Así es: la IA corrige lo que corrige, al menos hoy por hoy.
Tiene sentido que lo haga así: los modelos de inteligencia artificial aprenden operando con volúmenes ingentes de datos. Sirviéndose de algoritmos matemáticos, ajustan millones de parámetros en sus redes cibernéticas, identifican patrones y tiran para delante.
Y nos seducen porque parece que saben, parece que nos entienden. Cualquier IA nos provoca la ilusión de que empatiza con nosotros y, por supuesto, de que está de nuestra parte. Una fiel asistente, inagotable, simpática por demás y acomodaticia que jamás nos lleva la contraria.
¿Ayuda? Sí, claro; y ayuda muchísimo más si quien consulta tiene criterio. De hecho, la IA no tiene empacho en argumentar lo indefendible, así que, por favor, no te tomes la palabra de la IA como palabra de Dios.
Por más que parezcan otra cosa, son modelos que carecen de una comprensión genuina de las respuestas que ofrecen. Ignoro si acabarán teniendo un tipo de conciencia similar a la humana. ¿Acabarán incluso prescindiendo de nosotros? El río agua lleva, pero es algo que solo el futuro desvelará.
Ahora bien, lo que sé es lo que veo y, por petición popular, aquí va este pequeño texto en crudo y dos abordajes distintos:
- Párrafo original.
- Intervención de la IA (no diré cuál; no vaya a ser que estén en trámites de disputarse la gloria y sea yo quien salga malparada).
- Intervención de la correctora, en este caso, servidora.
Párrafo original
«Mas de treinta años habian pasado desde la ultima vez que Rufo Samson Quispe puso un pie en la espesura y que juro nunca mas volver. Esa madrugada del 22 de enero, Rufo se encontraba a las orillas del rio Amazonas deambulando sin poder dormir con la mente dispersa y la mirada perdida en las profundidades del rio caudaloso, se preguntaba así mismo sobre dicha historia que lo llevo a conquistar sus metas y ahora verse frustradamente perdido en el punto de partida donde todo comenzó. Se veía así mismo, en medio de esas historias de Hollywood en donde a la mitad de la película hay un drama y todo se pone difícil».
Intervención de la IA
«Más de treinta años habían pasado desde la última vez que Rufo Samson Quispe puso un pie en la espesura y que juró nunca más volver. Esa madrugada del 22 de enero, Rufo se encontraba a las orillas del río Amazonas, deambulando sin poder dormir, con la mente dispersa y la mirada perdida en las profundidades del río caudaloso. Se preguntaba a sí mismo sobre dicha historia que lo llevó a conquistar sus metas para ahora verse frustradamente perdido en el punto de partida donde todo comenzó. Se veía a sí mismo en medio de esas historias de Hollywood en las que, a la mitad de la película, hay un drama y todo se pone difícil».
Estas son las modificaciones que describe ella misma:
Tildes diacríticas y ortográficas: Corrige las tildes faltantes (Más, habían, última, juró, más, río, llevó).
«A sí mismo» (separado y con tilde): Se corregió [sic; o sea, que lo escribe así] «así mismo» (que significa asimismo o de la misma manera) por «a sí mismo», que expresa reflexividad (preguntarse/verse a uno mismo).
Puntuación y concordancia: Se añadieron comas para pausar adecuadamente las oraciones compuestas y se ajustaron los conectores («en las que» en lugar de «en donde» para mayor elegancia narrativa).
Intervención de la correctora
«Más de treinta años habían pasado desde la última vez que Rufo Samson Quispe puso un pie en la espesura y que juró nunca más volver. Esa madrugada del 22 de enero, se encontraba a orillas del Amazonas, deambulando, sin poder dormir, con la mente dispersa y la mirada perdida en las profundidades del caudaloso río. Se preguntaba sobre aquello que lo había llevado a conquistar sus metas y, ahora, a encontrarse perdido en el punto de partida, donde todo había comenzado. Se veía en medio de esas historias de Hollywood en las que a mitad de película hay un drama y todo se pone difícil».
Qué ha corregido la correctora humana a diferencia de la IA
Puesto que soy yo misma quien corrige, adoptaré la primera persona para detallar mis pasos (con todas las consecuencias):
- Elimino espacios dobles en tres ocasiones.
- A orillas es más frecuente que a las orillas y así lo sugiero, aunque dejaré una nota al autor para que sea él quien decida.
- Elimino río, que sale poco después.
- Añado coma entre deambulando y el sintagma sin poder dormir. Son dos circunstancias distintas: no poder dormir es una cosa y deambular otra muy distinta. Es decir, ¿de veras podría deambular y dormir? Sin la coma, sin poder dormir queda demasiado ligado a deambulando, como si no poder dormir precisara o modificara en algo el paseo.
- Caudaloso conviene tratarlo como epíteto. ¿O es que hace falta especificar que el Amazonas es un río caudaloso?
- Después de río, punto. Se abre un nuevo periodo (y evitaremos la tentación de añadir un nuevo gerundio: preguntándose, en congruencia con deambulando).
- Sobre dicha historia es menos natural que sobre aquello (a lo que acaba de referirse la voz narrativa). Además, historia vuelve a salir poco después.
- Elimino un adverbio horroroso: La frustración queda contenida en perdido en el punto de partida. Sugiero no explicitar ambas emociones («menos es más»).
- Añado coma para separar donde todo había comenzado.
- Sustituyo *donde todo comenzó por donde todo había comenzado, con el pluscuamperfecto propio de una acción anterior a otra pasada.
Dos intervenciones más por parte de la correctora
WordPress es muy exigente con el número máximo de palabras que debe contener cada apartado, de manera que pulsa el botón de alarma en cuanto detecta el mínimo exceso. Esto quedaba fuera y lo añado aquí:
- Elimino *así mismo, que debería ser a sí mismo. Aparece en dos ocasiones en ese pequeño párrafo y podría tomarse como una expresión enfática, pero las formas reflexivas bastan. Hasta puede tratarse de una muletilla; tomo nota para vigilarla.
- Sustituyo en las que en lugar de donde, que no solo es más preciso, sino que evita la repetición de donde de la oración previa.

Lee a José Antonio Marina: sus argumentos en defensa de «lo humano» (tampoco se olvida de la estupidez) son incuestionables.
Ya lo sabes: la IA corrige lo que corrige
No es mi estilo decirle a nadie lo que tiene que hacer con sus textos; solo faltaría. Cada autor tiene propósitos distintos. Aquí van algunos de los que han llegado hasta mí:
«que me quede bien»,
«corrígeme solo los fallos garrafales»,
«mi intención es ir mejorando poco a poco»,
«busco la mejor versión posible de mi manuscrito y aprender de mis errores»,
«mi idea es hacer carrera literaria».
Si tu propósito es publicar con el menor esfuerzo posible (¿seguro que lo tuyo es escribir?), tira de IA; es más, ni siquiera escribas: que escriban por ti ChatGPT, Gemini o Claude.
¿Para qué tendrías que desvivirte por algo que te quitaría tiempo y horas de sueño?
Eso sí: no le pidas originalidad ni que suene a ti, a tu forma de decir, al modo en que empleas el lenguaje. Tampoco le pidas ocurrencias que solo tú podrías tener.
Las ocurrencias entroncan con la creatividad y «la creatividad, como dice José Antonio Marina, es la capacidad de aportar soluciones originales y valiosas a problemas reales».
Aplíquese también a los problemas reales que plantea la creación literaria.
Y ya que menciono al filósofo (del que atesoro la docena y media de libros de la foto), anota esto: «Si la inteligencia es nuestra salvación, la estupidez es nuestra gran amenaza. Por ello merece ser investigada, como el sida».
No tengo que explicarte cuál es la moraleja que se desprende de ahí.
Propina 1
Asegúrate de que vas donde quieres ir: es lo primero.
«Se está perdiendo la cultura del esfuerzo», se repite como mantra, aunque eso del esfuerzo es algo que hasta el propio sistema parece desincentivar. Te lo digo con cariño, no lo desdeñes; no desdeñes el esfuerzo: ni Roma se conquistó en un día ni aprendiste a caminar con soltura en dos. Ni en tres.
No bajes la guardia; de lo contrario, acabarás aceptando la mediocridad como baremo y te perderás algo increíble: la satisfacción de alcanzar lo que consigues por tus propios medios… en cuanto te empeñas.
Quédate con esta palabrita: resiliencia. Sirve para tomarse los errores como algo no solo normal sino necesario. Y sirve también para todo proceso de aprendizaje.
Propina 2
Recuerda: cada noticia pretende levantarnos del sillón, aunque nos va pillando poco impresionables, más cómodos, más dormidos. «¿Será verdad tanta desgracia?», nos preguntamos.
Lo que será verdad es que nos encontremos tú y yo y hablemos; que estés tú detrás de tu manuscrito y yo lo celebre, que debatamos si era esto lo que querías decir o si era esto otro; y será verdad que tratemos de si cierta escena vale más que otra, que nos ciñamos a la única verdad que podemos compartir.
Propina 3
Ojo, no desdeño la potencia de la IA, tan asombrosa que no me extrañan las alarmas sobre si acabará sacándonos del tablero a nosotros. Y ojo con sus alucinaciones, que ocurrencias no, pero flipadas...
Solo pretendo avisar a escribidores y a sus parientes próximos: ¿permitiréis que la IA os suplante?
En cuanto a ti, ¿lo permitirás? Hazme caso: encomienda tu manuscrito al profesional humano.
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