
Puede parecer solvente y detectar errores gramaticales, pero no capta matices ni es exquisita. Un humano versado discriminará si una ironía vale en cierto contexto y deshará una ambigüedad.
El toque humano sigue siendo el toque humano. Nuestro trabajo como correctores de textos no estriba solo en ocuparnos de la gramática o del estilo. Habremos hablado con el cliente para entender qué persigue, a quién se dirige con su obra y qué espera de una corrección (aparte de que lo suyo le quede bien).
La IA y el trabajo del corrector: la confianza y la profesionalidad pesan
Muchos clientes valoran la seguridad del corrector profesional, que ofrece garantía de calidad sin los errores que una IA podría generar. Me refiero a eso que en la jerga tecnocientífica se llaman alucinaciones.
Ningún cliente debería entregarse sin filtros. La IA es capaz de inventar lo que sea y de arrojarlo de un modo tan convincente que parece verdad. Parece, pero es frecuente que ofrezca respuestas con fallos en su razonamiento y distorsión en los hechos, por mucho que la información esté basada en datos reales.
Me explico: una IA puede corregir un texto y modificar sutilmente el significado del original. Esto puede pasar por lo siguiente:
- Reescrituras que suenan más naturales, pero pierden intención.
- Correcciones gramaticales que no respetan el registro del autor (coloquial, literario, técnico, etc.).
- Supresión o alteración de ambigüedades deliberadas…
Lo dicho: no deberían fiarse. De lo contrario, ya vendrá la realidad a ponerles los puntos sobre las íes.
La IA es una herramienta, no un reemplazo
Como tal herramienta, puede ayudar a agilizar el trabajo, pero siempre será necesaria la supervisión. Hace falta mucho para que sobre la intervención de un corrector humano, si es que tal cosa llega a producirse.
Porque corregir no es solo corregir, como dice el Mítico Corrector Justiciero de la Unión de Correctores (UniCo):
Es negociar, empatizar o explicar a veces por qué “hubieron problemas” no funciona sin quedar como un pedante o un extremista de la gramática. Es adaptar tu criterio al cliente, al medio y al contexto. ¡Y hacerlo con elegancia!
Y esto lo dice Ramón López de Mántaras, fundador del Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial del CSIC; un hombre que lleva cuarenta años de nada en tratos con la IA.
La inteligencia artificial que tenemos ahora es de habilidades sin comprensión; puede evaluar la probabilidad y predecir la siguiente palabra en un texto, pero para que haya una inteligencia artificial general tiene que haber comprensión.
Si estás pensando en dedicarte a la corrección de textos…
Si fuera el caso, lo cierto es que te espera un panorama inimaginable años atrás. Ahora tienes formación específica, software especializado, asociaciones; diccionarios en línea y físicos enfocados en particularidades lingüísticas, y también acceso a la RAE y a la Fundéu…
Aun así, no todo es color de rosa.
También hay desafíos que quienes llevamos más tiempo en esto no sospechábamos: te llegarán textos generados por IA y tendrás que aplicar no solo conocimiento, sino criterio; te tocará vértelas con clientes que no aprecian la hondura de tu trabajo; tendrás también que vivir en la incertidumbre de si el mes siguiente volverá el trabajo, y —¡mal que te pese!— no siempre podrás poner tarifas que sean dignas.
¡Clientes, contad con correctores humanos!
Encomendados a la IA, no hace falta ser muy experto para advertir que los textos acabarán siendo clones los unos de los otros. Una IA nunca sabrá lo que sientes tú cuando algo te conmueve o te impresiona o te entristece. Es en esa voz tuya íntima en la que te conviene indagar, escarbar, excavar…, o estarás tan muerto como la IA.
De hecho, no nos entristecemos todos por igual. Tú no te entristeces por las mismas cosas que yo. Y con tus personajes, al menos si pretendes que el lector se los crea, pasa igual.

No caigamos en la tentación de confundir las conexiones cibernéticas con la mente humana.
La IA solo sabe hacer un batiburrillo con los millones de entristecimientos que pululan por ahí. No le pidas que afine entre pesadumbres, angustias varias, melancolías, aflicciones, bajones, congojas, tribulaciones y demás malestares difusos…, cada uno con su color.
El resultado se parecerá —más que sospechosamente— a otros miles de descripciones que habrás visto y leído por ahí.
No le pidas a una IA que atine en esa finura que es, en definitiva, donde se encuentra la magia del texto. Ni le pidas que se ajuste a tu personalidad.
Busca en ti. Bucea en ti.
Antes, escribe mucho, revisa, reescribe; y lee mucho. Fíjate cómo hacen y cómo hicieron tantos otros que se rompieron los cuernos antes que tú.
Luego —eso sí—, será cometido de la correctora humana refinar esa materia prima, ese primer verbo tuyo.
La IA y el trabajo del corrector: lo que yo pienso del asunto
No me preocupa que la inteligencia artificial corrija textos, sino que un aspirante a escritor la utilice sin criterio. Me preocupa que ese aspirante dé por válidas sugerencias sin una revisión humana que garantice calidad y coherencia.
También me inquieta que algunas empresas o startups, que se publicitan como expertas en corrección, lo dejen todo en manos de la máquina. Me refiero a esas que desestiman el valor del ojo experto y la sensibilidad lingüística que solo un corrector profesional puede aportar.
Y me descorazona y me trastorna que solo pongan el eje en su business.
¿Hasta qué punto puede la IA captar la riqueza del estilo, el tono o la intención de un texto? ¿Cuáles son sus límites en cuestiones de transparencia o de análisis contextual? Esto me lleva a una reflexión más profunda sobre la diferencia entre la inteligencia artificial y la humana en el ámbito de la corrección.
Con la IA hay dos enfoques:
- uno que busca hacerla cada vez más parecida a nosotros, dotándola incluso de capacidades emocionales, intuitivas y creativas;
- otro que defiende su papel como complemento del trabajo humano.
Me inclino por este segundo.
Los correctores trabajamos con matices, subjetividad y ambigüedad, como he dicho, y son aspectos esenciales para la comunicación efectiva.
La IA gestiona lo cuantitativo y nosotros navegamos el río de la complejidad —lo incierto, lo implícito, lo sutil— y nos aseguramos de que el texto conserve su esencia y su precisión.
Propina 1
El gran éxito de la IA es que parece inteligente y… hasta humana.
De hecho, hay quienes le cuentan sus problemas y aseguran que les da pautas, que comprende su situación, su pesar. Se convencen de que al otro lado hay un ser pensante que entiende la semántica denotativa del lenguaje (cuyo referente es el mundo: lo material, lo social, lo abstracto). Esas personas creen, por ende, que la IA penetra su espacio íntimo y personal.
El País publicó un artículo en ese sentido que puedes rastrear en internet.
También el escritor Juan José Millás reveló en la Cadena Ser una creciente interacción con ChatGPT (este artículo de servidora, por si te lo hubieras perdido). Contaba que había estado explorando temas desde triviales hasta profundos sobre existencialismo.
Aquí tienes un extracto de lo que publicó El País:
Le dije: “¿Tú sabes que existes?” Y la respuesta fue brutal. Me dijo: “No, no sé que existo”. Pero claro, para que te conteste ‘no sé que existo’, tendrá que saber que existe», relataba Millás, fascinado, comparando esta respuesta con la famosa frase de Sócrates: «Solo sé que no sé nada». «Si solo sabes que no sabes nada, sabes mucho, y si sabes que no existes, es que es brutal».
Inteligente, en sentido estricto, no es; asombrosa, sin duda. Pero ve con pies de plomo, o te perderás en sus espejos.
Propina 2
La IA es software, ni más ni menos; no crea empleando la reflexión, ni el conjunto de experiencias que guían al humano. Es un conjunto de programas, instrucciones y reglas informáticas para ejecutar ciertas tareas.
¿Cómo lo hace? Empleando millones de datos que se han volcado sobre ella. Un tejemaneje que lleva a cabo con una capacidad apabullante.
Por ejemplo, cada imagen generada por IA puede requerir entre 2 y 5 litros de agua. ¿No es demencial?
El entrenamiento del modelo GPT-3 de OpenAI demandó casi 80 000 kilovatios-hora (kWh) de electricidad. Algo así como el consumo energético de un hogar medio en España durante 23 años. Como para quedarse giratoria…
Está todo ese lado oscuro que conviene tener en cuenta: lo que exige su entrenamiento y su mantenimiento no es ni inocente ni sostenible. Y no le evita ni los sesgos ni los errores…
¿Aún necesitas una recomendación? Pues aquí la tienes: no te fíes; o no lo hagas si no quieres terminar perdiendo el juicio, olvidando que no es humana y dejando de cuestionarla.
Lo que sí puedes hacer es seguir contando conmigo.
![]() |








Hola gusto saludarle.
Me parece interesante este tema que aborda.
Como bien es cierto, la corrección de textos es una tarea fundamental para garantizar que un escrito sea claro, correcto y profesional. Antes era labor de un profesional, ahora con el avance de la inteligencia artificial., han surgido herramientas que ayudan a este proceso.
Actualmente un corrector de textos basado en Inteligencia Artificial., no es más que un programa o aplicación que utiliza para analizar un texto y detectar errores de ortografía, gramática, puntuación, estilo e incluso que sugiere mejoras en la redacción. Sin embargo, no siempre entienden el contexto completo y pueden cometer errores en textos muy complejos o creativos y a veces proponen cambios que alteran el significado original.
En conclusión, puedo comentar que la inteligencia artificial no reemplaza totalmente el corrector humano, pero si una herramienta poderosa para mejorar nuestros textos de manera rápida y eficaz.
Hola, Ricardo:
Encuentro muy acertado tu análisis. La inteligencia artificial es una gran herramienta de apoyo que no logra reemplazar la sensibilidad y el criterio del corrector humano (ojalá no permitamos que lo haga nunca). Desde luego, es interesante ver cómo la tecnología puede mejorar nuestros textos; solo falta que no olvidemos que nuestro sentido crítico es fundamental y que no permitamos que datos, algoritmos y programación suplanten emociones, experiencia y conciencia.
¡Gracias por compartir tu opinión!